Soy la insignia de los sinverguenzas, asesinos, violadores, corruptos, y timadores que tuvieron Panamá asediada.

Aquellos que me llevaban en su uniforme no conocen de tolerancia, respeto ni derechos. Esas palabras simplemente no están en su léxico.

Tal vez pensabas que me habías enterrado o que nunca regresaría del exilio con mi papá Tony.

Hace casi dos décadas me sacaron de aquí, pero poco a poco he ido resurgiendo. No te acuerdas, pero realmente nunca me fui. Si tu mismo elegiste a mi hermano Martín como líder de tu país.

Puede pienses que mi hermano sea el más débil de la camada, que es un grandísimo pusilánime que no sabe gobernar y agradeces que se le esté acabando el tiempo. Por si no te has dado cuenta, el muy sigilosamente ha ido plantando la semilla para que regrese.

Ahora tengo la libertad de pasearme a mi anchas y cruzar fronteras. Es más, ayer estuve en México, pavoneándome como nunca hubiera derramado ni una gotita de sangre.

¿No me crees? Pregúntale a mi hijo Daniel.