Category: economía


Hoy anunciaron oficialmente la muerte de Hugo Chávez Frías.
Digo “anunciaron” porque realmente no sabemos a ciencia cierta si fue que falleció hoy, o en diciembre como dice Willie Cochez.
La cosa es que gústele a quien le guste (no hay forma bonita de poner esto): pasó lo que tenía que pasar. Hugo Chávez era una persona, un ser humano, a carbon based life form, así que eventualmente iba a morir.
No digo que su vida o su muerte no sean eventos trascendentes y sí, se trata de alguien que fue hijo, esposo, padre, amigo y posiblemente hermano de alguien que muy seguramente hoy lo llora, pero me pregunto si realmente se merece la retrahila de halagos y lamentos que mandatarios y líderes ahora le profesan.
Si me preguntan, y hablo en base a las consecuencias del éxodo venezolano hacia Panamá y conversaciones con estos expatriados, solo podría deducir que Chávez se dedicó a hacer caridad con el bolsillo ajeno, ganándose a las clases populares con programas de altísimo interés social al tiempo que expropiaba y ahuyentaba la inversión privada y hacía insostenible la vida para la clase media de su país.
Hoy vemos una nación hermana dividida en la alegría y la incertidumbre, y los resultados de estos sucesos ya resuenan en Panamá.
No dudo que Chávez cambió muchas vidas, pero ya quedará a la historia juzgarlo.

Muy al contrario de lo que muchos puedan pensar, la responsabilidad social corporativa no es un tema bonito ni cosmético.
No se trata de limpiar parques, pintar escuelitas, ni mucho menos salir en la tele con el chequesón en mano para la Teletón. Estos son ejemplos de voluntariado y filantropía, los cuales son elementos clave de la responsabilidad social corporativa, sin embargo, por si solos no hacen que una empresa sea socialmente responsable.
En realidad la responsabilidad social corporativa trata de cosas tan básicas y sin las cuales la generación de riqueza no fuera posible: pagar impuestos, ofrecer salarios justos a tus trabajadores, generar productos y/o servicios de calidad, cumplir con tus compromisos ambientales y legales, comunicar de forma ética y veráz, contratar proveedores/mano de obra local, solo por mencionar algunos ejemplos.
En medida que una empresa cumpla con las leyes y estándares aplicables a su negocio, esta será menos vulnerable a huelgas, demandas o multas, por ende será una empresa financieramente sólida y esto redunda en mayores márgenes de ganancia, o como mínimo, en una inversión segura. Esto también genera para los trabajadores un ambiente estable y competitivo que idealmente atrae y retiene al mejor talento y reduce la tasa de rotación de planilla, lo cual a su vez reduce gastos en el entrenamiento de personal nuevo.
Una empresa socialmente responsable identifica y cumple sus compromisos, excede las expectativas y comparte sus buenas prácticas para que puedan ser replicadas.
Esta replicabilidad debe extenderse a clientes, proveedores y empresas dentro de la industria, reforzando y extendiendo la cadena de valor.
Más que programas, la responsabilidad social corporativa es un modelo de negocio estratégico enfocado a la sostenibilidad, lo cual debe garantizar el éxito del negocio a largo plazo. Esto implica que las buenas prácticas deben iniciar desde adentro del negocio, con gobernabilidad, transparencia, administración y procesos productivos saludables y el cumplimiento de compromisos aplicables, y de ahí hacia afuera, con el relacionamiento comunitario, voluntariado y ya en un punto más evolucionado, incidiendo en políticas públicas.
Este tema no es nuevo para Panamá y poco a poco las empresas han ido evolucionando de la filantropía y donaciones dispersas, sin una visión de sostenibilidad para el negocio ni para sus comunidades vecinas, a la generación de modelos de negocio ético, inclusivo e inversiones sociales estratégicas para la empresa y sus audiencias clave.
Este movimiento inclusive ha llevado al establecimiento de la norma ISO 26000, la cual fuera recientemente homologada por el Ministerio de Comercio e Industrias.
Esta norma no es certificable, pero sí es auditable y abarca componentes de las normas ISO 9001 (calidad), ISO 14001 (ambiente) y OHSAS 18001 (seguridad y salud ocupacional), lo que facilita la verificación de estos estándares.
Más que cadenas, la responsabilidad social corporativa teje redes que generan valor compartido para la empresa, accionistas, clientes, proveedores, trabajadores y comunidades vecinas.
Bien lo dijo Henry Ford, “un negocio que sólo da dinero, es un negocio pobre”.

Este lunes vi en CNN la entrevista que le hiciera en vivo Ismael Cala al ex vicepresidente y canciller, además de posible candidato a la presidencia en el 2014, Samuel Lewis Navarro.

No faltó un vivo que le dijera a Cala que le preguntara sobre el hecho de que Donald Trump fuese declarado persona no grata en Panamá, y por supuesto, ni cortos ni perezosos, hicieron leña del árbol caído.

Si bien es cierto que la forma en que Trump fraseó lo que dijo no fue nada diplomática, pero tampoco dijo ninguna mentira.
El que conoce la historia de Panamá, debe estar consciente de que a diferencia de otros países, nosotros no tuvimos que derramar sangre por nuestra independencia. Es más, el gobierno estadounidense le pagó a los colombianos una suma bastante generosa para la época con tal de que se quedaran tranquilos.
Además, la crítica fue para el gobierno de Jimmy Carter por haber dejado ir el canal, que ahora después de 11 años de administración panameña es una grandiosa fuente de ingresos y desarrollo. Si yo fuera gringa, también estuviera cabreada.
A pesar de que los gringos lucraron, nunca vieron el canal como una empresa, solo como un punto  estratégico para el tránsito de su flota, lo cual para ellos en ese entonces era más importante que el ingreso que el canal generaba, además que para la época en que se firmaron los tratados, eran tiempos de relativa paz.
En contraste, la ACP maneja el canal y otros activos como sus instalaciones recreativas y la venta de electricidad para generar ingresos, cosa que no se hacía durante la era de la administración de los Estados Unidos.
El tipo es comerciante, no político y metió la pata.  En realidad la lucha fue por el acceso de los panameños a la zona, no por el mismo canal. No deberíamos hablar sobre “reversión del canal”, sino de “reversión de la zona canalera”, puesto que  fueron ellos quienes construyeron el canal. En teoría, no pueden regresarnos algo que no fue nuestro en un principio. Hasta se podría decir que en vista de que tuvieron que salir de de la zona, no les quedó de otra que dejarnos el canal…
Yo la verdad pienso que se ha hecho demasiado barullo cuando hay criollos dicen atorrancias de mayor calibre, como el Confucio que teníamos en el consulado en Miami. Lastimosamente, mucha de la gente que estudia la carrera diplomática muchas veces los dejan añejándose como funcionarios y no los llevan ni a Churuquita Chiquita, solo porque no son hermanos o primos de alguien influyente, pero eso ya es harina de otro costal.
Ahora para rematar, Trump le dijo a Siria Miranda en una entrevista que eramos nosotros los que ahora le debemos una disculpa…

Pobreza y corrupción

Hoy aprendí que la corrupción disminuye el producto interno bruto en un 17% alrededor del mundo.

Este impacto negativo se hace más frecuente en países donde el soborno es común, afectando principalmente a los países más pobres… países como el nuestro.

Juega vivo, hermano, que aunque pague hoy, mañana te agarran.

Comparto este artículo cortesía a mi subscripción gratuita al boletín de CentralAmericaData.

Feliz Día de la Tierra, gracias al capitalismo

por Jerry Taylor

Jerry Taylor es Académico Titular del Cato Institute.

El Día de la Tierra (22 de abril) es tradicionalmente una fecha para la Izquierda—una celebración de la habilidad del Estado de entregar bienes ambientales y de amenazas sobre el desfile de desgracias que descenderán sobre nosotros al menos que no nos sometamos a los reguladores y administradores burocráticos. Esto es desdichado ya que es el empresario—y no el burócrata o el activista ambiental—quien merece la mayor parte del crédito por los avances ambientales del último siglo y quien representa la mejor esperanza por un mañana más verde.

De hecho, no tendríamos ambientalistas en nuestro medio si no fuera por el capitalismo. Los servicios ambientales son, después de todo, bienes de lujo. Estados Unidos—al igual que la mayor parte de los países subdesarrollados hoy en día—no tenía un movimiento ambiental del cual hablar hasta que los niveles de vida aumentaron lo suficiente de tal manera que nuestra atención varió de enfocarnos en proveernos comida, abrigo, y una educación razonable a otros asuntos que involucran “un nivel de vida más alto.” Entre más adinerado es uno, más probabilidades existen de convertirse en un ambientalista. Y la gente no sería rica si no fuera por el capitalismo.

La riqueza no solo engendra ambientalistas, sino que también calidad ambiental. Existen docenas de estudios que demuestran que, conforme el ingreso per cápita aumenta inicialmente de los niveles de subsistencia, la contaminación del agua y el aire aumenta de forma similar. Pero una vez que el ingreso per cápita se encuentra entre los $3.500 y los $15.000 (dependiendo del contaminante), la concentración ambiental de los contaminantes empieza a disminuir tan rápidamente como había aumentado previamente. Esta relación es cierta para virtualmente cualquier contaminante importante y en cualquier región del planeta. Es una ley de acero.

Dado que las sociedades más adineradas utilizan más recursos que las sociedades más pobres, tales conclusiones son de hecho contra intuitivas. Pero los hechos no mienten. ¿Cómo se explica entonces esto?

La respuesta obvia—que las sociedades más ricas están dispuestas a canjear los costos económicos de la regulación gubernamental a cambio de mejoras ambientales y que las sociedades más pobres no lo están—es solo parcialmente correcta. En Estados Unidos la disminución en la contaminación generalmente antecedió la aprobación de leyes que demandaban controles de polución. De hecho, en la mayoría de los contaminantes, las disminuciones fueron mayores antes de que el gobierno federal aprobara su panoplia de regulaciones ambientales que luego de que la Agencia para la Protección Ambiental entrara en escena.

Mucho de esto tuvo que ver con las demandas individuales por la calidad ambiental. Por ejemplo, la gente que podía costearse hornos menos contaminantes los compraron. Aquellos que querían servicios de recreo gastaron su dinero en éstos, generando oportunidades de ganancia para la provisión ilimitada de naturaleza. Los valores de la propiedad aumentaron en áreas más limpias y decayeron en zonas más contaminadas, desplazando capital de inversiones “Cafés” a inversiones “Verdes.” Los agentes del mercado suplirán cualquier cosa en lo que la gente quiera gastar el dinero; y cuando la gente está dispuesta a gastar su plata en calidad ambiental, el mercado la suplirá.

Mientras tanto, el capitalismo premia la eficiencia y castiga el desperdicio. Compañías hambrientas de ganancias encontraron formas ingeniosas de reducir las inversiones de recursos naturales necesarias para producir todo tipo de bienes, lo cual redujo la demanda ambiental sobre la tierra y el monto de desperdicios que fluyen a través de chimeneas y cañerías. Conforme aprendemos a hacer más y más con una cantidad dada de recursos, el desperdicio implícito (el cual se manifiesta en la forma de contaminación) disminuye.

Esta tendencia fue ampliada por el cambio de industrias manufactureras a industrias de servicios, las cuales caracterizan a las economías más adineradas y en crecimiento. Estas últimas son mucho menos contaminantes que las primeras. Pero las manufactureras son requisitos necesarios para las de servicios.

Los derechos de propiedad—un requisito necesario para las economías de libre mercado—también proveen fuertes incentivos para invertir en recursos. Sin dichos derechos de propiedad, nadie se preocuparía sobre ganancias futuras ya que nadie podría estar seguro de estar presente en el futuro para cosechar las ganancias. Los derechos de propiedad son también medios importantes mediante los cuales se pueden hacer realidad los deseos privados por la conservación y la preservación de los recursos. Por otra parte, cuando el Estado mantiene un monopolio en dichas decisiones, las preferencias de las minorías en las sociedades en desarrollo son impuestas (para detalles ver lo acontecido en al antiguo bloque soviético).

Además, únicamente las sociedades adineradas pueden costearse las inversiones necesarias para asegurarse mejoras ambientales básicas, tales como el tratamiento de aguas residuales y la electrificación. El agua insalubre y la contaminación del aire interior (causada principalmente por la quema de combustibles orgánicos en las casas para cubrir las necesidades de calefacción y cocción de alimentos) son directamente responsables por aproximadamente 10 millones de muertes al año en el mundo subdesarrollado, haciendo de la pobreza el asesino ambiental número uno del planeta hoy en día.

El capitalismo puede salvar más vidas amenazadas por la contaminación ambiental que todas las organizaciones ambientales juntas.

Finalmente, los avances tecnológicos que son parte de las economías en crecimiento crean más recursos naturales que los que consumen. Esto debido a que lo que es o no es un “recurso natural” depende de la habilidad de aprovechar el recurso de marras en beneficio del ser humano. Los recursos son, por lo tanto, una función del conocimiento humano. Ya que el acervo cognoscitivo aumenta de manera más rápida en economías libres que en economías socialistas, no debería sorprender que hoy en día la mayoría de los recursos naturales son más abundantes en Occidente que nunca antes, sin importar que medida se utilice.

Esto no quiere decir que las regulaciones estatales no hayan tenido ningún impacto o que no tienen valor alguno ocasionalmente. Sin embargo, quiere decir que el libre mercado es un aliado—y no un enemigo—de la Madre Tierra. La Izquierda, en consecuencia, no tiene ninguna reivindicación sobre el Día de la Tierra.

Traducido por Juan Carlos Hidalgo para Cato Institute.