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Este fin de semana acudí al canto de la sirena de la Feria del Bebé.

Como nueva mamá, pensé que sería una salída que me permitiría ver los productos que ofrecen las distintas casas fabricantes de chécheres de bebé y llevarme a casa una que otra muestra para probar cosillas nuevas para Daniel, sin embargo, la realidad que encontré fue muy distinta.

Primero, cualquiera pensaría que al tratarse de una feria sobre bebés, sería un lugar amigable para mujeres embarazadas o con bebés, pero no solo el lugar estaba atestado de gente, sino que cada stand competía a ver cuál era el más escandaloso.

Al principio Daniel alzaba su cabecita para ver a su alrededor, pero el ruido y la aglomeración era tal que le dio hipo, supongo que del susto. Tratamos de solucionarle el hipo con una botellita, pero sin éxito, por lo que decidimos buscar alguna esquinita para sentarnos y poder dar pecho, que es lo único que le ha funcionado a mi hijo en estos casos.

Esto me lleva de vuelta al hecho de que se supone que la audiencia meta de esta feria son futuras mamás o mamás con bebés (disculpen si esto se vuelve redundante), pero el recinto carecía de lugares, de preferencia al menos medianamente tranquilos para sentarse a descansar un ratito o a darle pecho o botella a un bebé.

Las opciones se limitaban a las escaleras, un par de butacas en el stand de Pampers y una triste silla reclinable en el stand de La Liga de La Leche.

Según Tomás, toda la feria era una trampa para mamás y hombres solteros (por las azafatas), y nuestra pequeña familia no pudo por mucho rato más con el escándalo de la feria.

Ya íbamos de salida cuando me topé con una de las chicas de Expo Eventos, a quienes conosco por cosas de trabajo, y aproveché para darles mi lista de recomendaciones para el próximo año, aunque la verdad no creo que vaya… lo único es que los productos te los ofrecen supuestamente más baratos que en los almacenes, pero solo un 20% y hay charlas para padres, pero son las mismas charlas que ofrece la gente de Pigeon, que además de ser gratuitas, no tienes que pelear con la turba de gente.

Mamás: todo se ve novedoso y bello y brillante… ¡cuidado!

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El sexo vende…

En especial cuando es GRATIS

Anuncio publicado en Crítica del domingo 3 de octubre de 2010.

Nunca he sido fanática de las posturas de la iglesia católica, pero si hay algo que como profesional de la comunicación debo reconocerles, es el hecho que los condenados saben mover masas… a fin de cuentas, no sólo se trata de una institución religiosa, sino de una de las fuerzas sociales y políticas más poderosas del planeta. Ni siquiera la ONU tiene tanto poder.

Un ejemplo más familiar de esto es la Campaña de Promoción Arquidiosesana, que este año cumple 35 años, y desde que tengo uso de razón, se mueve con el slogan “Cristiano, la iglesia eres tú”.

Como parte de su campaña para el 2010, me encuentro con que, además de la latita para meter la platita, están repartiendo también de esas tarjetitas que dicen “En esta casa somos católicos”.

Hace años en Chiriquí, recuerdo haber visto en una puerta un letrero de estos pero mucho menos atractivo, que ahora no recuerdo si era en casa de mi abuela o de alguna tía, el cual decía “En esta casa somos católicos. Por favor, respete nuestra fe”.

Más que un llamado a la unidad, estos letreros parecieran tener el propósito de ser puestas en la puerta como advertencia para todo mormón o testigo de Jehová que ingenuamente te toquen el timbre un domingo buscando hablarte de salvación, casi como esos letreros que dicen “CUIDADO CON EL PERRO”.

Aunque honestamente, más de una vez me he visto tentada a decir que soy judía solo para que me dejen seguir durmiendo, esta exclusión hacia otros cristianos debería ser lo último que la iglesia católica busque, tomando en cuenta que es mucho más común ver que alguien se vaya de la católica a otra iglesia o deje de congregarse del todo. Además, cualquiera que opte por llamarse católico debería sentirse ofendido por esta práctica.

“En esta casa somos católicos. Por eso, eres bienvenido, creas en lo que creas.”

 

De pescao y gallinas finas

La siguiente foto, la tomé hace ya un mes en Tumba Muerto, camino a mi casa. Esta valla fue colocada a inicios de cuaresma y no mucho después que salieran en televisión unas tomas del mercado de marisco que honestamente prefiero no recordar.

Vi otra similar por Vía España, casi llegando a la 12 de Octubre, solo que esta hablaba de corvina y ceviche… yum!!

Independendientemente de las circunstancias, es una valla que vale la pena detenerse a mirar. No solo es estéticamente bonita, sino que es un diseño sencillo y el mensaje es chistoso y fácil de digerir: compra tu pescado en el mercado.

Parte de mi trabajo es escribir copy para anuncios impresos y la verdad puedo ser un tanto quisquillosa a la hora de opinar sobre campañas que veo por ahí, y sin remilgos me atrevo a decir que esta es uno de los anuncios más chéveres que he visto en mucho tiempo. Jamás se me hubiese ocurrido que lo más seguro, fue financiado por el gobierno.

Esta semana, también de regreso a casa, me topé con esta belleza colgada de la sede del Ministerio de Desarrollo Social en Plaza Edison.

La campaña anterior contra el maltrato hacia la mujer mostraba a distintas caras de televisión vestidas de negro y moretones maquillados en la cara diciendo “Si le pegas a una, nos pegas a todas”.

La pauta en televisión de esta campaña no duró mucho, pero por largo tiempo me tocó quedar varada en el tranque matutino junto a Susan Elizabeth Castillo con sus moretones y su respectiva cara de sufrida.

El trabajo de maquillaje para esto fue espectacular (tanto así que daban ganas de hurgarles la herida a ver si saltaban), pero creo que la campaña en general hubiese tenido algo más de impacto sin tanto dramatismo y sin los ademanes de novela mexicana con los que salió Rosanna Uribe.

Ahora nos regalan: De todos los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo.

Esta campaña es impulsada por el gobierno de España, tiene en su website www.maltratozero.com más de 2,000 videos repitiendo este enunciado. Después de todo, quién mejor que la Gallina Fina para ser la cara de esta campaña en Panamá. Que Shakira ni que nada. Sooooooooooooooooooooooooooo.

 

BTL político

Puedes deducir que en este país la situación está realmente dura cuando ves que hay muchachitas que aceptan pasearse en los semáforos con microcamisitas y microshorcitos (por favor, noten mi intención al usar el prefijo “micro” delante de un sustantivo que representa a una prenda de vestir que de por si es pequeña), gente repartiendo volantes en zancos o grupos bastante considerables que salen a ondear banderas y cantar consignas de algún partido político.

Estas iniciativas, llamadas actividades below-the-line, o BTL son vendidas como “más impactantes” que la publicidad tradicional, pero en mi experiencia puedo decir que vivo más cómodamente sin ellas.

Mi primera experiencia con estos últimos fue durante las primarias del PRD, cuando Juan Carlos Navarro utilizó estos para su campaña.

Recuerdo que una mañana camino al trabajo, uno de estos muchachos con sus banderotas casi le pega a mi carrito en la intersección de Tumba Muerto con la vía a Cerro Patacón. Estaba yo tan alterada por lo pudo ocurrirle a mi auto (y posiblemente a mi persona) que contemplé la posibilidad de lanzarme al quinto piso del edificio donde trabajaba en ese entonces y gritarle cuatro vainasos a la esposa del ahora candidato a vice…

Ya estaba harta de esa campaña: todas las mañanas era la misma sozobra de que si le pegaban a mi carro o que si accidentalmente atropellaba a alguien por estar esquivando banderazos. Al menos sabía donde ir a reclamar.

Hoy, de regreso a mi casa, me encontré con un cuadro similar en el semáforo del McDonald’s de El Dorado. Voy tranquilamente manejando y cuando menos acuerdo, marejadas de gente con banderas del PRD se acercan a mi carro, amenazando con pegar calcomanías que decían “Balbina” en enormes letras rojas.

Si no fui lo suficientemente evidente durante las primarias, con todo y que tenía a todo el clan Campagnani peligrosamente cerca, lo voy a decir de nuevo:

No, no estoy en ningún partido político. Tampoco me interesa estarlo.

No, no veo por qué debería yo identificar mi carro con tu campaña. O sea, ni siquiea me estás pagando.

No, no lo voy a pensar antes de echarte mi carro si te atreves a colocarle una de esas calcomanías que llevas en la mano.