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El General

Algún día tenía que pasar, pero aun con sus 83 años encima y salud delicada, no deja de impactar la noticia de la muerte de Manuel Antonio Noriega.

Si bien su mando solo fue una fracción del total del régimen militar vivido en Panamá, los años bajo la bota de Noriega fueron los más oscuros de nuestra historia. No tenemos forma de adivinar qué tanto hubiese durado su dictadura de no haberlo sacado los gringos, pero me gustaría pensar que no fuese tanto que hoy estuviéramos en la situación de Venezuela, en la miseria y con la expectativa de quién sería el siguiente en usurpar el poder.

No me alegra su fallecimiento, sin embargo no dudo que habrá gente que hoy respira tranquila. Muy al contrario, me duele su muerte. Pero no me duele porque se trate de otro ser humano, sino por todos los secretos que se llevó a la tumba.

Murió Noriega y con él la oportunidad de muchísimas familias de cerrar un ciclo e incluso de hacer duelo. Han pasado 27 años de su derrocamiento y aun no sabemos realmente cuánta gente murió durante la invasión, dónde están los desaparecidos ni dónde quedó la cabeza de Hugo Spadafora. Ahora, dudo mucho que el sea el único en saber esto último, pero los otros que tal vez sepan, probablemente nunca hablarán.

Nunca pidió perdón ni al pueblo panameño ni a los deudos de aquellas personas que murieron durante su régimen, pero esto serviría de nada si nunca mostró arrepentimiento por sus acciones… ni genuino ni para las cámaras. Su arrepentimiento, asumiendo que lo haya tenido, tampoco le eximía de afrontar las consecuencias de sus acciones. Solo queda esperar que si no expió en esta tierra, que lo haga en otro lado.

Hace 20 años, el General Manuel Antonio Noriega, ex-hombre fuerte de Panamá, fue llevado a una prisión federal en Miami, en la cual sirvió, por buena conducta, solo 17 de los 30 años a los que fue condenado.

A pesar de que se le condenó por lavado de dinero y tráfico de drogas, Noriega mantuvo status de prisionero de guerra, lo que le permitía en su celda ciertas comodidades como televisión, fax y he escuchado por ahí que equipos para hacer ejercicio.

Lo que llegó el pasado 27 de abril a la prisión de La Santé, en París, en contraste, es un viejo decrépito, enfermo y según dicen las noticias, de torpe andar.

¿Que es un cuadro digno de lástima? Ya lo creo, pero pregúntenle si el sintió lástima, no por los muertos, desaparecidos y torturados de su régimen, sino por sus familiares.

Tomando ese último argumento en cuenta diría que habría que tener lástima por su familia, pero diría que por lo menos a su hija Sandra Noriega, no le fue tan mal, ya que durante el mandato de Martín Torrijos fue escogida como diputada para el Parlamento Centroamericano, ni a su hermana Thays, quien ingresó al servicio diplomático panameño durante el 2006,  también durante la administración de Torrijos. Se dice a pesar de haber obtenido el mayor puntaje en los exámenes de Cancillería, el proceso no se dio de forma transparente.

A todo esto, si los Noriega Sierio quedaron tan en la lama luego de que las propiedades del MAN fuesen confiscadas y congeladas, por lo menos debieron tener un buen colchón guardado para que Thays Noriega pudiese disfrutar de una educación que le permitiese prepararse para este cargo, tal como comparte Julio Yao: http://www.rodelu.net/yao/yao037.html

A pesar de las declaraciones que hiciese la familia de Heliodoro Portugal lamentando la extradición de Noriega a Francia, toca aceptar que, si bien las acusaciones que lo mantienen allá son solo por lavado de dinero, está cumpliendo un castigo más severo que el que recibiría de haber sido repatriado a suelo panameño, donde lo más probable sería un arresto domiciliario igualito al del Toro.

Según reportes de la prensa local, la actual administración no tiene apuros en traerlo a casa y por mi, la justicia francesa puede hacer con el lo que mejor le convenga.

Honestamente no es mucho lo que recuerdo específicamente del 20 de diciembre de 1989. Tenía solo 5 años, pero la acción de la época la vi casi desde butacas VIP.

De un lado, tenía la Universidad de Panamá y hasta mi casa llegaban los gases lacrimógenos cuando habían protestas. Recuerdo los pitufos, los doberman, los pañuelos blancos y a mis vecinos aporreando pailas (dice mi mamá que yo acompañaba aporreando potes de helado). Del otro lado, tenía los almacenes de Vía España, escenario del saqueo. Mi calle era ruta obligatoria para la gente de Curundú que hizo shopping ese diciembre cortesía de los gringos.

Tampoco es mucha la información disponible sobre este periodo en los libros de texto. Dicen que eso se debe a que muchos de los historiadores son nacionalistas y prefieren no narrar hechos que manchen la historia patria. Tal vez prefieran no recordar, o quieran evitar alguna clase de confrontación, como la que vi este jueves entre Maribel Cuervo de Paredes y Renato Pereira en el especial de Telemetro.

Aunque tampoco creo que sea tan fácil sacar el coraje de desenterrar esos muertos cuando la nueva democracia premia a los esbirros de Noriega con ministerios y curules, como es el caso de Benjamín Colamarco, Balbina Herrera, Pedro Miguel González y Daniel Delgado Diamante, por mencionar a algunos.

Al cumplirse 20 años de la caída de Noriega, los medios de comunicación y comentaristas de toda talla nos bombardean con su versión de los hechos.

Por ejemplo, La Estrella sacó una serie de 20 entregas diarias desde el 1 de diciembre titulada “La Caída”, por Guido Bilbao. La Prensa presenta opiniones contrastantes con los artículos de Betty Brannan Jaén (posiblemente civilista y anti-PRD) y Elda Maúd De León (quien elogia los logros del gobierno revolucionario y menosprecia el Panamá post-invasión), y El New York Times coloca el evento en su sección “On This Day” con todo y reproducciones de la portada de esa fecha disponible para su compra.

Basada en sus entrevistas para un video realizado para La Estrella online (http://www.laestrella.com.pa/mensual/2009/12/20/contenido/lacaida.asp), la periodista Yureth Paredes concluye en su locución que para los jóvenes de hoy, el diálogo hubiese sido clave para acabar con la dictadura de Noriega y que la invasión fue un hecho innecesario. Aparecen 5 entrevistados, de los cuales 4 dicen su edad. De estos cuatro, uno tiene mi edad, otra era una bebé y el otro ni siquiera había nacido para cuando ocurrió la invasión, por lo que realmente no califican (ni yo tampoco) para dar una opinión de peso sobre los hechos.

A falta de documentación y datos estadísticos de veracidad comprobada (todavía hoy no se sabe realmente cuánta gente murió en la invasión), la poca o nula información de los libros de historia, y la desaparición de los periódicos de esa época que mi tío guardaba, no me queda más recurso que lo que sale en los medios, o los cuentos de mi mamá.

¿Fue realmente necesaria la invasión? Realmente no lo sé, pero la historia demuestra que la libertad se paga con sangre y por más antibélica que diga ser, con diálogo no sacaron a Hussein ni sacarán a Chávez ni a Fidel.

¿Fueron necesarias esas muertes? No y nunca lo serán. Pero para estas fechas se acuerdan es de los que murieron en el proceso de acabar con la dictadura y no de los que murieron durante ella.

Honestamente no es mucho lo que recuerdo, pero sé que así de fácil no lo olvidaré. Quien quita y si hubiese escrito en ese entonces lo que escribo hoy, tal vez me hubiesen desaparecido también.

http://www.flickr.com/groups/dictadurapanama/pool/

Portada del NYTimes del 20 de diciembre de 1989


Entonces… ¿en qué quedamos?

Una de las cosas de la campaña de Balbina Herrera que más me erizaba los pelos cada vez que lo escuchaba era su propuesta de “una policía con disciplina militar”.

Dado su récord, eso me sonaba a que pondría a todos sus gorilas de las (¿extintas?) Fuerzas de Defensa de Panamá. Digo, qué más podríamos esperar si ya Martincito había puesto a Triple D como Ministro de Gobierno y Justicia, y por ende, al mando de la Policía Nacional.

Ahora me viene el loco con que designó como jefe de la Policía Nacional, no solo a un ex-militar, sino uno quien todavía mantiene comunicación con Manuel Antonio Noriega.

Leí el artículo completo y al parecer Pérez es un tipo normal, en un trabajo normal de seguridad, y que no ha dejado atrás su disciplina.

No han terminado los rumores de que Lucy Molinar va para el Ministerio de Educación y todavía no me explico qué hace Guillermo Ferrufino como Ministro de Desarrollo Social… que el tenga un programa de TV donde reparta cosas, no quiere decir que sea la persona indicada y Lucy me parece demasiado conflictiva como para lidiar con gremios tan recios y rancios como los educadores.

Lo único que digo es: Ricardito, te di mi voto. Ahora no me falles.

EL MILITAR NARRÓ SU vivencia DENTRO DE LAS FUERZAS DE DEFENSA Y cómo quedó absuelto del CRIMEN DE UN CIVIL

Del Batallón 2000 al servicio de Martinelli

Gustavo Pérez fue uno de los principales hombres dentro de las fuerzas especiales que creó Noriega, y lo acompañó hasta el final.

 

Rafael E. Berrocal R.
UNIDAD DE INVESTIGACIÓN
rberrocal@prensa.com

Gustavo Pérez (hijo) no disimula su pasión por los temas militares, las armas y las tácticas de seguridad. Tampoco oculta su formación como soldado graduado en Estados Unidos, y su experiencia junto al ex dictador Manuel Antonio Noriega, que empezó en el Batallón 2000 y terminó en el comando elite llamado Unidad Especial Anti-Terror (Uesat), organismo vinculado a varias muertes de civiles durante la dictadura.

Allí llegó a ocupar el segundo puesto en mando, hizo frente al Ejército estadounidense durante la invasión en 1989, y fue vetado por el entonces vicepresidente de la República, Ricardo Arias Calderón, para regresar a la fuerza pública de Panamá.

20 años después, Pérez está por volver a la palestra pública para comandar la seguridad de todos los panameños, ya que ha sido designado por el presidente electo, Ricardo Martinelli, como el director de la Policía Nacional a partir de julio.

En su primera entrevista, Pérez aceptó hablar con este diario y responder a las preguntas sobre su pasado, su relación con Noriega, la visita al líder de Libia, Mohamar Kadafi, y su vinculación al crimen del civil estadounidense Raimond Dragset, el 19 de diciembre de 1989.

Él todavía mantiene su doctrina militar y al ver el tatuaje del fotógrafo de este medio al final de la entrevista, dijo: “así tú no puedes entrar a Panama Ports”. Fuentes de las ex Fuerzas de Defensa, que pidieron no ser identificadas, también hablaron de su experiencia con Pérez.

CON LAS BOTAS PUESTAS

Pérez, hoy de 48 años, llegó a Panamá en 1982 graduado de la academia militar The Citadel, Carolina del Sur, como licenciado en administración de empresas y ciencias políticas. Tenía una oferta de trabajo en el banco Bladex, pero se resistió a tomar este empleo porque –dijo– lo suyo era lo militar.

Por una semana, Pérez se sentó en las afueras del Cuartel Central intentando introducir su hoja de vida. En el quinto día un escolta de Noriega le recibió el documento y le dice: “te voy a dar la oportunidad”. Ese mismo día a las 5:00 de la tarde, Pérez recibió la llamada del Cuartel Central y le piden que se presente al Batallón 2000. “Me afeité la cabeza, limpié mis botas, me puse camuflaje, mi Rolex, y partí en mi BMW para mi primer trabajo”, narró Pérez en la entrevista.

El entrenamiento de admisión de Pérez a las Fuerzas de Defensa de Panamá fue de cinco meses. Pérez pasó por la escuela de paracaidismo, el grupo Pana-jungla, la fuerza anti-terror, y los denominados hombres rana.

SU ASCENSO

En 1987, en plena crisis de Noriega con Estados Unidos, Pérez fue pasado a la Uesat como sargento y llegó a escalar al rango de teniente y segundo en mando dentro de este equipo especial que operaba desde isla Flamenco y que días antes de la invasión tuvo que mudarse a Panamá Viejo porque los estadounidenses habían bloqueado la entrada a la calzada de Amador.

En ese cargo, Pérez cumplió con misiones de Noriega en el exterior y viajó como escolta de las hijas del general a Libia, donde se reunió con Mohamar Kadafi. En ese viaje también conoció al dictador iraquí Saddam Hussein y al líder palestino Yasser Arafat, durante una reunión de los llamados “países no alineados”.

Fuentes militares de esa época dijeron que la misión era concretar la compra de misiles tierra-aire para amedrantar al Ejército de Estados Unidos, pero ello no se logró. Pérez sostiene que la misión era conseguir un préstamo para el Estado panameño.

LA INVASIÓN

Pérez estuvo hasta el final del régimen militar.

Cuando Noriega le declaró la guerra a Estados Unidos, Pérez estaba recibiendo un entrenamiento en la base de infantería estadounidense llamada Fort Bening. La situación lo obligó a interrumpir el entrenamiento militar y regresar a Panamá para incorporarse a la Uesat en junio de 1989, grupo que estaba al mando de Ramón Díaz.

“Yo no comprendía la situación, mi problema eran mis hombres. Me promovieron a teniente y ejecutivo de la base, era el subjefe de la Uesat, el que ejecutaba las órdenes”, explicó Pérez.

“Estábamos listos para cualquier amenaza. Teníamos información 48 horas antes de que nos iban a invadir, pero siempre pensé que era un relajo”, agregó.

Llegó la invasión y Pérez con sus hombres salieron a dar la batalla. “Salíamos en operaciones secretas en los días de la invasión”, comentó Pérez. Incluso uno de los relatos del ex capitán Asunción Gaitán –considerado la mano derecha de Noriega, condenado por la masacre de Albrook y actualmente refugiado en Cuba– describe cómo uno de sus grupos se unió al comando de la Uesat para impedir el desembarco y el ataque de los helicópteros Black Hawk en el área de Paitilla con ametralladoras antiaéreas.

Pero no pudieron con la batería aérea de Estados Unidos. Pérez recibió un mensaje del vicepresidente Ricardo Arias Calderón para que se entregara. “Al final le dije a mis hombres: tomen vacaciones, todo se acabó”, comentó Pérez.

El 22 de diciembre, Pérez se entregó al Navy Seal en el aeropuerto de Paitilla y fue trasladado a la base estadounidense de Howard como prisionero de guerra. Días después fue liberado.

Dice Pérez que fue porque los gringos no le encontraron nada en su contra.

Pero al llegar a su casa lo estaba esperando el Departamento Nacional de Investigaciones (Deni) para arrestarlo por su vinculación en el crimen del estadounidense Raimond Dragset. Estuvo arrestado una semana en la cárcel Modelo, luego fue liberado por no haber pruebas en su contra.

ACUSADO DE GOLPE

Después de la invasión, Pérez tuvo varios intentos por entrar a la Policía Nacional y hasta fue acusado de estar promoviendo un golpe de Estado contra el gobierno de Guillermo Endara desde la Policía Municipal.

Pérez confirmó todos esos datos a este diario, pero negó que su intención hubiese sido dar un golpe a Endara. “Yo solo ayudé a la alcaldesa Mayín Correa a crear la policía municipal, nada más”, dijo el ex militar.

Antes de ello, Pérez había aplicado para jefe de la Policía Nacional, pero Ricardo Arias Calderón se lo había negado. Fuentes militares aseguran que fueron los gringos los que lo vetaron por su relación con Noriega.

Tras ese tropiezo, Pérez contó que encontró un trabajo como subcontratista en el Canal de Panamá en temas de seguridad operacional. Durante el gobierno de Ernesto Pérez Balladares fue nombrado director de seguridad aeroportuaria.

En 1997, Pérez entró como jefe de seguridad en Hutchinson Whampoa Limited en Panamá y llegó a ascender al cargo de jefe de seguridad de la compañía portuaria para toda América.

En 2004, Pérez hizo un nuevo intento por llegar al puesto de jefe de la Policía Nacional en el gobierno de Martín Torrijos.

Fue quien trabajó el plan de seguridad de Torrijos cuando ganó las elecciones. Su principal promotor era Rodolfo Charro Espino, tío del mandatario electo en ese entonces.

Pero a la hora de tomar la decisión, Torrijos designó a Gustavo Pérez (padre) en la Policía Nacional. “Yo le dije a mi papá que no se preocupara y que aceptara el cargo”. Él siguió en Hutchinson.

Ahora su sueño parece estar cerca de la realidad. Pérez se incorporó al plan de seguridad del presidente electo, Ricardo Martinelli, y este lo designó jefe de la Policía Nacional a partir del 1 de julio.

“Cuando me lo propuso yo le dije que era un honor servirle a la patria, pero también le dejé claro que era del Partido Revolucionario Democrático”, afirmó Pérez.

LLAMADAS DE NORIEGA

Fuentes vinculadas a Pérez sostienen que él todavía mantiene comunicación con Noriega, quien permanece en una cárcel en Miami, Florida. Pérez lo niega, pero aceptó que cuando su padre murió en septiembre de 2008, Noriega lo llamó para darle el pésame. “Es curioso, el presidente Torrijos no lo hizo, pero Noriega sí”, expresó Pérez.

Evitó hablar sobre su plan de trabajo porque lo considera contraproducente en estos momentos, pero sostiene que se trata de un reto muy difícil. Ahora Pérez señala que la misión que tiene es totalmente diferente a la que tuvo cuando trabajó para el comando de Noriega. “En ese tiempo mi misión era liderar tropas; ahora es otra”.

¿Me reconoces?

Soy la insignia de los sinverguenzas, asesinos, violadores, corruptos, y timadores que tuvieron Panamá asediada.

Aquellos que me llevaban en su uniforme no conocen de tolerancia, respeto ni derechos. Esas palabras simplemente no están en su léxico.

Tal vez pensabas que me habías enterrado o que nunca regresaría del exilio con mi papá Tony.

Hace casi dos décadas me sacaron de aquí, pero poco a poco he ido resurgiendo. No te acuerdas, pero realmente nunca me fui. Si tu mismo elegiste a mi hermano Martín como líder de tu país.

Puede pienses que mi hermano sea el más débil de la camada, que es un grandísimo pusilánime que no sabe gobernar y agradeces que se le esté acabando el tiempo. Por si no te has dado cuenta, el muy sigilosamente ha ido plantando la semilla para que regrese.

Ahora tengo la libertad de pasearme a mi anchas y cruzar fronteras. Es más, ayer estuve en México, pavoneándome como nunca hubiera derramado ni una gotita de sangre.

¿No me crees? Pregúntale a mi hijo Daniel.