Category: retrahilas


La pizza que nunca fue

Este sábado veníamos ya de noche regresando de un viajecito al otro lado del puente, cansados, con hambre y sin ganas de cocinar, por lo que propuse invitar a la family a una pizza.
Para ahorrar tiempo, llamamos para que la tuvieran lista y que solo fuera cuestión de bajarse y pagar.
Nos encontramos con algo de tranque un poco antes del Rod Carew, así que demoramos un tanto más de lo pensado, y con la idea de que muy probablemente comeríamos pizza recalentada.
Cuando finalmente llego a la caja, ya pasadas las 7 p.m., el muchacho toma mi nombre, verifica en su pantallita y me dice que mi pedido ya venía saliendo, a lo que entendí que enseguida me la daban, y fui pagando por ahí mismo.
En eso, entra mi mamá apurada, y me dice que mi tío estaba mal ubicado y ya se estaba desesperando, y regresa al carro.
No han pasado ni dos minutos y se escuchan los pitazos afuera. Entonces, vuelve a entrar mi mamá, con la noticia de que nos íbamos, no sin antes expresarle su molestia en vista de que cuando llamamos nos habían dicho que la pizza estaría lista en 17 minutos, pero había pasado más del doble y aun no estaba lista.
Le dije al muchacho que regresaría y nos fuimos. En el trayecto a casa, me tocó escuchar a mi tío decir que el ni loco ni comia esa pizza. “Quien sabe si la mean o te la escupen solo por joder”.
Por supuesto, que con ese comentario hasta el hambre se me espantó, y tampoco ayudaba mucho la posibilidad de que no me regresaran mi dinero ya que había pagado con mi clave y mi mamá me había advertido que en la farmacia no pueden hacer devoluciones en esos casos. Además, quién me había mandado a pagar si no tenía la pizza en mano.
“Músico pago toca mal son”, fue lo que dijo mi abuela.
Regresé al restaurante luego de dejar a la familia en casa y llamé a la puerta de servicio, ya que la caja estaba desatendida.
Salió el mismo joven que me había cobrado no hacía ni 15 minutos.
“Hola, vengo por una devolución”.
“Ah. ¿Entonces ya no quiere la pizza?”
“No. Yo solo fui a dejar a mi hijo de dos años y a mi abuela de 78 en casa. Después de todo esto, lo que me coma me va a caer mal y la verdad prefiero que me regresen mi dinero.”
El muchacho vuelve a entrar y sale con dos cajas, y alguien que supongo era la supervisora del turno me dice que me estaban incluyendo de cortesía unos bread sticks (que por cierto, ni me gustan).
“Mire, la verdad no creo que con eso lo vaya a resolver”, le dije. “Mejor regrésenme mi dinero”.
El muchacho solo abrió la caja y me dio mis $14.45 sin chistar.
No niego que salí con cierto sentimiento de logro, sobre todo luego del rechinchal de mi mamá y mi tío, además que cuando regresé a casa ya mi tío se había ido y ni mi mamá ni mi abuela querían nada, y la verdad, no las culpo.
Luego, me cae el cuarita de que alguien que seguramente gana salario mínimo haya tenido que pagar por esa pizza que no me comí.
Hoy pasó mi tío por la casa y preguntó cómo me había terminado de ir, a lo que le narré la escena (y las dudas) que aquí comparto.
Me dice que espere que esto le haya servido a quien haya sido responsable por la demora para tomar algo más conciencia y que no le volviera a ocurrir.
Si hay algo cierto aquí, es que hay lecciones que salen caras…

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Hoy anunciaron oficialmente la muerte de Hugo Chávez Frías.
Digo “anunciaron” porque realmente no sabemos a ciencia cierta si fue que falleció hoy, o en diciembre como dice Willie Cochez.
La cosa es que gústele a quien le guste (no hay forma bonita de poner esto): pasó lo que tenía que pasar. Hugo Chávez era una persona, un ser humano, a carbon based life form, así que eventualmente iba a morir.
No digo que su vida o su muerte no sean eventos trascendentes y sí, se trata de alguien que fue hijo, esposo, padre, amigo y posiblemente hermano de alguien que muy seguramente hoy lo llora, pero me pregunto si realmente se merece la retrahila de halagos y lamentos que mandatarios y líderes ahora le profesan.
Si me preguntan, y hablo en base a las consecuencias del éxodo venezolano hacia Panamá y conversaciones con estos expatriados, solo podría deducir que Chávez se dedicó a hacer caridad con el bolsillo ajeno, ganándose a las clases populares con programas de altísimo interés social al tiempo que expropiaba y ahuyentaba la inversión privada y hacía insostenible la vida para la clase media de su país.
Hoy vemos una nación hermana dividida en la alegría y la incertidumbre, y los resultados de estos sucesos ya resuenan en Panamá.
No dudo que Chávez cambió muchas vidas, pero ya quedará a la historia juzgarlo.

Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi trabajo, tal vez la más importante, es a vivir una cultura de seguridad.
Hacer tu trabajo de forma segura no se trata de hacer las cosas de cierta manera porque así lo manda la empresa. Se trata de que estés consciente de que de eso depende que regreses a casa después de la jornada y que puedas transmitir esa conciencia a tus seres queridos e inclusive a extraños.
Recuerdo que al poco tiempo de haber empezado en esta empresa, hace casi cuatro años, nuestra gerencia de seguridad realizó un simulacro de evacuación en coordinación con el Benemérito Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Panamá (porque así se llaman). En esa ocasión éramos solo los de mi trabajo, quienes ocupábamos tres pisos de los veintitantos que tiene el edificio donde laboramos y creo que no llegábamos a las 70 personas.
Cada año también se realizan capacitaciones en primeros auxilios y extinción de incendios para todo el personal, los cuales son certificados por la Cruz Roja Panameña y los beneméritos señores. El que haya tomado la capacitación es elegible para ser designado como brigadista.
Estos planes son exigidos por nuestro sistema de gestión integrado, el cual está certificado por ISO 14001 y OHSAS 18001, normas de ambiente y seguridad/salud ocupacional respectivamente.
Me comentan que se invitaba a otras empresas a participar de los simulacros, pero de cuatro que respondían, tres aceptaban y al final éramos solo nosotros.
Eventualmente, nuestro gerente de seguridad encontró algún fundamento legal que obligaba a edificios con bancos a realizar simulacros de emergencias (con eso de que son blanco fácil o algo así) y la administración del edificio se puso las pilas para contratar una consultoría para el diseño de un plan de emergencias y coordinar evacuaciones con todo el edificio.
En este tiempo hemos tenido un par de evacuaciones programadas, al igual que una que otra falsa alarma, incluyendo una en la que me tocó bajar con todo y una barriga de cinco meses.
Cuando suena la alarma, la instrucción es salir tal y como estés (nada de regresarse por carteas o celulares) y bajar de forma rápida y segura y dejando camino abierto para que los bomberos puedan hacer su trabajo.
Aun con estas indicaciones impartidas ya a todo el edificio, aun me encuentro con gente que se regresa a sus oficinas, que baja las escaleras hablando por celular o que se recuestan a la pared para chatear. Algunos incluso nos hacen burla cuando los brigadistas vamos dando instrucciones para que aceleren el paso y podamos salir de esto más pronto.
Todas estas acciones entorpecen el ejercicio y estoy segura que esas personas que lo toman de chiste son aquellas que en caso de una emergencia real entrarán en pánico y muy posiblemente empeoren la situación.
Hay quien diría que es como cuando Juanito gritaba “¡viene el lobo!” solo para llamar la atención y cuando fue verdad nadie le hizo caso. Sin embargo, no es como ya no hubiéramos tenido que evacuar por situaciones reales e inminentes, por ejemplo, cuando explotó el tanque de gas de Sushi Express de área bancaria, que nuestro edificio se remeció y se activaron las alarmas. ¿O es que ya nadie se acuerda?
Yo lo único que se es que tengo un hijo por quien regresar a casa.

I
La iglesia estaba más llena de lo que recuerdo haberla visto, aunque dice mi hermana que esto es normal para la misa de las 7 p.m.
Aun antes de iniciar el servicio, la gente hacía fila frente al altar. Luego explicaría el cura que se trataba de una reliquia de Juan Pablo II y cómo venerarla.
Entiendo que venerar (no adorar) santos es algo muy propio de la iglesia católica, pero es algo que no comparto.
Esta es gente que caminó la tierra, igual que uno y si bien sus vidas pueden ser ejemplo de bondad, coraje, humildad, whatever, no creo que hayan poderes sobrenaturales asociados a ellos, sus imágenes, escapularios ni nada de esto.
Ahora, esto de hacer fila para besar un relicario el cual contiene algo extraido de un cadáver me parece un tanto morboso. Y para rematar las iglesias se lo turnan para exhibirlo.

II
Teníamos a Daniel con nosotros, así que nos sentamos en una de las filas de atrás, junto a la puerta, en caso de que se pusiera inquieto y necesitáramos una salida rápida. Daniel para variar quería pararse, caminar, aplaudir, reir. A fin de cuentas, es un bebé.
En la fila frente a la nuestra había una señora mayor y tenía la sensación de que nos estaba mirando con cara de tuco, pero preferí no prestarle atención.
Mientras tanto, evitábamos los adorables exabruptos de mi hijo a punta de galletas.
Nos salimos un ratito antes de que se acabara la misa.
“¿Viste a la señora de en frente? Nos estaba mirando feo”, me dijo Tomás.
Yo no había querido decir nada, no fuera que yo estuviera imaginando cosas.
Esta señora estaba sentada con una pareja que traia con ellos una nena de no más de seis meses. La bebé no hacía mucho ruido, pero la mamá salió un par de veces para calmarla.
¿Qué hace pensar a esta señora que la niña no iba a crecer y sus padres no tendrían que recurrir a tácticas similares a las nuestras de aquí a un par de meses?
Y eso que yo siento que mi hijo se portó bastante bien.
Si fuera por miradas casi asesinas como las de esta señora, nadie con niños pequeños iría a misa.
Esto no es Estados Unidos donde las iglesias tienen áreas especiales donde puedes ir con tus niños sin molestar a otros, ni tienen facilidades para que duerman la siesta ni cambiar pañales, así que uno como padre hace lo que puede.
En algún lado de Mateo dice “Los que son como niños entrarán al reino de Dios”. Que no se nos olvide.

III
Luego de que la manada de gente salió de la iglesia, Tomás y yo volvimos a entrar para buscar al cura para consultarle sobre el bautizo de Daniel.
Había una niña con su mamá por delante de nosotros. Esta agarra la Semilla, el papel que dan en las misas con las lecturas del día, y se lo da al cura para que lo firme.
Cuando estás haciendo la catequesis para primera comunión es requerido que vayas a misa y te piden evidencia de ello, pero ¿acaso desconfían tanto de los chiquillos ahora que también deban llevar el papel firmado?
Creo yo que más importante que vayan y regresen con evidencia, es que los chicos entiendan lo que dijo el cura en la homilía y cómo esto hace clic con sus vidas.

El entremés
En ese rato que estuvimos afuera Tomás me comentó que cuando pasaron la canasta de la ofrenda, un señor echó un billete de $5 y sacó vuelto.
Nos pareció algo gracioso, pero de muy mal gusto al mismo tiempo.
Soy de la opinión de que si estás en una situación de esas en que $5 es todo el efectivo que cargas, o los das sin remilgos, o simplemente no des, y si quieres, da un poquito más a la siguiente.
El que da, lo hace de corazón y de forma voluntaria. Así como la viuda de las moneditas de cobre.
Hay gente que le he escuchado que eso de sacar vuelto de la canasta de la ofrenda es normal, pero, hey, acababan de pagar quincena Y décimo.
Cuando Dios te da, lo hace sin restricciones y no te pide vuelto.

Como jóvenes padres de un niño pequeño, Tomás y yo hemos tenido que aprender a aprovechar aquellas pocas oportunidades para una salidita los dos solos. Estas usualmente implican una ida al cine y algo de comer. Nada fancy.
Este fin de semana, aprovechamos ese enamoramiento de mi madre con mi hijo para escaparnos a ver Furia de Titanes 2 (Wrath of the Titans).
Salimos de casa con tiempo bastante decente para agarrar la tanda de las 6:30 p.m. en Multiplaza, sin embargo, no contamos con que era fin de semana de quincena. Tuvimos suerte de encontrar estacionamiento relativamente rápido, pero la fila de la taquilla le daba la vuelta al food court y ni en VIP había tanda.
Decidimos intentar en Extreme Planet a ver si corríamos con mejor suerte.
Llegamos y nos tocó dar varias vueltas para poder estacionarnos. Esto hubiera sido más fácil de no haber sido por un par de desconsiderados que estacionaron sus autos en medio de dos espacios, limitando aun más la posibilidad de hallar parking a tiempo. Digo, si el carro hubiese estado un poco corrido diría que es chambonada, pero esto fue maldad pura. Ustedes saben quienes son… Los dueños de 4 x 4 para quienes un solo parking no es suficiente.
Llegamos a la taquilla y no había forma alguna de saber cuál era la fila, así que ahí nos colocamos de cualquier manera mientras que una de las cajeras luchaba con el sistema.
Teníamos algo de hambre, así que paramos a ver qué se nos antojaba del mostrador donde te venden las burundangas.
La verdad no había mucha variedad. Tenían nachos pero el queso se había agotado y lo único medianamente decente de comer eran los hot dogs.
Y así terminamos pagando $7.90 por salchicha, pan y soda ya que, como nos dijo la dependiente, “los hot dogs solo llevan ketchup y mostaza. Son estilo americano, jijiji”.
Y pensar que en El Alhambra te daban un hot dog con los condimentos que quisieras por la mitad de lo que pagamos acá.
Poco antes de que empezara la película, escuchamos a alguien que decía que le habían dado dos pop corn chicos ya que no había del mediano.
La movie era en 3D, así que nos habían dado nuestros reglamentarios lentes, los cuales estaban rayados y con grasa de las manos de su usuario anterior (en Cinépolis al menos algo les hacen para dártelos limpios), y el audio estaba para los tigres.
Ya para las finales, el aire acondicionado de la sala hizo una despedida prematura… Y eso que es un cine de los nice.
Tal vez El Alhambra no tenía servicio VIP ni asientos de cuero, pero era accesible, el trato era amable e inclusive mostraba películas extranjeras de vez en cuando.
El Alhambra era el último sobreviviente de los cines a la antigüa, así como el Aries o los Obarrio, de los cuales solo queda el recuerdo.
Bien dice mi tío que el panameño es farolero y prefiere ir al cine caro, así sea que tenga que saltar garrocha durante la semana para ver el último estreno con surround sound.

Hace casi un mes mi querido Tomás me comentó sobre un encuentro de parejas al cual le había invitado una amiga.
No le paré mucha bola hasta que Tomás me envió un correo notificándome que nos había inscrito al encuentro, llamado “Unidos por Siempre”.
No me gustó mucho que hubiera tomado una desición así sin haberme consultado, en especial tratándose de una actividad de viernes para domingo y para la cual debíamos estar en Colón puntualitos a las 6 de la tarde.
Rauda y veloz llamé a mi mamá para preguntarle si se podía quedar con Nipi ese fin de semana.
Luego de encargarme de tan importante diligencia, procedí a leer con calma el mensaje que había escrito la amiga de Tomás que nos invitaba a esta actividad. Soy bastante necia con eso de la escogencia de términos y me llamó la atención que dijera “su relación será reconstruida”. Lo primero que pasó por mi cabeza fue quien ostias le habría dicho a esta mujer que nuestra relación necesita ser reconstruida, ni que fuera que estuviera en ruinas.
Me molestó un poco, pero lo dejé pasar y solo por joder escribí “soltero” en la casilla de estado civil del formulario de inscripción.
Pasaron un par de semanas en las que estuvimos entrando y saliendo del hospital con Daniel, y Tomás me dice que tal vez no sea buena idea irnos un fin de semana con el poroto aun convaleciente.
“Tranquilo, amor”, le dije. “No es hasta el fin de semana de más arriba”.
Me habían agarrado en mis dos segundos de awebazón, cuando bien hubiese podido zafarme de ir a la actividad.
Creo que es prudente aclarar que no soy una persona gregaria y la sola idea de actividades como convivios, retiros, días familiares y talleres de integración, en los que te fuerzan a trabajar en equipo, me causan ansiedad y a todo esto Tomás no había considerado todo lo que habría que preparar, tanto para nosotros como para Daniel, siendo este un viaje que implicaría pasar dos noches fuera de casa.
Llegó el viernes y dejé todo listo desde temprano para evitar contratiempos en la tarde, pero Tomás y yo nos complicamos en la oficina, así que no llegamos a casa hasta pasadas las 7 p.m., y ninguno de los dos había comido todavía.
Finalmente arrancamos a eso de las 9 p.m., no sin antes hacer una parada en casa de los padres de la amiga de Tomás a recoger medias para el papá, quien era uno de los organizadores del evento. Su esposa fue quien le hizo las maletas y se le pasó empacarlas… Que Tomás no haga sus maletas él mismo pa que vea.
Dejamos a Daniel con mi mamá y empezamos nuestro camino.
Luego de 40 minutos en la autopista oscura y con neblina, un tongo que nos detiene por una supuesta infraccion, haber esquivado una mula atravesada y perdernos en Colón City, llegamos al hotel.
Una vez en el counter, nos encuentra una pareja que nos acompañaría a nuestra habitación.
Me llamaron la atención los corazones enormes con los nombres de las parejas en las puertas de los cuartos… Como si no fuera suficiente que se supiera que había un convivio de parejas en el hotel, sino que había que anunciar también exactamente dónde me estaba quedando.
Ya en la habitación, la pareja que nos acompañó entró con nosotros, lo que fue un poco incómodo, en especial porque ya era bastante tarde y queríamos descansar.
Es que tenían que explicarnos las reglas…
No. 1: en la mañana sonarían dos campanas: una para despertarse y otra para bajar.
(Ajá, ¿por qué no llaman a los teléfonos del cuarto y listo?)
No. 2: deben entregarnos celulares, berrys, tablets, beepers y cualquier eléctrónico que tuviéramos, inclusive relojes.
Tomás les explicó que no podíamos entregar nuestros celulares así como así, que trabaja sábado y debía estar disponible, al menos en la mañana, para supervisar aunque fuera por teléfono unos trabajos que habían quedado andando para uno de sus mayores clientes, y que yo tampoco entregaría el mío por mi trabajo y, lo más importante, habíamos dejado a nuestro niño en casa y tener comunicación nos brindaba tranquilidad.
Quedamos que no entregaríamos nuestros equipos, pero no lo llevaríamos a las actividades, lo que nos pareció muy razonable y se fueron sin alboroto.
Era una habitación muy bonita, y los organizadores se habían encargado de dejar pétalos de rosa en la cama y en la bañera, instalar un desodorante ambiental de esos eléctricos y (drumroll, please) cerrar con cadena y candado el mueble de la tele. Esto último me pareció un tanto ridículo, pero igual me reía. A Tomás, sin embargo, no le gustó para nada.
Ya nos disponíamos a cambiarnos cuando nos tocaron la puerta. Era el papá de la amiga de Tomás, quien había llegado con su esposa a exigir que acatáramos las reglas y entregáramos los celulares.
Se para en la puerta. Me mira. Vuelve a mirar a Tomás y le dice “contigo yo puedo hablar”, como que si fuera que yo estuviera pintada en la pared, o que fuera un ser inferior, cuál de las dos peor.
Tomás le explica con toda la ecuanimidad posible el porqué de nuestro proceder y que esto era un asunto de pareja, que lo conversaríamos y le informaríamos nuestra desición. El señor me mira como esperando que yo, aquel ser inferior con quien el no tenía nada de qué hablar, accediera. Solo lo miré y le dije en un tono firme “lo vamos a hablar”.
El señor nos indicó que el se retiraba, no sin antes informarnos que nos dejaba una guachimana en la puerta, para que le entregáramos nuestras pertenencias, claro, asumiendo que así lo haríamos.
Ahora la pregunta era si nos quedábamos o poníamos pies en polvorosa.
No habían pasado ni 10 minutos cuando nuevamente nos tocan la puerta. Eran tres personas más, quienes al igual que la pareja que nos guió a la habitación, entraron sin la delicadeza de pedir permiso.
Entre Tomás y yo tratamos de explicar, ya por tercera vez esa noche, toda la logística que habíamos implementado para poder estar ahí, que entedíamos que las habitaciones habían sido preparadas con mucho cariño, sin embargo habían cosas que nos parecían inapropiadas y que incluso, nos causaban disonancia por nuestros propios carácteres y dinámica como pareja.
Las dos mujeres empiezan a decirnos su experiencia y nos exhortan a quedarnos. “Ustedes necesitan esta experiencia”, nos decían.
Nos contaron que ellas pensaban que no necesitaban esto. “Yo descargaba mi estrés en mi pareja y mis hijos”, decía una. “Yo era una amargada”, nos comentaba la otra. Y por supuesto, la actividad en la que estábamos las había ayudado.
Nos parecía muy bien todo lo que estas mujeres nos contaban, pero ese no era nuestro caso.
Si bien nuestra relación no es perfecta (ni queremos que lo sea), llevamos nuestra pequeña familia con amor y pensábamos que este taller nos brindaría herramientas concretas para mejorar como padres y como pareja.
La reacción que recibimos de vuelta fue como si Tomás y yo estuviéramos en un estado de negación y nuestra realidad fuera una de gritos, abuso y al borde del divorcio.
En eso entra una nicaragüense a quien también debimos explicarle todo el rechinchal, lo que ya se estaba volviendo frustrante.
Su comportamiento con nosotros fue casi tan agresivo como el del papá de quien nos invitó.
La nica inclusive nos salió con eso de “¿ustedes creen en Dios?” y se puso a levantar las manos. “En el nombre de Jesús ato toda cosa maligna que impida que esta pareja se quede, bla, bla, bla”
Tenemos un hijo sano, inteligente y hermoso que es razón suficiente para estar convencida que Dios nos ama y cuanto más tiempo me quedaba, más me dolía haberlo dejado en casa por venir a escuhar semejantes sandeces.
A este punto Tomás ya estaba bastante irritado y decidimos que lo mejor era irnos a la brevedad posible. De nada valieron sus advertencias de carreteras oscuras… Claro, no han visto las lamparotas de nuestro pickup.
Dejamos que se fueran y acordamos ya irnos definitivamente, pero antes había que hacer pis (ni de eso nos habían dado chance). Ahí fue cuando vi el cable que colgaba: habían retirado los teléfonos de la habitación.
Agarramos nuestras mochilas y salimos rapidito para que no nos vieran. Entregamos las llaves en el counter y nos atajó una de las parejas que nos había “atendido” hacía un rato.
“Lástima que se vayan. ¿Tienen las llaves de su carro?”, nos preguntaron.
“Sí, las tenemos. Chao.”
Continuamos caminando hacia el carro y le pregunto a Tomás, “¿por que pensarían que no tendríamos las llaves de nuestro carro?”
“¡También te quitan!” Aceleramos el paso y arrancamos de vuelta a casa.
Llegamos a Panamá a eso de la 1 a.m., cansados, pero tranquilos de habernos dado cuenta de que enfrentamos esta situación juntos, unidos como pareja.
A la mañana siguiente hablamos con nuestros compadres, quienes son terapistas de familia, y al igual que Tomás, pertenecen al mismo movimiento que la gente que había organizado este retiro/taller. Les contamos con pelos y señales lo ocurrido la noche anterior y cómo nos sentimos durante este episodio.
Desde su perspectiva, nos explicaron que para los organizadores del evento fue más importante mantener las reglas del juego que hacernos sentir bienvenidos y que es muy peligroso que gente sin preparación profesional se tome atribuciones de organizar eventos para parejas, pero cuya metodología va en detrimento de las mismas. El habernos ido fue lo mejor que pudimos haber hecho.
Al final esta experiencia resultó ser una prueba para nosotros como pareja. Nos mantuvimos firmes, uno apoyado del otro.
Si ese era el propósito, excelente. Logramos nuestro cometido.
Sí, nos regresaron la plata y tal vez compremos ese schauzer que nos hace ojitos para que juegue con Daniel.

Llevo ya un par de días postergando este post. Tal vez sea porque yo misma no creo que sea cierto sobre lo que estoy a punto de escribir, lo cual creo que hasta cierto punto creo que raya en la desfachatez, o que ya el tema del incendio en el correccional de Tocumen está perdiendo vigencia, pero igual aquí va:

Hacía un par de días recibí un correo del escritor Carlos Fong sobre los hechos del pasado 9 de enero en el centro de cumplimiento de Tocumen, al cual respondí lo que sirvió de base a mi entrada “El no era malo…”.

No recibí ninguna respuesta de vuelta ni tampoco la esperaba, en vista que recibí dicho correo por ser parte de su base de datos, sin embargo, unos días después de eso recibí otro correo de este escritor, quien esta vez compartía nada menos que un poema, como verán más abajo, dedicado a los jóvenes del centro de cumplimiento de menores.

Nuevamente respondí y para sorpresa mía, esta vez sí recibí respuesta, cargada con lo que creo fue producto de la impresión un tanto errónea de que soy una cold hearted bithc, inmune al sufrimiento de estos muchachos y sus familiares.

No lo soy. Pero honestamente estoy bastante hastiada del drama y de que hablen de ellos y sus sueños, como si estuviesen hablando de los niños del Hogar Malambo. Ya nadie habla de los sueños de muchachos como Daniel Carrizo, quien hace casi un año murió a manos de otro chiquillo  (ver “Creo en Jesús…” y Daniel Carrizo / un legado de justicia y paz).

Saben… mi sueño es que mi hijo pueda crecer con su papá y eso casi me lo quitan los criminales.

A continuación, comparto el intercambio…

 

 

—–Original Message—–
From: Carlos Fong <carlosfong27@gmail.com >
Date: Sun, 23 Jan 2011 03:21:31
To: <carlosfong27@gmail.com >
Subject: Fwd: No fuimos héroes

No fuimos héroes
(Dedicado a los jóvenes del Centro de Cumplimiento de Menores).

No fuimos héroes.
Tan sólo un grito en una celda mojada,
un castigo silenciado por la
ira del fuego indiferente.
Aviones derribados
sin alas
sin nubes
sin destino.

No fuimos héroes.
Jamás merecimos un poema,
una canción,
o una ofrenda.
Ganamos un tributo amargado.
Sólo fuimos un enjambre de dedos pegados al barrote
implorando la piedad entre el humo y la risa.
Con ligeras y dulces caricias en las nalgas
escapamos para ir a morir uno a uno;
porque así morimos los pobres.

No fuimos héroes
la patria no tiene por qué recordarnos
Ni llorarnos
Ni honrarnos
Seremos sepultados sin bandera
Sin discursos
Ni resoluciones.

No fuimos héroes.
Sólo fuimos hijos de la violencia y el miedo.
El odio que consumimos, ya lo probamos.
La rabia que sentimos, se nos regresó con dedicatorias.
La deuda que debíamos, la pagamos
con cenizas y un rastro de piel .

No fuimos héroes, ni mártires.
Sólo fuimos una raza
una especie
criaturas
masacradas,
el dolor de un racimo de madres que
también lloró un 9 de enero.

Por Carlos Fong


Carlos Fong
Ciudad de Panamá
(507) 64032517
Visite: http://miradadenuchu.blogspot.com/
“La modernidad sin tradición es tan vacía como la tradición sin innovación “.
José Antonio MacGregor

El 22 de enero de 2011 20:15, Susana M. Lezcano <susanamveliz@hotmail.com > escribió:
Estimado Carlos,
Como le había comentado en un correo anterior, nadie merece morir de la manera en que uno a uno estos muchachos está muriendo, pero ninguno de ellos se puso la mano en el corazón antes de llevar a cabo las fechorías que los llevaron a ese centro de cumplimiento.

Dices en tu poema que “así mueren los pobres”. Dime por qué ahora nadie recuerda que ser pobre no es excusa para ser maleante.

Mensaje enviado desde mi BlackBerry® de +Móvil!

—–Original Message—–
From: Carlos Fong
Date: Sun, 23 Jan 2011 04:21:33
To:
Subject: Re: Fwd: No fuimos héroes

Hay muchas cosas que recuerdo, pero son más las que quisiera
olvidar.
Para mí hay dos clases de seres humanos: los que optan por salvar al hombre
y los que optan por destruirlo.
Estamos condenados a elegir.
Yo ya elegí y usted también.
cf

Exacto. Ellos eligieron también y aprendieron de una forma cruda que el crimen no paga.
Ser menores de edad no los hace menos responsables de sus actos y no es justo compararlos con los mártires de enero del 64. La fecha es pura coincidencia.
Dios quiera que al menos uno de los dos que aun quedan vivos pueda echar el cuento y evitar que otros jóvenes caigan.

Mensaje enviado desde mi BlackBerry® de +Móvil!

 

 

 

 

 

Área caliente

A casi un año de mi desafortunado incidente con los maleantes de mi ciudad (Delito contra el patrimonio económico: Hurto), y de la horrible experiencia que pasó mi esposo en su oficina (Respetado Sr. Presidente) la inseguridad vuelve a tocar a mi familia.

Esta vez la víctima nuevamente fue mi esposo, quien este lunes se encontró con la ventana trasera de su carro destrozada y huecos vacíos donde iban sus bocinas y su equipo de sonido, este último, regalo de cumpleaños, apenas se había instalado tres días antes.

La alarma nunca sonó y el vidrio roto estaba recostado de un hidrante a un par de metros del carro. Al parecer el carro ya estaba vigilado y habían frito la alarma.

Aparentemente de nada sirve vivir en una calle supuestamente tranquila, con la estación de policía más cercana a 5 minutos a pie, si con este son al menos cuatro autos vandalizados, un robo en residencia y un secuestro express.

Me comenta una conocida que vive en Altos de Panamá que la situación es bastante parecida ahí y según lo que le dijeron a mi esposo en la DIJ, estamos considerados como área caliente.

Pareciera que de nada sirve trabajar para procurarte una mejor vida si va a venir un pendejo a hacer su navidad a costilla de tu esfuerzo.

Polvo eres…

Según Benjamín Franklin, “Nada en este mundo es seguro a excepción de la muerte y los impuestos”. Por morboso que suene, a mis 25 añitos, estoy clarita con que no quiero ser enterrada cuando me muera.

Honestamente, me causa pánico la idea de caer en un coma y que milagrosamente despierte para darme cuenta que me han metido en un cajón del cual no puedo salir. Además, la idea de una misa de cuerpo presente me parece muy de mal gusto.

Por más que digan que todos somos parte de una cadena alimenticia, tampoco me agrada mucho la idea de convertirme en comida para gusanos, y, con las opciones existentes, igual en polvo iremos a parar. Por lo menos la cremación es un poco más versátil. Pueden guardarte en una urna, arrojar tus cenizas al mar o a un río, o lo cual yo pensaba era bastante ecofriendly, plantar un árbol con ellas. Claro, todo esto después de haber contribuido a prolongar la vida de alguien más al donar tus órganos.

Tenía la idea de tener todo eso cuadrado a mi nada avanzada edad era un tanto morboso, hasta que encontré este artículo…

Polvo eres y en polvo te convertirás…

Ni cremación, ni entierro: liquidificación

Un bioquímico escocés cree haber hallado la mejor forma para deshacerse de un cuerpo sin contaminar el medio ambiente.

Ni cremación, ni entierro: liquidificación

“Hidrólisis alcalina”

A simple vista puede confundirse con una lavadora industrial, una secadora o incluso con una suerte de tomógrafo.

Pero en realidad, este aparato diseñado en Escocia es un dispositivo que -según sus creadores- permite deshacerse de los restos humanos de una forma más ecológica que la cremación o el entierro.

La técnica, conocida en inglés como Resomation, imita el proceso de hidrólisis alcalina que ocurre naturalmente cuando un cuerpo se descompone. Sólo que este caso, la descomposición que normalmente ocurre en un lapso de hasta 20 años, se produce silenciosamente en cuestión de dos o tres horas.

“Nosotros sumergimos el cuerpo en una solución de agua con hidróxido de potasio y lo sometemos a un temperatura de 180ºC”, le explicó a BBC Mundo Sandy Sullivan, una de las personas detrás de esta iniciativa.

Como resultado se obtiene una pila de cenizas, similares a las que produce la cremación.

Las ventajas ecológicas, según Sullivan, son múltiples.

“En principio, tiene el beneficio de que no requiere espacio. Y en comparación con los métodos de cremación tradicional, tiene una huella de carbono mucho menor ya que utiliza ocho veces menos energía”, explicó Sullivan.

“Además no produce emisiones de dioxinas ni de mercurio dado que, al final del proceso, las amalgamas de la dentadura pueden recuperarse”.

Caderas postizas, como nuevas

El cuerpo se envuelve en una funda de seda (también puede ser lana o cuero) y se coloca dentro de un ataúd de madera para trasladarlo al aparato.

Restos

“Restos”

Como la madera no puede ser sometida al proceso de hidrólisis alcalina, el cajón se recicla para el próximo cuerpo.

Otra ventaja adicional, señala Sullivan, es que el método de descomposición acelerado permite reciclar cualquier implante médico que contenga el organismo.

“Después del proceso, los implantes como las articulaciones de cadera o rodilla, por ejemplo, quedan en condiciones impecables. Pueden volverse a utilizar y beneficiar a muchas personas que no pueden acceder a estos tratamiento médicos por falta de dinero”, explicó Sullivan.

En cuanto a su costo, el inventor escocés señala que es muy similar al de la cremación, a la que también se parece en cuanto a la forma de la ceremonia.

Solución amable, económica y verde

El método no es completamente nuevo. Fue desarrollado en el pasado para deshacerse de los cadáveres de animales afectados por enfermedades como la aftosa o el mal conocido popularmente como la enfermedad de las “vacas locas”.

Sandy Sullivan

“Sandy Sullivan”

Lo que Sullivan hizo fue transformarlo en un proceso específico para lidiar con el cuerpo de seres humanos.

Actualmente está aprobado en cinco estados de Estados Unidos (Florida, Colorado, Maine, Minnesota y Oregon) y en Toronto, Canadá.

Sullivan espera que para fines de abril el Parlamento Escocés -que está considerando el tema en estos días- apruebe su utilización en Escocia.

“Desafortunadamente no hay una forma linda para irse de este mundo”, dijo Sullivan.

“Creo que al menos este método ofrece una solución compasiva, amable, rápida, económica y además, no contaminante con el medio ambiente”, concluyó el inventor escocés.

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No entendí…

Hoy, a 6 días del robo en mi auto, llegó finalmente la DIJ a mi casa a hacer un “empadronamiento”. Lo más útil fue saber que demoran dos semanas en procesar las huellas que tomaron de mi carrito el viernes.

Mientras tanto, ya hice el reporte interno en mi trabajo para ver si de repente el seguro cubre la pérdida y será cuestión de esperar a que aunque sea alguna de las cámaras aparezcan de aquí a un par de meses en alguna casa de empeño, de preferencia la Nikon.