Category: cultura


Desde que Napo estaba pequeñito empecé, a medida que las iba encontrando, a comprar movies para verlas con él. Los pitufos, The Goonies, 101 Dálmatas, Pinocho… poco a poco fueron encontrando espacio en nuestra repisa.
Ahora que tiene casi tres años y entiende bastante, he logrado que vea algunas conmigo.
Hace poco vimos Dumbo. Napo quedó encantado con los trenes y los animales mientras yo lloraba como estúpida con todos los subtemas que iba descubriendo después de años de no verla… que si se burlaban de Dumbo por las orejas, los bochinches de las elefantas solteronas, cómo alejaron a Dumbo de su mami solo por defenderlo… y no hablemos de cómo el que trataran mal a los animales de circo era un hecho más.
Con todo eso, hay una serie de lecciones de vida valiosísimas y cautionary tales que no puedes pasar por alto.
Algo similar pasó cuando vimos La espada en la piedra.
Estaba yo acurrucada con Napo en el sofá y uno a uno me fueron cayendo los cuaritas cuando Merlín le hablaba a un Arturo enclenque, futuro rey de Inglaterra, sobre cómo debía ejercitar su cerebro y no sus músculos, esforzarse en sus estudios, ser noble and all jazz. Incluso, me llamó la atención un comentario pícaro sobre las pelirrojas que si parpadeas, te lo pierdes.
En contraste, y esto es un hecho generalmente aceptado, desde muy niñas nos dejamos meter con cuchara la noción de que todo se resuelve con la llegada del Prince Charmin.
Hay excepciones notables como Bella, Mulan, Rapunzel y la pelirroja de Valiente. Pero inevitablemente, por más que hayan desafiado al status quo, todas quedan empatadas, como que esa fuera la meta.
Hablamos hasta el cansancio de cómo las movies de Disney han moldeado las expectativas románticas de nuestra generación y de la generación previa a la nuestra, pero fallamos en ver lo bien que se han preocupado, así sea inconcientemente, de plantar y reforzar mensajes de fuerza y liderazgo en aquellas historias con protagonista masculino. Y esto lo hacen sin falla… empezando con El Rey León, que es una adaptación de Hamlet.
Si bien recordaba haber visto esas escenas clave en las películas en cuestión, por ejemplo, la borrachera accidental de Dumbo, con los elefantes psicoldélicos bailándole con la musiquita tétrica, o Pinocho con náuseas por estar fumando con los niños mal, no había caído en cuenta de lo fuerte que pueden calar esos mensajes en una mente joven.
Pareciera hasta casi sistemático cómo los elaboran y seleccionan: las nenas a casarase y los niños a conquistar el mundo.
Si tan solo tomáramos el mismo cuidado con los mensajes que presentamos a nuestras niñas…

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Hoy anunciaron oficialmente la muerte de Hugo Chávez Frías.
Digo “anunciaron” porque realmente no sabemos a ciencia cierta si fue que falleció hoy, o en diciembre como dice Willie Cochez.
La cosa es que gústele a quien le guste (no hay forma bonita de poner esto): pasó lo que tenía que pasar. Hugo Chávez era una persona, un ser humano, a carbon based life form, así que eventualmente iba a morir.
No digo que su vida o su muerte no sean eventos trascendentes y sí, se trata de alguien que fue hijo, esposo, padre, amigo y posiblemente hermano de alguien que muy seguramente hoy lo llora, pero me pregunto si realmente se merece la retrahila de halagos y lamentos que mandatarios y líderes ahora le profesan.
Si me preguntan, y hablo en base a las consecuencias del éxodo venezolano hacia Panamá y conversaciones con estos expatriados, solo podría deducir que Chávez se dedicó a hacer caridad con el bolsillo ajeno, ganándose a las clases populares con programas de altísimo interés social al tiempo que expropiaba y ahuyentaba la inversión privada y hacía insostenible la vida para la clase media de su país.
Hoy vemos una nación hermana dividida en la alegría y la incertidumbre, y los resultados de estos sucesos ya resuenan en Panamá.
No dudo que Chávez cambió muchas vidas, pero ya quedará a la historia juzgarlo.

Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi trabajo, tal vez la más importante, es a vivir una cultura de seguridad.
Hacer tu trabajo de forma segura no se trata de hacer las cosas de cierta manera porque así lo manda la empresa. Se trata de que estés consciente de que de eso depende que regreses a casa después de la jornada y que puedas transmitir esa conciencia a tus seres queridos e inclusive a extraños.
Recuerdo que al poco tiempo de haber empezado en esta empresa, hace casi cuatro años, nuestra gerencia de seguridad realizó un simulacro de evacuación en coordinación con el Benemérito Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Panamá (porque así se llaman). En esa ocasión éramos solo los de mi trabajo, quienes ocupábamos tres pisos de los veintitantos que tiene el edificio donde laboramos y creo que no llegábamos a las 70 personas.
Cada año también se realizan capacitaciones en primeros auxilios y extinción de incendios para todo el personal, los cuales son certificados por la Cruz Roja Panameña y los beneméritos señores. El que haya tomado la capacitación es elegible para ser designado como brigadista.
Estos planes son exigidos por nuestro sistema de gestión integrado, el cual está certificado por ISO 14001 y OHSAS 18001, normas de ambiente y seguridad/salud ocupacional respectivamente.
Me comentan que se invitaba a otras empresas a participar de los simulacros, pero de cuatro que respondían, tres aceptaban y al final éramos solo nosotros.
Eventualmente, nuestro gerente de seguridad encontró algún fundamento legal que obligaba a edificios con bancos a realizar simulacros de emergencias (con eso de que son blanco fácil o algo así) y la administración del edificio se puso las pilas para contratar una consultoría para el diseño de un plan de emergencias y coordinar evacuaciones con todo el edificio.
En este tiempo hemos tenido un par de evacuaciones programadas, al igual que una que otra falsa alarma, incluyendo una en la que me tocó bajar con todo y una barriga de cinco meses.
Cuando suena la alarma, la instrucción es salir tal y como estés (nada de regresarse por carteas o celulares) y bajar de forma rápida y segura y dejando camino abierto para que los bomberos puedan hacer su trabajo.
Aun con estas indicaciones impartidas ya a todo el edificio, aun me encuentro con gente que se regresa a sus oficinas, que baja las escaleras hablando por celular o que se recuestan a la pared para chatear. Algunos incluso nos hacen burla cuando los brigadistas vamos dando instrucciones para que aceleren el paso y podamos salir de esto más pronto.
Todas estas acciones entorpecen el ejercicio y estoy segura que esas personas que lo toman de chiste son aquellas que en caso de una emergencia real entrarán en pánico y muy posiblemente empeoren la situación.
Hay quien diría que es como cuando Juanito gritaba “¡viene el lobo!” solo para llamar la atención y cuando fue verdad nadie le hizo caso. Sin embargo, no es como ya no hubiéramos tenido que evacuar por situaciones reales e inminentes, por ejemplo, cuando explotó el tanque de gas de Sushi Express de área bancaria, que nuestro edificio se remeció y se activaron las alarmas. ¿O es que ya nadie se acuerda?
Yo lo único que se es que tengo un hijo por quien regresar a casa.

I
La iglesia estaba más llena de lo que recuerdo haberla visto, aunque dice mi hermana que esto es normal para la misa de las 7 p.m.
Aun antes de iniciar el servicio, la gente hacía fila frente al altar. Luego explicaría el cura que se trataba de una reliquia de Juan Pablo II y cómo venerarla.
Entiendo que venerar (no adorar) santos es algo muy propio de la iglesia católica, pero es algo que no comparto.
Esta es gente que caminó la tierra, igual que uno y si bien sus vidas pueden ser ejemplo de bondad, coraje, humildad, whatever, no creo que hayan poderes sobrenaturales asociados a ellos, sus imágenes, escapularios ni nada de esto.
Ahora, esto de hacer fila para besar un relicario el cual contiene algo extraido de un cadáver me parece un tanto morboso. Y para rematar las iglesias se lo turnan para exhibirlo.

II
Teníamos a Daniel con nosotros, así que nos sentamos en una de las filas de atrás, junto a la puerta, en caso de que se pusiera inquieto y necesitáramos una salida rápida. Daniel para variar quería pararse, caminar, aplaudir, reir. A fin de cuentas, es un bebé.
En la fila frente a la nuestra había una señora mayor y tenía la sensación de que nos estaba mirando con cara de tuco, pero preferí no prestarle atención.
Mientras tanto, evitábamos los adorables exabruptos de mi hijo a punta de galletas.
Nos salimos un ratito antes de que se acabara la misa.
“¿Viste a la señora de en frente? Nos estaba mirando feo”, me dijo Tomás.
Yo no había querido decir nada, no fuera que yo estuviera imaginando cosas.
Esta señora estaba sentada con una pareja que traia con ellos una nena de no más de seis meses. La bebé no hacía mucho ruido, pero la mamá salió un par de veces para calmarla.
¿Qué hace pensar a esta señora que la niña no iba a crecer y sus padres no tendrían que recurrir a tácticas similares a las nuestras de aquí a un par de meses?
Y eso que yo siento que mi hijo se portó bastante bien.
Si fuera por miradas casi asesinas como las de esta señora, nadie con niños pequeños iría a misa.
Esto no es Estados Unidos donde las iglesias tienen áreas especiales donde puedes ir con tus niños sin molestar a otros, ni tienen facilidades para que duerman la siesta ni cambiar pañales, así que uno como padre hace lo que puede.
En algún lado de Mateo dice “Los que son como niños entrarán al reino de Dios”. Que no se nos olvide.

III
Luego de que la manada de gente salió de la iglesia, Tomás y yo volvimos a entrar para buscar al cura para consultarle sobre el bautizo de Daniel.
Había una niña con su mamá por delante de nosotros. Esta agarra la Semilla, el papel que dan en las misas con las lecturas del día, y se lo da al cura para que lo firme.
Cuando estás haciendo la catequesis para primera comunión es requerido que vayas a misa y te piden evidencia de ello, pero ¿acaso desconfían tanto de los chiquillos ahora que también deban llevar el papel firmado?
Creo yo que más importante que vayan y regresen con evidencia, es que los chicos entiendan lo que dijo el cura en la homilía y cómo esto hace clic con sus vidas.

El entremés
En ese rato que estuvimos afuera Tomás me comentó que cuando pasaron la canasta de la ofrenda, un señor echó un billete de $5 y sacó vuelto.
Nos pareció algo gracioso, pero de muy mal gusto al mismo tiempo.
Soy de la opinión de que si estás en una situación de esas en que $5 es todo el efectivo que cargas, o los das sin remilgos, o simplemente no des, y si quieres, da un poquito más a la siguiente.
El que da, lo hace de corazón y de forma voluntaria. Así como la viuda de las moneditas de cobre.
Hay gente que le he escuchado que eso de sacar vuelto de la canasta de la ofrenda es normal, pero, hey, acababan de pagar quincena Y décimo.
Cuando Dios te da, lo hace sin restricciones y no te pide vuelto.

La Cuaresma se fue tan rápido como llegó.
No noté su inicio por el fallecimiento de mi abuelo, el jueves justo antes de carnavales… aunque tampoco era como si tuviera pensado irme a culequear. Pensándolo bien, creo que los últimos carnavales que celebré propiamente fueron los del 2008, que me fui con mi familia a Chitré y cumplí mi sueño de treparme en un carro cisterna.
Ahora, llegó Viernes Santo y ni guardé ni hice sacrificio de ninguna clase durante estos 40 días.
Para Cuaresma mi abuela hace bacalao con papas y me lo como, no porque esté guardando, sino porque es delicioso.
Verán, el no comer carne me es indiferente, por lo que no me representa sacrificio alguno. En contraste, comer pescado o marisco representa un gran placer, por lo tanto, durante Cuaresma yo simplemente como lo que haya. Algo similar pasa con una compañera de trabajo que es alérgica a los mariscos y le toca buscar alternativas para su sacrificio.
Ahora, en lo personal me parece un tanto de mal gusto toparme con comerciales como el de Wendy’s promocionando su sandwich de pescado, el cual solo se ofrece para esta época, como si fuera el super platillo gourmet y echando al traste el propósito de tan desagradable invención (aquí es donde me toca aclarar que cuando era niña me intoxiqué con un emparedado de filete de pescado de McDonald’s y nunca más me vuelto a mirar uno).
Hoy que veníamos de vuelta a casa, Tomás preguntó si quería pasar por un Subway de tuna ya que “estábamos guardando”. Digo, si era por tuna, yo misma podía hacer un par de emparedados y listo.
Una vez en casa, mientras nos preparaba algo de comer, mi suegra sale con su retrahila de que hoy no se puede comer carne, que Tomás no puede comer carne, que debía comer tuna porque a el no le gusta la tuna.
Traté de explicarle que a mi la verdad guardar, en la forma de comer mariscos o pescado en vez de carne no cumple ningún propósito. Entonces la mujer me sale con una de sus joyas, algo así como “nosotros no somos de tu cultura”… Mínimo, en casa de mi mamá comemos culebra y adoramos a la luna en cueros.
Si supiera ella el sacrificio que estaba haciendo al no responderle de vuelta, a ver si así sigue jodiendo.
A la final, es cada loco con su cuento. Por cierto, Tomás come tuna como cualquier michirringo.

Hace unos días escuché a mi suegra afanada, llamando a una comadre. Estaban anunciando en la tele que unas 20 universidades de Estados Unidos estarían en Panamá dando becas. Solo había que apersonarse a un hotel de la localidad con algunos documentos y listo.
Le dije que eso no podía ser tan sencillo, además que ella es educadora y debería saber que estos procesos son largos y complejos, pero la señora estaba tan emocionada que no quise bajarle el trip.
Un par de días después estaba el artículo enorme en La Estrella titulado “No eran becas, era promoción”.
El artículo relataba la crónica de padres y estudiantes que fueron esperanzados por una oportunidad y se sintieron engañados ya que no se trataba de una feria de becas, sino de instituciones que venían a promocionar su oferta académica. Algunos, incluso formaron su escándalo en el hotel donde se les había convocado, lo que entiendo debe haber sido una experiencia muy incómoda, en especial con la gente vociferando que eso era una burla de los Estados Unidos a los panameños, según narra la nota del periodista Edgar Enrique Figueroa.
Esto también me lo confirma mi suegra, cuyo hermano fue con el hijo a esta desdichada feria.
En mi experiencia, esta decepción masiva fue el resultado de la convergencia de una serie de factores desafortunados.
Por un lado, tenemos los esfuerzos de comunicación masivos, muy entusiastas y con mensajes poco claros por parte de los organizadores, evidente tanto en la orejita que vi en Crítica, así como en las entrevistas que dieron en TVN, Telemetro y SERTV, en las que se creó una expectativa por algo que posiblemente solo era cierto en parte.
He ido a estas ferias y lo más generoso que podrías encontrar es una beca del 50% y opciones de pasantías para financiar parte del resto.
Del otro lado, tenemos lo que no sé si es desconocimiento o ingenuidad (o ambas) de pensar que un proceso de reclutamiento y selección de estudiantes es tan fácil así como para que solo necesites presentarte y en un día salgas con beca en mano.
Ahora, hubo algo en el artículo que me dejó desconcertada: la aparición repetida y destacada del concepto “becas gratis”.
Quiero pensar que fue un error de edición por parte del periódico, y que en realidad se referían a que esperaban becas completas, en lugar de becas parciales, como fue el caso de esta feria. Aun así, hay algo que debo sacarme del alma.
Señores padres de familia, acudientes y estudiantes:
No existe tal cosa como “becas gratis”.
Para empezar, algún mérito debes tener para la posibilidad de ganártela y debes competir por ella. Además, de por sí el que recibas una beca implica que estás recibiendo dinero para tus estudios o que estás exento del pago total o parcial de tu colegiatura, por tanto lo de “gratuito” es redundante. Esto, sin embargo, de ninguna manera implica la ausencia de un compromiso por parte del estudiante que se beneficiaría de la beca.
Aun con las becas que ofrece el Programa Internacional de Becas Walton, del cual soy exalumna y ahora reclutadora, este exige que realices 20 horas mensuales de servicio social durante tus dos últimos años como estudiante y que regreses a tu país al cabo de los cuatro años que dura la carrera (aye, there’s the rub).
Si bien es cierto que esta última condición implica que el estudiante no tendría la opción de aspirar a oportunidades de trabajo en Estados Unidos una vez tenga el título, este es un compromiso realmente insignificante si tomamos en cuenta que hablamos de una beca completa que inclusive costea los impuestos generados por recibir este beneficio.
Hay veces que siento que los muchachos no tienen la madurez suficiente como para asumir el compromiso de postularse para un programa como este.
¿Les conté de la chica que tenía promedio de 2.8 y me llamó llorando porque no fue convocada para entrevista?
¿Y del chico que habló feo de sus padres, aun cuando fue su mamá quien nos trajo sus documentos, en bus desde Tocumen?
Ganarse una beca no es fácil. Merecerla no es suficiente.

Me acuerdo clarito qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001: Estaba en 5to año y teníamos una excursión con el colegio a las oficinas de la Autoridad de la Región Interoceánica, la cual en ese entonces administraba lo que en ese tiempo aun llamábamos “área revertida”.

Íbamos llegando al edificio y decían en la radio que un avión había explotado, pero con toda la algarabía, creo que solo los profesores estaban prestando algo de atención. Lo más seguro era un accidente aéreo…

Nos desconectamos de todo durante la gira. Después, era que un avión se había estrellado. Cuando llegamos al colegio, estaba la gente pegada a la tele de la biblioteca, viendo algo que parecía sacado de una película: aviones estrellándose contra un edificio, llamas y gente saltando.

Hoy, 10 años después, encuentras anuncios de seguridad reforzada en los aeropuertos de Estados Unidos, reportes de posibles bombas en Washington, y por supuesto, especiales y documentales sobre la tragedia en cuanto canal te puedas imaginar, que ni aun teniendo cable te salvas, a menos que quieras ver cómicas… Igual, mi hijo no me deja otra opción.

Aquí es cuando entran los tweets: revista Time, Naciones Unidas, la Casa Blanca, diarios y periodistas hablando de reportajes especiales, conmemoraciones y cómo los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron al mundo.

No ha faltado aquel que dijera que esta no es la única tragedia que ha cambiado al mundo, o qué tal con las víctimas de los gringos en otros lugares.

Pienso yo que cada quien le hará homenaje a sus caídos como mejor le parece. No nos olvidemos que en el World Trade Center murieron personas de unas 70 nacionalidades y eso es una de las tantas cosas que hacen que los hechos de aquel día sean tan relevantes fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

Entre los tantos tweets que han surgido el día de hoy, he visto un par bastante horribles, como si fuera que lo que pasó ese día fuera buscado y el resto del mundo tuviera razón para celebrar.

Ahora, tenía a penas 5 años cuando Estados Unidos invadió Panamá, en 1989 para sacar a Manuel Antonio Noriega (para mayor referencia: “20 años después“), y todavía no hay cuenta exacta de cuánta gente murió cuando bombardearon El Chorrillo para acabar con el cuartel central de las Fuerzas de Defensa. La cosa es que se llevaron a Noriega y mi país va a cumplir 22 años de democracia.

Recuerdo también que para ir al Causeway, tenías que pasar por una garita donde un MP gringo inspeccionaba el carro. Eso era pasando el antiguo YMCA, antes de girar a donde queda ahora un Friday’s. En ese entonces aun éramos turistas en nuestro propio territorio. Tampoco era que aceptábamos eso tan alegremente, sino, averiguen por qué es que conmemoramos cada 9 de enero como día de duelo nacional.

Ahora comprendo que eso nos queda de lección a los panameños por haber dejado a un extranjero negociar nuestra soberanía y dejarnos vender el alma con el tratado Hay-Buneau Varilla, pero me desvío como siempre.

Sí, es cierto que Estados Unidos ha estado metido en cuanto conflicto armado se nos pueda ocurrir, y no los defiendo por eso, pero que no se nos olvide el cuento completo: en Panamá, Noriega declaró la guerra, en la II Guerra Mundial, todo estaba tranquilo hasta que les bombardearon Pearl Harbor…

Y que la guerra que hay en Afganistán es producto de un ataque no provocado en tiempos de (supuesta) paz… y fuera de las acciones militaries, no conocemos realmente cómo esta guerra ha cambiado la vida de cientos de miles de personas.

En el tiempo que fuí estudiante en Arkansas, cuatro años, conocí la historia de una muchacha, que para poder asumir la custodia de su hermanita luego de la muerte de su mamá, se enlistó en la Guardia Nacional para poder tener un ingreso fijo. Luego de eso, estalló la guerra. Otra compañera, lloraba cuando a su papá lo mandaban a Kuwait, sin ninguna certeza de volverlo a ver, y un amigo también, que me contaba las historias de un amigo suyo, militar, que contaba la horrible experiencia de tener que decidir si dispararle a una niña, o dejar que esta llegara a una escuela con la bomba que tenía atada.

Estoy segura que ninguno de ellos quiso pasar por eso.

En esa época, pude aprender sobre la historia de los Estados Unidos y conocer a su gente, y no son tan diferentes a nosotros, a pesar de los grandes contrastes que podemos encontrar entre su historia y la nuestra.

Hablo de gente noble, cálida y emprendedora, con una cultura de trabajo; gente que forjó un país huyendo de persecusiones religiosas, hambruna y esclavitud, y con eso no quito que cosas horribles hayan pasado durante la conquista del Oeste. América Latina, en cambio, fue colonizada por criminales y otra gente prescindible a la que montaban en los barcos de los exploradores porque a nadie le importaba si se hundían, y vinieron fue a robar y violar.

Y hay cosas que no cambian. Si hay algo que tengo claro, es que allá educan a la gente para emprender negocios, acá, para que trabajes para alguien más, entre tantas otras cosas que puedo mencionar.

Hablamos mal de todo un pueblo, basándonos en estereotipos ficticios y absurdos que vemos en la tele y en el cine, pero no admitimos que desayunamos Zukaritas, salimos a correr con un par de Nikes mientras le chateamos al amigo desde un iPhone.,.

He dicho.

Soy comunicadora de profesión. No estoy segura cómo hallé ahí mi vocación, a pesar de que cuando era niña, me ponía la bata de mi mamá y decía que cuando fuera grande, quería ser “La Licenciada Lezcano”, como mi mamá.

Mi mamá, quien es farmacéutica, trabajó por 17 años en la Caja de Seguro Social y yo prácticamente me crié detrás del mostrador de la farmacia del Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid. Es más, a principios de este año, que fui por primera vez en calidad de cooperativista a una asamblea de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Acción Nueva, R.L. (la cooperativa de los farmacéuticos), me salió una ex compañera de trabajo de mi mamá diciendo “Ay! ¡Pero si tu eres la niña de Zaida! Yo soy Cleotilde, la que te paseaba por el hospital en una cajeta. ¿Te acuerdas?”

Debo añadir también que desde que tengo memoria, ha sido (y todavía es) parte de mis deberes como hija mayor acompañar a mi mamá a lanzamientos de fármacos, exposiciones y seminarios.

A todo esto, mi mamá opta por ir a las charlas destinadas a los médicos, ya que las que hacen para los farmacéuticos también están abiertas para asistentes y personal de apoyo, por lo que considera que el contenido ofrecido en estas últimas es muy básico para lo que ella realmente necesita, así que a mi me ha tocado estar expuesta a este tipo de información.

Al haber echado este cuento, espero que eso me de algo de credibilidad para opinar sobre lo que dijo hoy el Dr. Xavier Sáez-Llorens en su árticulo de hoy en La Prensa (se los comparto abajo).

Una de las citas que más causó furor entre los que lo leyeron (y eso que a penas son las 10 a.m.) fue “considero que la crisis sobre infecciones nosocomiales fue provocada por los medios”. Mi humilde opinión, es que esta afirmación no es del todo exagerada.

A mis casi 27 años, ya he estado en casi todas las posiciones de trabajo disponibles en este país para un comunicador: como periodista, en agencia de comunicación corporativa, y como cliente en una empresa. Esto me califica para decir que en este país, los periodistas de ciertos medios no cuentan con capacitación suficiente para poder abarcar con propiedad temas críticos para la vida ciudadana como economía, mercado eléctrico y salud pública.

Tanto así es, que me he topado con el hecho de que en ciertos medios, los que cubren temas de finanzas son personas formadas como economistas, no como periodistas, como es el caso de Luz Ettrick, quien hace un excelete trabajo. Me he encontrado también periodistas como Jessica Tasón, Alma Solís, Dionisio Guerra y Kerem Pérez, a quienes les apasiona su trabajo y buscan la mejor forma de hacer un periodismo íntegro y responsable. Así mismo, también he encontrado periodistas que no saben que una hidroeléctrica funciona con agua, lo que se supone debieron haber aprendido en algún punto de su educación primaria, o escriben sobre “Barbie en el Lago Swan”, cuando en realidad se trata de “El Lago de los Cisnes”, una de las magnas obras del repertorio de ballet clásico (tristemente, no lo estoy inventando y me reservo sus nombres para proteger al inocente).

Ahora, volviendo al tema de la llamada bacteria asesina, sí creo que la crisis se ha exacerbado por la falta de conocimiento sobre este tema y que los $5,000 que dicen que le están pagando al asesor de comunicación del la CSS, me parecen muy poco para arreglar este soberano arroz con mango.

Hablan de pacientes muertos infectados por la bacteria, pero no han dicho con claridad si los pacientes en efecto murieron por la bacteria, o por la dolencia que originalmente los llevó al hospital. Hablan de trasladar a los pacientes “sanos” al hospital de la 24 de Diciembre, pero al parecer nadie toma en cuenta que muy posiblemente estos pacientes hospeden la bacteria en el estómago, como me dice mi mamá es muy posible. Por cierto, ella es miembro del comité de nosocomiales del hospital donde trabaja.

La labor de un periodista es informar. No hacer conjeturas ni echarle picante a un hecho para vender más periódicos o aumentar el rating.

Hablan de la bacteria como si fuera culpa del gobierno de turno, pero nadie se acuerda de que durante el gobierno anterior ocurrió la deblacle del diethylene glycol. El tema de la CSS es uno de arrastre de hace décadas y no podemos esperar que en 5 años un solo director pueda poner orden en toda una institución enferma.

Opinión

MANEJO INFORMATIVO

Periodistas y bacterias: Xavier Sáez-Llorens

Xavier Sáez-Llorens
 

¿Qué será peor para Panamá, un periodista desinformado y venenoso o una bacteria nosocomial y virulenta? No me atrevo a dar una respuesta categórica. Decía Jorge Ramos, en reciente escrito, que el oficio de un buen reportero se basa en su credibilidad porque, de lo contrario, son muchos los afectados por una irresponsable noticia. Debido a los desafortunados antecedentes del dietilene glycol, la CSS es ahora evaluada con lupa, buscando el mínimo desliz para destruir la reputación de su personal sanitario y administrativo. Pidiendo disculpas a los comunicadores honrados y objetivos, considero que la crisis sobre infecciones nosocomiales fue provocada por los medios. Entrevistar a gente con intereses, no a expertos, es sesgar la información a conveniencia. Deben, por tanto, entonar el mea culpa y asumir su suspicaz implicación. Los alborotos mediáticos son aprovechados por la izquierda radical, la oposición y los gremios para pescar en río revuelto. Si consultan a Comenenal, todo director es corrupto. Si interrogan a Mauro o Frenadeso, todo funcionario es homicida. Para un político profesional, esos epítetos no producen cosquillas, pero un individuo honesto los sufre en demasía. Hasta analistas políticos, ministros y diputados han proseguido la secuencia de rebuznos. Sugiero clausurar la facultad de medicina porque hasta el más iletrado se cree en capacidad de debatir sobre microbios. Me consta, mi hermano ha intentado sacar la política partidista, cambiar el pernicioso status quo patrocinado por gremialistas y eliminar el crónico clientelismo que drena recursos financieros de la institución. Por pisar callos de corrupción y no aceptar coimas, la consigna de fondo impresiona ser sacarlo a como dé lugar. Por eso es que las personas decentes no se arriesgan a participar en la vida pública. Pobre país.

Resumo nuevamente conceptos sobre infecciones nosocomiales. Aunque Billy me pidió encarecidamente no hacerlo para evitar malinterpretaciones, la docencia es una de mis pasiones. Como este tema es uno de mis favoritos en la especialidad, tengo varios artículos científicos en revistas de prestigio y dicto conferencias en eventos nacionales e internacionales. Escribí algo similar durante la administración anterior (ver edición del 4 de mayo 2008). Tal parece, no obstante, que a ciertos profesionales del micrófono no les gusta leer o no les interesa aprender. Ellos prefieren vivir del morbo e incrementar sus ratings, sin importar el pánico que genera su verborrea. Intuyo, por tanto, que el papel que plasma estas palabras será utilizado para la asepsia del introito rectal.

Diariamente, se adquieren infecciones en cualquier sanatorio del planeta. Cada año, 2–4 millones de pacientes (5% de todos los admitidos) desarrollan infecciones en hospitales estadounidenses (Clin Infect Dis 2007;45:S85) y fallecen casi 100 mil por causa directa o indirecta, cifra que representa la octava causa de muerte, por encima del cáncer de mama o los accidentes de tráfico. En nosocomios de Europa y América Latina, las tasas son 2–5 veces superiores (Am J Infect Control 2008; 36:627). Los comités de cada institución monitorizan el número de casos afectados y toman medidas para mantenerse dentro de las estadísticas esperadas. Cuando la cantidad de infectados supera lo habitual, se ejecutan estrategias más rigurosas. Idealmente, deben implementarse mecanismos para auditar y comprobar que las recomendaciones son cumplidas al pie de la letra. Los informes son presentados periódicamente a la Comisión Nacional del Minsa, ente rector de la salud nacional. Ningún hospital del mundo vierte esta sensitiva información a los medios. Las infecciones nosocomiales no se clasifican en la categoría de negligencia sino como iatrogenia, un evento adverso que ocurre como consecuencia del necesario acto médico y no conlleva sanción civil o penal.

Las bacterias multi resistentes son comunes en los hospitales. Los gérmenes más temibles son el Estafilococo, el Clostridium, el Acinetobacter y la Pseudomonas. Estos patógenos han causado problemas en instituciones locales, estatales y privadas. En centros pediátricos ocurren también brotes nosocomiales de infecciones virales (VRS, influenza, varicela), con morbilidad y letalidad asociada. A juzgar por el caos montado, deberíamos cerrar todos los establecimientos médicos y encarcelar a sus directores. La peligrosa Klebsiella pneumoniae productora de carbapenemasas (KPC) ha emergido en la última década. Este microorganismo ha causado infecciones masivas en Estados Unidos, Colombia, Brasil, Argentina, Israel y toda Europa, con altas cuotas de mortalidad. Es usualmente introducido en los nosocomios por pacientes portadores y, una vez allí, resulta muy difícil erradicarlo, reapareciendo con frecuencia, tiempo después, por la admisión de nuevos enfermos acarreadores.

Es absurdo pensar que a algún ser humano normal no le importe la gente que muere. Estas cuestiones, empero, deben resolverse internamente porque cuando se ventilan en público, se erosiona la tranquilidad y confianza del usuario en nuestros hospitales. Exhorto a directores de medios para detener ese amarillismo atroz y entrenar a sus subalternos en el campo de la comunicación sanitaria. Parafraseando a Julius Marx, “la televisión nacional es tan educativa que cuando alguien la enciende me mudo de habitación y leo un libro”.

Este lunes vi en CNN la entrevista que le hiciera en vivo Ismael Cala al ex vicepresidente y canciller, además de posible candidato a la presidencia en el 2014, Samuel Lewis Navarro.

No faltó un vivo que le dijera a Cala que le preguntara sobre el hecho de que Donald Trump fuese declarado persona no grata en Panamá, y por supuesto, ni cortos ni perezosos, hicieron leña del árbol caído.

Si bien es cierto que la forma en que Trump fraseó lo que dijo no fue nada diplomática, pero tampoco dijo ninguna mentira.
El que conoce la historia de Panamá, debe estar consciente de que a diferencia de otros países, nosotros no tuvimos que derramar sangre por nuestra independencia. Es más, el gobierno estadounidense le pagó a los colombianos una suma bastante generosa para la época con tal de que se quedaran tranquilos.
Además, la crítica fue para el gobierno de Jimmy Carter por haber dejado ir el canal, que ahora después de 11 años de administración panameña es una grandiosa fuente de ingresos y desarrollo. Si yo fuera gringa, también estuviera cabreada.
A pesar de que los gringos lucraron, nunca vieron el canal como una empresa, solo como un punto  estratégico para el tránsito de su flota, lo cual para ellos en ese entonces era más importante que el ingreso que el canal generaba, además que para la época en que se firmaron los tratados, eran tiempos de relativa paz.
En contraste, la ACP maneja el canal y otros activos como sus instalaciones recreativas y la venta de electricidad para generar ingresos, cosa que no se hacía durante la era de la administración de los Estados Unidos.
El tipo es comerciante, no político y metió la pata.  En realidad la lucha fue por el acceso de los panameños a la zona, no por el mismo canal. No deberíamos hablar sobre “reversión del canal”, sino de “reversión de la zona canalera”, puesto que  fueron ellos quienes construyeron el canal. En teoría, no pueden regresarnos algo que no fue nuestro en un principio. Hasta se podría decir que en vista de que tuvieron que salir de de la zona, no les quedó de otra que dejarnos el canal…
Yo la verdad pienso que se ha hecho demasiado barullo cuando hay criollos dicen atorrancias de mayor calibre, como el Confucio que teníamos en el consulado en Miami. Lastimosamente, mucha de la gente que estudia la carrera diplomática muchas veces los dejan añejándose como funcionarios y no los llevan ni a Churuquita Chiquita, solo porque no son hermanos o primos de alguien influyente, pero eso ya es harina de otro costal.
Ahora para rematar, Trump le dijo a Siria Miranda en una entrevista que eramos nosotros los que ahora le debemos una disculpa…

Ya bastante chiste hicimos con la pobre lechuza y Lucho Moreno. Yo inclusive puse un par de tweets diciéndole a una amiga que Hedwig le iba a dar de picotazos por no pasar una cadena de BlackBerry.

Ya sabemos que el tipo metió la pata (literalmente), y la está pagando bonito. Además, ahora con los carnavales, esto se ha vuelto una muestra más de que lo que el pueblo quiere es pan y circo, y estamos desviando nuestra atención de cosas realmente importantes.

Digo, nadie hizo revuelo porque derogaran la ley de minería, después de todo el desbarajuste que hicieron para lograrlo…

Habiendo dicho todo esto, comparto una nota que mi querido Tomás colgó en Facebook…

Miopía socio-política o estrabismo selectivo?

Me motiva escribir esta nota algunas experiencias que he estado viviendo esta última semana, y a las luces de la polémica del jugador panameño que patió un ave en un campo de juego a plena televisión nacional en el extranjero.

Con honestidad, y a riesgo de sonar insensible y que desmejore la opinión que muchos tienen de mi persona, pienso que se está haciendo DEMASIADO alboroto de un error humano.

¿Saben cúal siento que es el problema?  La falta de perdón y de tolerancia.

¿Pero que pasaría si todos nuestros errores fueran publicados en los medios?  Si cada una de nuestras faltas fuera exacerbada por una multitud enardecida que pidiera nuestras cabezas, saben qué me recuerda? Me recuerda una escena de una prostituta, una muchedumbre, y una voz que de entre la multitud, emitió lo que es hasta hoy una de las frases más célebres: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra…”

Si no me equivoco, todavía nadie la lanza… AH SI! los colombianos.

Cada uno de nosotros debe hacerse responsable de las consecuencias de nuestras acciones, y a él le tocará hacerse responsable de las acciones que cometió.  Pero es algo que deberá enfrentar él como persona.  Nadie debe ponerse en la posición de juzgar.

Personalmente no estoy de acuerdo con su actuar, mas no soy quien para condenarlo y llegar al extremo de decir que no merece vivir, como he leído en múltiples foros y chats en la web.

¿Pero qué puedo esperar de un pueblo que se asesina entre ellos mismos?  Recuerdo la muerte del defensa colombiano quien fue asesinado en su regreso al país cafetero por el autogol frente Estados Unidos, lo que le costó la eliminación al conjunto sudamericano en primera ronda.

¿Sabían que es una práctica común, cuando se hacen concursos de belleza en diferentes estados de colombia, el eliminar la competencia o las figuras favoritas del certamen con atentados de ácido sulfúrico a los rostros de las candidatas?

Pero yo no veo que el pueblo colombiano censure esas prácticas, y persiga a los agresores para llevarlos a la justicia.  ¿Y qué hablar del tráfico de mujeres de colombia a panamá?

¿Pero para qué señalar las faltas de la casa ajena, cuando aquí estamos manga por hombro?

Este año escolar empezó con escuelas poco o nada terminadas, con estudiantes con pocos o ningún recurso.  Maestros aferrándose a unas cuantas resmas de hojas blancas y unos cuantos lápices y crayones para poder enseñar.

A principios del mes de febrero hice un viaje de reconocimiento para una ruta de trillo por el valle.  Jamás hubiera imaginado encontrarme con los niveles de miseria que presencié.

Niños desnutridos, escuelas faltas de mantenimiento, poco o ningún recurso para los maestros.

Y yo no veo que de eso se haga noticia, o se divulgue y se hagan campañas para llevar ayuda a esas comunidades.  Y mucho menos veo que se solidaricen y se hagan recolectas.

Somos totalmente indiferentes a la realidad y al dolor nacional.  Y mientras el pueblo se distrae con una lechuza muerta, el gobierno se prepara para recortar los subsidios al consumo de 500 kwatts de energía eléctrica debido a la inminente alza descontrolada del petróleo, y quienes serán afectados, serán los hogares de pocos recursos.  ¿Y la atención del pueblo?  Esquiva, o indiferente.  O peor aún, no se han dado ni por enterado, pues la noticia del momento, es la lechuza.

Somos como somos, por eso nos merecemos lo que tenemos.  Volteamos la mirada a las problemáticas colectivas, porque no es nuestra incumbencia o porque no queremos la responsabilidad de vernos envueltos.  Así que simplemente volteamos la mirada.  Volteamos la mirada a los niños que caminan cinco kilómetros descalzos para poder llegar a un centro básico general.  Volteamos la mirada a las comunidades que no tienen como salir a comprar un cartón de leche.

Volteamos la mirada a la falta de apoyo a las comunidades de escasos recursos.  Y volteamos la mirada.

¿O será que somos viscos selectivos?

No nos sorprenda cuando Dios voltee su mirada de nosotros como pueblo…