Nunca he sido fanática de las posturas de la iglesia católica, pero si hay algo que como profesional de la comunicación debo reconocerles, es el hecho que los condenados saben mover masas… a fin de cuentas, no sólo se trata de una institución religiosa, sino de una de las fuerzas sociales y políticas más poderosas del planeta. Ni siquiera la ONU tiene tanto poder.

Un ejemplo más familiar de esto es la Campaña de Promoción Arquidiosesana, que este año cumple 35 años, y desde que tengo uso de razón, se mueve con el slogan “Cristiano, la iglesia eres tú”.

Como parte de su campaña para el 2010, me encuentro con que, además de la latita para meter la platita, están repartiendo también de esas tarjetitas que dicen “En esta casa somos católicos”.

Hace años en Chiriquí, recuerdo haber visto en una puerta un letrero de estos pero mucho menos atractivo, que ahora no recuerdo si era en casa de mi abuela o de alguna tía, el cual decía “En esta casa somos católicos. Por favor, respete nuestra fe”.

Más que un llamado a la unidad, estos letreros parecieran tener el propósito de ser puestas en la puerta como advertencia para todo mormón o testigo de Jehová que ingenuamente te toquen el timbre un domingo buscando hablarte de salvación, casi como esos letreros que dicen “CUIDADO CON EL PERRO”.

Aunque honestamente, más de una vez me he visto tentada a decir que soy judía solo para que me dejen seguir durmiendo, esta exclusión hacia otros cristianos debería ser lo último que la iglesia católica busque, tomando en cuenta que es mucho más común ver que alguien se vaya de la católica a otra iglesia o deje de congregarse del todo. Además, cualquiera que opte por llamarse católico debería sentirse ofendido por esta práctica.

“En esta casa somos católicos. Por eso, eres bienvenido, creas en lo que creas.”

 

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