Category: periodismo


Hoy anunciaron oficialmente la muerte de Hugo Chávez Frías.
Digo “anunciaron” porque realmente no sabemos a ciencia cierta si fue que falleció hoy, o en diciembre como dice Willie Cochez.
La cosa es que gústele a quien le guste (no hay forma bonita de poner esto): pasó lo que tenía que pasar. Hugo Chávez era una persona, un ser humano, a carbon based life form, así que eventualmente iba a morir.
No digo que su vida o su muerte no sean eventos trascendentes y sí, se trata de alguien que fue hijo, esposo, padre, amigo y posiblemente hermano de alguien que muy seguramente hoy lo llora, pero me pregunto si realmente se merece la retrahila de halagos y lamentos que mandatarios y líderes ahora le profesan.
Si me preguntan, y hablo en base a las consecuencias del éxodo venezolano hacia Panamá y conversaciones con estos expatriados, solo podría deducir que Chávez se dedicó a hacer caridad con el bolsillo ajeno, ganándose a las clases populares con programas de altísimo interés social al tiempo que expropiaba y ahuyentaba la inversión privada y hacía insostenible la vida para la clase media de su país.
Hoy vemos una nación hermana dividida en la alegría y la incertidumbre, y los resultados de estos sucesos ya resuenan en Panamá.
No dudo que Chávez cambió muchas vidas, pero ya quedará a la historia juzgarlo.

Me acuerdo clarito qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001: Estaba en 5to año y teníamos una excursión con el colegio a las oficinas de la Autoridad de la Región Interoceánica, la cual en ese entonces administraba lo que en ese tiempo aun llamábamos “área revertida”.

Íbamos llegando al edificio y decían en la radio que un avión había explotado, pero con toda la algarabía, creo que solo los profesores estaban prestando algo de atención. Lo más seguro era un accidente aéreo…

Nos desconectamos de todo durante la gira. Después, era que un avión se había estrellado. Cuando llegamos al colegio, estaba la gente pegada a la tele de la biblioteca, viendo algo que parecía sacado de una película: aviones estrellándose contra un edificio, llamas y gente saltando.

Hoy, 10 años después, encuentras anuncios de seguridad reforzada en los aeropuertos de Estados Unidos, reportes de posibles bombas en Washington, y por supuesto, especiales y documentales sobre la tragedia en cuanto canal te puedas imaginar, que ni aun teniendo cable te salvas, a menos que quieras ver cómicas… Igual, mi hijo no me deja otra opción.

Aquí es cuando entran los tweets: revista Time, Naciones Unidas, la Casa Blanca, diarios y periodistas hablando de reportajes especiales, conmemoraciones y cómo los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron al mundo.

No ha faltado aquel que dijera que esta no es la única tragedia que ha cambiado al mundo, o qué tal con las víctimas de los gringos en otros lugares.

Pienso yo que cada quien le hará homenaje a sus caídos como mejor le parece. No nos olvidemos que en el World Trade Center murieron personas de unas 70 nacionalidades y eso es una de las tantas cosas que hacen que los hechos de aquel día sean tan relevantes fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

Entre los tantos tweets que han surgido el día de hoy, he visto un par bastante horribles, como si fuera que lo que pasó ese día fuera buscado y el resto del mundo tuviera razón para celebrar.

Ahora, tenía a penas 5 años cuando Estados Unidos invadió Panamá, en 1989 para sacar a Manuel Antonio Noriega (para mayor referencia: “20 años después“), y todavía no hay cuenta exacta de cuánta gente murió cuando bombardearon El Chorrillo para acabar con el cuartel central de las Fuerzas de Defensa. La cosa es que se llevaron a Noriega y mi país va a cumplir 22 años de democracia.

Recuerdo también que para ir al Causeway, tenías que pasar por una garita donde un MP gringo inspeccionaba el carro. Eso era pasando el antiguo YMCA, antes de girar a donde queda ahora un Friday’s. En ese entonces aun éramos turistas en nuestro propio territorio. Tampoco era que aceptábamos eso tan alegremente, sino, averiguen por qué es que conmemoramos cada 9 de enero como día de duelo nacional.

Ahora comprendo que eso nos queda de lección a los panameños por haber dejado a un extranjero negociar nuestra soberanía y dejarnos vender el alma con el tratado Hay-Buneau Varilla, pero me desvío como siempre.

Sí, es cierto que Estados Unidos ha estado metido en cuanto conflicto armado se nos pueda ocurrir, y no los defiendo por eso, pero que no se nos olvide el cuento completo: en Panamá, Noriega declaró la guerra, en la II Guerra Mundial, todo estaba tranquilo hasta que les bombardearon Pearl Harbor…

Y que la guerra que hay en Afganistán es producto de un ataque no provocado en tiempos de (supuesta) paz… y fuera de las acciones militaries, no conocemos realmente cómo esta guerra ha cambiado la vida de cientos de miles de personas.

En el tiempo que fuí estudiante en Arkansas, cuatro años, conocí la historia de una muchacha, que para poder asumir la custodia de su hermanita luego de la muerte de su mamá, se enlistó en la Guardia Nacional para poder tener un ingreso fijo. Luego de eso, estalló la guerra. Otra compañera, lloraba cuando a su papá lo mandaban a Kuwait, sin ninguna certeza de volverlo a ver, y un amigo también, que me contaba las historias de un amigo suyo, militar, que contaba la horrible experiencia de tener que decidir si dispararle a una niña, o dejar que esta llegara a una escuela con la bomba que tenía atada.

Estoy segura que ninguno de ellos quiso pasar por eso.

En esa época, pude aprender sobre la historia de los Estados Unidos y conocer a su gente, y no son tan diferentes a nosotros, a pesar de los grandes contrastes que podemos encontrar entre su historia y la nuestra.

Hablo de gente noble, cálida y emprendedora, con una cultura de trabajo; gente que forjó un país huyendo de persecusiones religiosas, hambruna y esclavitud, y con eso no quito que cosas horribles hayan pasado durante la conquista del Oeste. América Latina, en cambio, fue colonizada por criminales y otra gente prescindible a la que montaban en los barcos de los exploradores porque a nadie le importaba si se hundían, y vinieron fue a robar y violar.

Y hay cosas que no cambian. Si hay algo que tengo claro, es que allá educan a la gente para emprender negocios, acá, para que trabajes para alguien más, entre tantas otras cosas que puedo mencionar.

Hablamos mal de todo un pueblo, basándonos en estereotipos ficticios y absurdos que vemos en la tele y en el cine, pero no admitimos que desayunamos Zukaritas, salimos a correr con un par de Nikes mientras le chateamos al amigo desde un iPhone.,.

He dicho.

Soy comunicadora de profesión. No estoy segura cómo hallé ahí mi vocación, a pesar de que cuando era niña, me ponía la bata de mi mamá y decía que cuando fuera grande, quería ser “La Licenciada Lezcano”, como mi mamá.

Mi mamá, quien es farmacéutica, trabajó por 17 años en la Caja de Seguro Social y yo prácticamente me crié detrás del mostrador de la farmacia del Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid. Es más, a principios de este año, que fui por primera vez en calidad de cooperativista a una asamblea de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Acción Nueva, R.L. (la cooperativa de los farmacéuticos), me salió una ex compañera de trabajo de mi mamá diciendo “Ay! ¡Pero si tu eres la niña de Zaida! Yo soy Cleotilde, la que te paseaba por el hospital en una cajeta. ¿Te acuerdas?”

Debo añadir también que desde que tengo memoria, ha sido (y todavía es) parte de mis deberes como hija mayor acompañar a mi mamá a lanzamientos de fármacos, exposiciones y seminarios.

A todo esto, mi mamá opta por ir a las charlas destinadas a los médicos, ya que las que hacen para los farmacéuticos también están abiertas para asistentes y personal de apoyo, por lo que considera que el contenido ofrecido en estas últimas es muy básico para lo que ella realmente necesita, así que a mi me ha tocado estar expuesta a este tipo de información.

Al haber echado este cuento, espero que eso me de algo de credibilidad para opinar sobre lo que dijo hoy el Dr. Xavier Sáez-Llorens en su árticulo de hoy en La Prensa (se los comparto abajo).

Una de las citas que más causó furor entre los que lo leyeron (y eso que a penas son las 10 a.m.) fue “considero que la crisis sobre infecciones nosocomiales fue provocada por los medios”. Mi humilde opinión, es que esta afirmación no es del todo exagerada.

A mis casi 27 años, ya he estado en casi todas las posiciones de trabajo disponibles en este país para un comunicador: como periodista, en agencia de comunicación corporativa, y como cliente en una empresa. Esto me califica para decir que en este país, los periodistas de ciertos medios no cuentan con capacitación suficiente para poder abarcar con propiedad temas críticos para la vida ciudadana como economía, mercado eléctrico y salud pública.

Tanto así es, que me he topado con el hecho de que en ciertos medios, los que cubren temas de finanzas son personas formadas como economistas, no como periodistas, como es el caso de Luz Ettrick, quien hace un excelete trabajo. Me he encontrado también periodistas como Jessica Tasón, Alma Solís, Dionisio Guerra y Kerem Pérez, a quienes les apasiona su trabajo y buscan la mejor forma de hacer un periodismo íntegro y responsable. Así mismo, también he encontrado periodistas que no saben que una hidroeléctrica funciona con agua, lo que se supone debieron haber aprendido en algún punto de su educación primaria, o escriben sobre “Barbie en el Lago Swan”, cuando en realidad se trata de “El Lago de los Cisnes”, una de las magnas obras del repertorio de ballet clásico (tristemente, no lo estoy inventando y me reservo sus nombres para proteger al inocente).

Ahora, volviendo al tema de la llamada bacteria asesina, sí creo que la crisis se ha exacerbado por la falta de conocimiento sobre este tema y que los $5,000 que dicen que le están pagando al asesor de comunicación del la CSS, me parecen muy poco para arreglar este soberano arroz con mango.

Hablan de pacientes muertos infectados por la bacteria, pero no han dicho con claridad si los pacientes en efecto murieron por la bacteria, o por la dolencia que originalmente los llevó al hospital. Hablan de trasladar a los pacientes “sanos” al hospital de la 24 de Diciembre, pero al parecer nadie toma en cuenta que muy posiblemente estos pacientes hospeden la bacteria en el estómago, como me dice mi mamá es muy posible. Por cierto, ella es miembro del comité de nosocomiales del hospital donde trabaja.

La labor de un periodista es informar. No hacer conjeturas ni echarle picante a un hecho para vender más periódicos o aumentar el rating.

Hablan de la bacteria como si fuera culpa del gobierno de turno, pero nadie se acuerda de que durante el gobierno anterior ocurrió la deblacle del diethylene glycol. El tema de la CSS es uno de arrastre de hace décadas y no podemos esperar que en 5 años un solo director pueda poner orden en toda una institución enferma.

Opinión

MANEJO INFORMATIVO

Periodistas y bacterias: Xavier Sáez-Llorens

Xavier Sáez-Llorens
 

¿Qué será peor para Panamá, un periodista desinformado y venenoso o una bacteria nosocomial y virulenta? No me atrevo a dar una respuesta categórica. Decía Jorge Ramos, en reciente escrito, que el oficio de un buen reportero se basa en su credibilidad porque, de lo contrario, son muchos los afectados por una irresponsable noticia. Debido a los desafortunados antecedentes del dietilene glycol, la CSS es ahora evaluada con lupa, buscando el mínimo desliz para destruir la reputación de su personal sanitario y administrativo. Pidiendo disculpas a los comunicadores honrados y objetivos, considero que la crisis sobre infecciones nosocomiales fue provocada por los medios. Entrevistar a gente con intereses, no a expertos, es sesgar la información a conveniencia. Deben, por tanto, entonar el mea culpa y asumir su suspicaz implicación. Los alborotos mediáticos son aprovechados por la izquierda radical, la oposición y los gremios para pescar en río revuelto. Si consultan a Comenenal, todo director es corrupto. Si interrogan a Mauro o Frenadeso, todo funcionario es homicida. Para un político profesional, esos epítetos no producen cosquillas, pero un individuo honesto los sufre en demasía. Hasta analistas políticos, ministros y diputados han proseguido la secuencia de rebuznos. Sugiero clausurar la facultad de medicina porque hasta el más iletrado se cree en capacidad de debatir sobre microbios. Me consta, mi hermano ha intentado sacar la política partidista, cambiar el pernicioso status quo patrocinado por gremialistas y eliminar el crónico clientelismo que drena recursos financieros de la institución. Por pisar callos de corrupción y no aceptar coimas, la consigna de fondo impresiona ser sacarlo a como dé lugar. Por eso es que las personas decentes no se arriesgan a participar en la vida pública. Pobre país.

Resumo nuevamente conceptos sobre infecciones nosocomiales. Aunque Billy me pidió encarecidamente no hacerlo para evitar malinterpretaciones, la docencia es una de mis pasiones. Como este tema es uno de mis favoritos en la especialidad, tengo varios artículos científicos en revistas de prestigio y dicto conferencias en eventos nacionales e internacionales. Escribí algo similar durante la administración anterior (ver edición del 4 de mayo 2008). Tal parece, no obstante, que a ciertos profesionales del micrófono no les gusta leer o no les interesa aprender. Ellos prefieren vivir del morbo e incrementar sus ratings, sin importar el pánico que genera su verborrea. Intuyo, por tanto, que el papel que plasma estas palabras será utilizado para la asepsia del introito rectal.

Diariamente, se adquieren infecciones en cualquier sanatorio del planeta. Cada año, 2–4 millones de pacientes (5% de todos los admitidos) desarrollan infecciones en hospitales estadounidenses (Clin Infect Dis 2007;45:S85) y fallecen casi 100 mil por causa directa o indirecta, cifra que representa la octava causa de muerte, por encima del cáncer de mama o los accidentes de tráfico. En nosocomios de Europa y América Latina, las tasas son 2–5 veces superiores (Am J Infect Control 2008; 36:627). Los comités de cada institución monitorizan el número de casos afectados y toman medidas para mantenerse dentro de las estadísticas esperadas. Cuando la cantidad de infectados supera lo habitual, se ejecutan estrategias más rigurosas. Idealmente, deben implementarse mecanismos para auditar y comprobar que las recomendaciones son cumplidas al pie de la letra. Los informes son presentados periódicamente a la Comisión Nacional del Minsa, ente rector de la salud nacional. Ningún hospital del mundo vierte esta sensitiva información a los medios. Las infecciones nosocomiales no se clasifican en la categoría de negligencia sino como iatrogenia, un evento adverso que ocurre como consecuencia del necesario acto médico y no conlleva sanción civil o penal.

Las bacterias multi resistentes son comunes en los hospitales. Los gérmenes más temibles son el Estafilococo, el Clostridium, el Acinetobacter y la Pseudomonas. Estos patógenos han causado problemas en instituciones locales, estatales y privadas. En centros pediátricos ocurren también brotes nosocomiales de infecciones virales (VRS, influenza, varicela), con morbilidad y letalidad asociada. A juzgar por el caos montado, deberíamos cerrar todos los establecimientos médicos y encarcelar a sus directores. La peligrosa Klebsiella pneumoniae productora de carbapenemasas (KPC) ha emergido en la última década. Este microorganismo ha causado infecciones masivas en Estados Unidos, Colombia, Brasil, Argentina, Israel y toda Europa, con altas cuotas de mortalidad. Es usualmente introducido en los nosocomios por pacientes portadores y, una vez allí, resulta muy difícil erradicarlo, reapareciendo con frecuencia, tiempo después, por la admisión de nuevos enfermos acarreadores.

Es absurdo pensar que a algún ser humano normal no le importe la gente que muere. Estas cuestiones, empero, deben resolverse internamente porque cuando se ventilan en público, se erosiona la tranquilidad y confianza del usuario en nuestros hospitales. Exhorto a directores de medios para detener ese amarillismo atroz y entrenar a sus subalternos en el campo de la comunicación sanitaria. Parafraseando a Julius Marx, “la televisión nacional es tan educativa que cuando alguien la enciende me mudo de habitación y leo un libro”.

Ya bastante chiste hicimos con la pobre lechuza y Lucho Moreno. Yo inclusive puse un par de tweets diciéndole a una amiga que Hedwig le iba a dar de picotazos por no pasar una cadena de BlackBerry.

Ya sabemos que el tipo metió la pata (literalmente), y la está pagando bonito. Además, ahora con los carnavales, esto se ha vuelto una muestra más de que lo que el pueblo quiere es pan y circo, y estamos desviando nuestra atención de cosas realmente importantes.

Digo, nadie hizo revuelo porque derogaran la ley de minería, después de todo el desbarajuste que hicieron para lograrlo…

Habiendo dicho todo esto, comparto una nota que mi querido Tomás colgó en Facebook…

Miopía socio-política o estrabismo selectivo?

Me motiva escribir esta nota algunas experiencias que he estado viviendo esta última semana, y a las luces de la polémica del jugador panameño que patió un ave en un campo de juego a plena televisión nacional en el extranjero.

Con honestidad, y a riesgo de sonar insensible y que desmejore la opinión que muchos tienen de mi persona, pienso que se está haciendo DEMASIADO alboroto de un error humano.

¿Saben cúal siento que es el problema?  La falta de perdón y de tolerancia.

¿Pero que pasaría si todos nuestros errores fueran publicados en los medios?  Si cada una de nuestras faltas fuera exacerbada por una multitud enardecida que pidiera nuestras cabezas, saben qué me recuerda? Me recuerda una escena de una prostituta, una muchedumbre, y una voz que de entre la multitud, emitió lo que es hasta hoy una de las frases más célebres: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra…”

Si no me equivoco, todavía nadie la lanza… AH SI! los colombianos.

Cada uno de nosotros debe hacerse responsable de las consecuencias de nuestras acciones, y a él le tocará hacerse responsable de las acciones que cometió.  Pero es algo que deberá enfrentar él como persona.  Nadie debe ponerse en la posición de juzgar.

Personalmente no estoy de acuerdo con su actuar, mas no soy quien para condenarlo y llegar al extremo de decir que no merece vivir, como he leído en múltiples foros y chats en la web.

¿Pero qué puedo esperar de un pueblo que se asesina entre ellos mismos?  Recuerdo la muerte del defensa colombiano quien fue asesinado en su regreso al país cafetero por el autogol frente Estados Unidos, lo que le costó la eliminación al conjunto sudamericano en primera ronda.

¿Sabían que es una práctica común, cuando se hacen concursos de belleza en diferentes estados de colombia, el eliminar la competencia o las figuras favoritas del certamen con atentados de ácido sulfúrico a los rostros de las candidatas?

Pero yo no veo que el pueblo colombiano censure esas prácticas, y persiga a los agresores para llevarlos a la justicia.  ¿Y qué hablar del tráfico de mujeres de colombia a panamá?

¿Pero para qué señalar las faltas de la casa ajena, cuando aquí estamos manga por hombro?

Este año escolar empezó con escuelas poco o nada terminadas, con estudiantes con pocos o ningún recurso.  Maestros aferrándose a unas cuantas resmas de hojas blancas y unos cuantos lápices y crayones para poder enseñar.

A principios del mes de febrero hice un viaje de reconocimiento para una ruta de trillo por el valle.  Jamás hubiera imaginado encontrarme con los niveles de miseria que presencié.

Niños desnutridos, escuelas faltas de mantenimiento, poco o ningún recurso para los maestros.

Y yo no veo que de eso se haga noticia, o se divulgue y se hagan campañas para llevar ayuda a esas comunidades.  Y mucho menos veo que se solidaricen y se hagan recolectas.

Somos totalmente indiferentes a la realidad y al dolor nacional.  Y mientras el pueblo se distrae con una lechuza muerta, el gobierno se prepara para recortar los subsidios al consumo de 500 kwatts de energía eléctrica debido a la inminente alza descontrolada del petróleo, y quienes serán afectados, serán los hogares de pocos recursos.  ¿Y la atención del pueblo?  Esquiva, o indiferente.  O peor aún, no se han dado ni por enterado, pues la noticia del momento, es la lechuza.

Somos como somos, por eso nos merecemos lo que tenemos.  Volteamos la mirada a las problemáticas colectivas, porque no es nuestra incumbencia o porque no queremos la responsabilidad de vernos envueltos.  Así que simplemente volteamos la mirada.  Volteamos la mirada a los niños que caminan cinco kilómetros descalzos para poder llegar a un centro básico general.  Volteamos la mirada a las comunidades que no tienen como salir a comprar un cartón de leche.

Volteamos la mirada a la falta de apoyo a las comunidades de escasos recursos.  Y volteamos la mirada.

¿O será que somos viscos selectivos?

No nos sorprenda cuando Dios voltee su mirada de nosotros como pueblo…

Grandes esperanzas

Ya hace un par de días de mi última entrada (Becas universales, ¿Para qué?). Antes de dar clic en el botón de “Publicar”, se lo leí a mi abuela, quien reaccionó algo sorprendida de que la hubiese mencionado.

Le dije a mi abuela que si vas a escribir, escribe de lo que sabes, y si vas a opinar sobre algo, más vale que sea de un tema que manejes, o que por lo menos investigues sobre el tema para poder emitir una opinión medianamente educada. Igual pasa con la profesión del periodista, que le toca investigar a fondo para poder informar a su público, pero me desvío del tema… que novedad.

Como decía, más vale escribir sobre lo que se sabe, sobre lo que se vive, y posiblemente mi experiencia más rica para poder compartirla a una audiencia, y sobre la cual he puesto muy poco en este blog, inició hace 37 semanas y muy pronto llegará a un punto clave: el nacimiento de Daniel Alberto.

Probablemente no haya hecho más que un par de menciones en vista que casi todo lo estoy volcando en un cuaderno, el cual le pasaré a mi hijo cuando tenga edad suficiente para leerlo.

Desde el inicio de mi embarazo, he ido narrándole a mi bebé la experiencia de tenerlo en mi vientre, sentirlo y verlo crecer, con la esperanza de que cuando lo lea, pueda entender cómo su llegada al mundo ha cambiado mi vida, la de su papá y la de nuestras familias.

Ahora resulta que Daniel llega mañana… estoy ansiosa, contenta, asustada, tengo ganas de llorar y un hambre voráz que solo puedo explicar con el hecho que ya me indicaron que no debo comer nada en las 12 horas previas a mi cesárea.

Tal vez mi hijo nunca caiga en cuenta de tal cosa, pero su llegada a este mundo no es casualidad, y aun sin haber salido del vientre, ya ha logrado grandes cosas.

Ya se acabó la trifulca en Bocas y ahora vienen las especulaciones…

Que si fueron 4, 9 ó 15 muertos en los disturbios.

Que si Martinelli es persona non grata en Bocas.

Que si el PRD estuvo financiando a los manifestantes como táctica para desestabilizar el gobierno de turno…

Que si los sindicalistas se tomaron las emisoras. Otros dicen que ellos tenían las puertas abiertas y que estas son propiedad de un diputado opositor.

Ahora me llega por distintas fuentes el reporte de la gira de CEASPA con la Defensoría del Pueblo.

Según lo que entiendo del reporte, todas las versiones se contradicen: el hospital dice que no atendió niños producto de las manifestaciones, pero la iglesia dice que sí.

Yo lo único que sé es que lo que hoy quedan son escombros de una ciudad que hasta cierto punto ya estaba a un paso de convertirse en un pueblo fantasma.

El aeropuerto, que por cierto, había pasado meses en acondicionamiento, fue vandalizado y ni las sillas vi cuando pasaron los reportajes en la tele.

El Global Bank fue incendiado y en frente, el apartamento de uno de mis compañeros de trabajo fue desvalijado.

Lo peor es que cuando le preguntaban a la gente si sabían qué dice la Ley por la que estaban protestando, la respuesta era NO.

Ahora, hay proyectos de inversión grandes en la provicia, y según estadísticas de la Contraloría, el desempleo en Bocas del Toro ha disminuido de 9.6% en 2006 a 6.5% en 2009. Después de esto, quién va a querer invertir ahí?

Estas protestas no eran por justicia, sino por poder. El poder de unos pocos sinverguenzas en la cúpula del Suntracs que mantienen a punta de la ignorancia de los miembros de su sindicato, todo esto, mientras que algunos medios de comunicación idealizaban la lucha y satanizaban a la policía, que para rematar tenían sitiada en el cuartel.

La gente del Suntracs se aprovecha de la ignorancia de la gente, haciendoles creer que luchan por un ideal, cuando en realidad todos son títeres de Genaro, Saúl y su combo, que no quieren perder el jugoso ingreso que representa la cuota sindical.

El Suntracs cobra el 6 % de su salario, cada quincena, a los trabajadores y me atrevo a apostar que es de ahí de donde sacan para las propiedades y las 4 x 4 de lujo mientras que los que realmente trabajan se comen un cable.

Todos los días me toca pasar por ahí para ir a de mi casa al trabajo y regresar.

Yo vi el accidente. Vi a la señora recibiendo ayuda y el bultito tirado a media calle.

Ese día era mi primera clase de manejo y no pasa un día que no me acuerde.

Ah! Y también sé como se llama la susodicha en cuestión y que trabaja como oficial de Derechos Humanos en la Defensoría del Pueblo y eso (y su salario también) es información pública, pero ahora resulta que está “de licencia”, así que los datos del salario ya no están disponibles.

Ahora, digamos que era una niña de 17 años en un BMW que atropelló a una madre con su bebé. Solamente con esos datos la satanizan, pero el haber huido de la escena y no haber hecho el más mínimo esfuerzo para socorrerlos ya la convierten en la mala de la película por derecho propio.  Pero también podríamos decir que cualquiera se hubiera espantado. ¿Correcto?

Pero resulta también que un accidente que le pudo haber pasado a cualquiera, y una reacción como la de huir, que también le pudo haber pasado a cualquiera se tornó en una acción criminal cuando mami, en ese entonces juez municipal, deliberadamente mandó a reparar el BMW blanco en cuestión…

Más que la propia joven, la criminal aquí es su madre, que tras no haberle enseñado a su hija a asumir sus responsabilidades, para rematar ha sacado ya mucho provecho de su cargo como servidora pública.

Ahora, no vengan a decirme que el hablar de este caso en un foro público atenta contra la reputación y honra de alguien, cuando se trata de hechos verídicos, reportados ampliamente en los medios locales.

Lo mejor es que no necesito decir cómo se llaman para que se sepan de quién estoy hablando (y así no violo ninguna normativa de la orden del juez Hyman).

Si algo de lo que he escrito es falso, espósenme de una vez.

Conoce más sobre el caso:

Justicia para Giovanni Murillo

Tribunal excime a Latorraca

Cuando los homicidios ocurren por accidente

Bananama Republic (el titular incluye el nombre de la implicada, pero no necesito decirlo)

Fulanita es Oficial de Derechos Humanos

Chica que atropelló a un niño en 2003 es oficial de derechos humanos

Juez favorece a hija de funcionaria de la Corte

Juan Manuel Díaz
jdiaz@prensa.com

Un juez prohibió difundir la identidad de la mujer que estuvo involucrada en un accidente automovilístico en el que atropelló mortalmente a un menor de tres años hace siete años, y que es hija de una alta funcionaria en la Corte Suprema de Justicia.

El juez penal de Adolescentes, Argo Hyman, también prohibió difundir datos del expediente, ya archivado. La Corte Suprema sostiene que los procesos de adolescentes son “estrictamente confidenciales”, pero la joven que estuvo involucrada ya es mayor de edad.

Juez penal prohíbe informar sobre proceso judicial

Juan Manuel Díaz C.
jdiaz@prensa.com

El Juzgado Primero Penal de Adolescentes, en auto 139-10 del 1 de junio pasado, prohibió a los medios difundir información relacionada con la identidad de una mujer procesada y absuelta en el año 2007 por el delito de homicidio culposo.

La mujer es hija de una alta funcionaria del Órgano Judicial que, además, aspira a convertirse en magistrada del Segundo Tribunal de Justicia.

La prohibición del juez Argo A. Hyman –que actuó a petición del abogado Ronier Ortiz– se extiende a los diarios digitales y páginas web que permiten foros abiertos con opiniones anónimas.

Hyman fundamentó su prohibición en el artículo 37 de la Constitución, que se refiere a las “responsabilidades legales” de la libertad de pensamiento, cuando se atente contra la reputación u honra de las personas.

El juez también apela a los artículos 13, 15 y 16 de la Ley 40 de 1999 (“ley de adolescentes”) y los artículos 18 y 16 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, ya que cuando ocurrieron los hechos la mujer era menor de edad.

Celma Moncada, abogada de una de las víctimas de este proceso, aseguró que la orden del juez Hyman viola el derecho a la información y censura hechos que fueron de conocimiento público.

En tanto, el presidente del Consejo Nacional de Periodismo (CNP), Guillermo A. Adames, opinó que “estas son acciones éticamente repugnantes que invitan a pensar que se pretende mantener un monopolio en cualquier acción penal que involucre a los miembros de la tribu en el poder”.

La ex magistrada de la Sala Penal y del Tribunal de Niñez y Adolescencia Esmeralda de Troitiño reconoce que hay un principio de “reserva”, pero se pregunta “por qué ahora hay un pronunciamiento” del juez Hyman, siete años después de ocurridos los hechos y cuando han transcurrido tres años desde que la procesada fuera absuelta.

Canibalismo social

Lástima que tenga que ser un extranjero y no un criollo en sacar todas estas verdades a colación.

EL MALCONTENTO

Canibalismo social

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com

La vida me ha llevado por segunda vez a la subestación policial de El Chorrillo, no como detenido, pero sí como observador.

Debería ser visita obligatoria para estudiantes, jubilados, empresarios, miembros de organizaciones no gubernamentales, organizaciones de derechos humanos, ministros varios, presidentes de la República y esa especie agrupada bajo el sobrenombre de “honorables” –excluimos a turistas ante la obsesión de solo mostrarles imágenes bien lustradas–.

La gira permitirá conocer una parte de la Panamá real, tener un registro de casi todos los derechos humanos que se pueden violar, podrán hacer un análisis de por qué nuestros agentes de Policía son malencarados, de por qué los muchachos de El Chorrillo acumulan rabia y odio a toneladas, podrán sentir a qué huele la exclusión y las aguas negras y, de ñapa, sentirán en carne propia el miedo real… no el mediático.

La violencia que ejerce el Estado es doble: una hacia los funcionarios policiales que, sumado a su baja formación intelectual, deben trabajar en condiciones infrahumanas, en un entorno violento desde todos sus ángulos (social, económico, arquitectónico, etc…) y sintiéndose la última frontera entre la Panamá de la prosperidad y el Panamá marginal.

La otra es la que estos, como representantes del poder más perverso, ejercen contra los ciudadanos desprotegidos, los que no conocen ni tan siquiera sus derechos fundamentales, los que no tienen abogado, los que por su color de piel, corte de pelo o vocabulario son sospechosos y, por tanto, detenidos sin garantías.

Nuestro Estado es violento y gestiona una sociedad donde los valores económicos superan a los éticos, donde la baja formación es una garantía para los poderosos y una sentencia para los que nacen excluidos. Los policías, hijos de la misma pobreza, son víctimas y victimarios al tiempo. Algunos jóvenes del gueto nacen son víctimas y se convierten en victimarios para vengar sin sentido y con sangre tanta injusticia.

Si no hago propuestas se me reclamará con justicia que es fácil criticar pero complejo solucionar y, aunque no soy un experto en nada, me voy a atrever a sugerir lo obvio.

Hasta que el Ejecutivo y los otros dos poderes del Estado no instalen una cultura de derechos en su gestión y en sus políticas públicas poco podremos avanzar. La formación de los funcionarios medios y bajos en materia de derechos humanos; la dignificación de los espacios públicos (menos plata para megaproyectos faraónicos como el metro y más para adecentar desde centros de salud hasta estaciones policiales, desde oficinas de Migración hasta corregidurías; la capacidad de tener información confiable de las situaciones de vulnerabilidad social e indicadores para darle seguimiento; salarios dignos en lugar de tanta botella; escuelas que formen ciudadanos en lugar de recintos para perpetuar la pobreza…

Paralelamente, los ciudadanos y ciudadanas deben de dejar de pedir para exigir, pero basados en derechos. Que no se repita el lamentable espectáculo del virrey Martinelli escuchando las miserias de cada cual en audiencia tan pública como poco constructiva, que todas y todos sepamos nuestros derechos, nuestros deberes y las obligaciones del Estado para con esta sociedad…

Ningún Gobierno lo ha impulsado porque no conviene. Un país en el que los derechos priman es un lugar de gentes exigentes con sus autoridades, que no permiten que se pierdan las conquistas sociales y que, muy al contrario, trabajan permanentemente para lograr nuevas metas. Sería este un desafío al “país de los primos” (como lo define Julio Manduley en su libro Panamá: estructura–coyuntura), de los cuatro que se benefician gracias a la violenta condición en la que deben vivir los muchos.

En las calles, la Policía intimida; en las oficinas, muchos funcionarios desprecian; en los despachos donde se toman decisiones los burócratas de corbata deciden qué es bueno para el país sin tener en cuenta a la mayoría; en el Palacio de las Garzas, se feria el país en un clima de corrupción y arbitrariedad que supera lo antes visto (y eso parecía difícil).

Cuando la violencia comienza desde arriba, abajo se convierte en canibalismo social.

Una de mis primeras experiencias con los medios panameños fue cuando inicié mi búsqueda de un lugar para hacer mi práctica profesional, la cual empecé un año antes en vista de que estaba estudiando fuera del país y tendría que hacer mi práctica durante las vacaciones entre mi tercero y cuarto año.

Llamé a una de las casas editoriales de Panamá pensando que me comunicarían con recursos humanos y que de ahí evaluarían mi caso, y, de ser positiva su respuesta, eventualmente me asignarían a alguno de sus periódicos. Contrario a lo que yo pensaba, me comunicaron directamente con el entonces sub-director de su conocido tabloide de crónica rojo, quien muy amablemente me invitó a pasar por su oficina para conversar. Naturalmente, tenía mis aprehensiones sobre cómo una práctica en este tabloide se vería en mi currículum en un futuro, pero igual fui.

Una de las cosas que más recuerdo del día de la cita fue cómo, mientras explicaba sobre sus métricas de circulación, me mostraba desde su computadora páginas típicas del diario y saltaban a la vista las páginas con la chica de las siliconas y el muerto ensangrentado du jour,  a lo que él decía que ellos escogían “la foto menos traumática posible”.

Curiosamente, un par de días después, hubo que esconder todas las copias disponibles de dicho tabloide en el lugar donde trabajé ese verano, ya que la foto de primera plana era un close-up del hijastro de uno de los señores con quien trabajaba, que murió por una bala perdida.

Sí. La foto menos traumática posible, pero… ¿para quién?

Han pasado ya cuatro años de ese episodio y soy una fiel convencida de que la idea de que el sexo y la violencia venden no es más que un mito.

Es cierto que la gente se estimula fácilmente por el morbo producido por una escena con sangre o un bikini propiamente relleno, sin embargo, uno conscientemente no busca verlo, sino que al estar disponible, uno se va a ver atraido a esa clase de imágenes.

Con esto, quiero decir que como comunicadores nosotros somos responsables por el tipo de información que ponemos a disposición de la gente, no de la circulación de un periódico o del rating del noticiero estelar.  Nosotros nos debemos a la gente. Es por eso que les debemos respeto y esto lo se lo demostramos al presentar los hechos de forma clara, veraz y objetiva. Al tratar a nuestra audiencia con el respeto que se merecen, la circulación y el rating se cuidan solos.

Si hay una cosa que debemos entender es que, somos nosotros los que decidimos qué es relevante en un hecho. 

En un accidente, por ejemplo, ¿qué es noticia? ¿Las víctimas en el pavimento, o el hecho de que una tragedia mayor pudo haberse evitado si los patrullas que llegaron a la escena tuviesen aunque sea un entrenamiento básico de primeros auxilios, o un protocolo establecido para estos casos?

Denunciemos las carencias en lugar de exprimirle más lágrimas a la viuda preguntándole cómo se siente. Claro que se va a sentir mal, si le acaban de matar a alguien…

No prestamos ninguna clase de servicio a la sociedad si nos limitamos a ser expectadores de los hechos. Pregunten qué ocurrió y cómo. Pregunten cómo pudo haberse evitado, o qué medidas de prevención pueden tomarse. Usen un poco más su cabeza y busquen un ángulo más creativo que no requiera mostrar al hijo/padre/hermano de alguien cuando su vida corre peligro. ¡¡Ayuden a los oficiales a hacer su trabajo y manténganse fuera de la escena!!

La profesión del comunicador es tan digna como la de ser médico, maestro, ingeniero, bombero, enfermero, pero ese respeto de la sociedad lo perdemos con cada gota de sangre y con cada lágrima que permitimos que salga innecesariamente en pantalla, escudándonos hipócritamente detrás de los principios de libertad de expresión cuando solo quieren asegurarse $0.35 más en el bolsillo.

Honestamente no es mucho lo que recuerdo específicamente del 20 de diciembre de 1989. Tenía solo 5 años, pero la acción de la época la vi casi desde butacas VIP.

De un lado, tenía la Universidad de Panamá y hasta mi casa llegaban los gases lacrimógenos cuando habían protestas. Recuerdo los pitufos, los doberman, los pañuelos blancos y a mis vecinos aporreando pailas (dice mi mamá que yo acompañaba aporreando potes de helado). Del otro lado, tenía los almacenes de Vía España, escenario del saqueo. Mi calle era ruta obligatoria para la gente de Curundú que hizo shopping ese diciembre cortesía de los gringos.

Tampoco es mucha la información disponible sobre este periodo en los libros de texto. Dicen que eso se debe a que muchos de los historiadores son nacionalistas y prefieren no narrar hechos que manchen la historia patria. Tal vez prefieran no recordar, o quieran evitar alguna clase de confrontación, como la que vi este jueves entre Maribel Cuervo de Paredes y Renato Pereira en el especial de Telemetro.

Aunque tampoco creo que sea tan fácil sacar el coraje de desenterrar esos muertos cuando la nueva democracia premia a los esbirros de Noriega con ministerios y curules, como es el caso de Benjamín Colamarco, Balbina Herrera, Pedro Miguel González y Daniel Delgado Diamante, por mencionar a algunos.

Al cumplirse 20 años de la caída de Noriega, los medios de comunicación y comentaristas de toda talla nos bombardean con su versión de los hechos.

Por ejemplo, La Estrella sacó una serie de 20 entregas diarias desde el 1 de diciembre titulada “La Caída”, por Guido Bilbao. La Prensa presenta opiniones contrastantes con los artículos de Betty Brannan Jaén (posiblemente civilista y anti-PRD) y Elda Maúd De León (quien elogia los logros del gobierno revolucionario y menosprecia el Panamá post-invasión), y El New York Times coloca el evento en su sección “On This Day” con todo y reproducciones de la portada de esa fecha disponible para su compra.

Basada en sus entrevistas para un video realizado para La Estrella online (http://www.laestrella.com.pa/mensual/2009/12/20/contenido/lacaida.asp), la periodista Yureth Paredes concluye en su locución que para los jóvenes de hoy, el diálogo hubiese sido clave para acabar con la dictadura de Noriega y que la invasión fue un hecho innecesario. Aparecen 5 entrevistados, de los cuales 4 dicen su edad. De estos cuatro, uno tiene mi edad, otra era una bebé y el otro ni siquiera había nacido para cuando ocurrió la invasión, por lo que realmente no califican (ni yo tampoco) para dar una opinión de peso sobre los hechos.

A falta de documentación y datos estadísticos de veracidad comprobada (todavía hoy no se sabe realmente cuánta gente murió en la invasión), la poca o nula información de los libros de historia, y la desaparición de los periódicos de esa época que mi tío guardaba, no me queda más recurso que lo que sale en los medios, o los cuentos de mi mamá.

¿Fue realmente necesaria la invasión? Realmente no lo sé, pero la historia demuestra que la libertad se paga con sangre y por más antibélica que diga ser, con diálogo no sacaron a Hussein ni sacarán a Chávez ni a Fidel.

¿Fueron necesarias esas muertes? No y nunca lo serán. Pero para estas fechas se acuerdan es de los que murieron en el proceso de acabar con la dictadura y no de los que murieron durante ella.

Honestamente no es mucho lo que recuerdo, pero sé que así de fácil no lo olvidaré. Quien quita y si hubiese escrito en ese entonces lo que escribo hoy, tal vez me hubiesen desaparecido también.

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Portada del NYTimes del 20 de diciembre de 1989