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Muy al contrario de lo que muchos puedan pensar, la responsabilidad social corporativa no es un tema bonito ni cosmético.
No se trata de limpiar parques, pintar escuelitas, ni mucho menos salir en la tele con el chequesón en mano para la Teletón. Estos son ejemplos de voluntariado y filantropía, los cuales son elementos clave de la responsabilidad social corporativa, sin embargo, por si solos no hacen que una empresa sea socialmente responsable.
En realidad la responsabilidad social corporativa trata de cosas tan básicas y sin las cuales la generación de riqueza no fuera posible: pagar impuestos, ofrecer salarios justos a tus trabajadores, generar productos y/o servicios de calidad, cumplir con tus compromisos ambientales y legales, comunicar de forma ética y veráz, contratar proveedores/mano de obra local, solo por mencionar algunos ejemplos.
En medida que una empresa cumpla con las leyes y estándares aplicables a su negocio, esta será menos vulnerable a huelgas, demandas o multas, por ende será una empresa financieramente sólida y esto redunda en mayores márgenes de ganancia, o como mínimo, en una inversión segura. Esto también genera para los trabajadores un ambiente estable y competitivo que idealmente atrae y retiene al mejor talento y reduce la tasa de rotación de planilla, lo cual a su vez reduce gastos en el entrenamiento de personal nuevo.
Una empresa socialmente responsable identifica y cumple sus compromisos, excede las expectativas y comparte sus buenas prácticas para que puedan ser replicadas.
Esta replicabilidad debe extenderse a clientes, proveedores y empresas dentro de la industria, reforzando y extendiendo la cadena de valor.
Más que programas, la responsabilidad social corporativa es un modelo de negocio estratégico enfocado a la sostenibilidad, lo cual debe garantizar el éxito del negocio a largo plazo. Esto implica que las buenas prácticas deben iniciar desde adentro del negocio, con gobernabilidad, transparencia, administración y procesos productivos saludables y el cumplimiento de compromisos aplicables, y de ahí hacia afuera, con el relacionamiento comunitario, voluntariado y ya en un punto más evolucionado, incidiendo en políticas públicas.
Este tema no es nuevo para Panamá y poco a poco las empresas han ido evolucionando de la filantropía y donaciones dispersas, sin una visión de sostenibilidad para el negocio ni para sus comunidades vecinas, a la generación de modelos de negocio ético, inclusivo e inversiones sociales estratégicas para la empresa y sus audiencias clave.
Este movimiento inclusive ha llevado al establecimiento de la norma ISO 26000, la cual fuera recientemente homologada por el Ministerio de Comercio e Industrias.
Esta norma no es certificable, pero sí es auditable y abarca componentes de las normas ISO 9001 (calidad), ISO 14001 (ambiente) y OHSAS 18001 (seguridad y salud ocupacional), lo que facilita la verificación de estos estándares.
Más que cadenas, la responsabilidad social corporativa teje redes que generan valor compartido para la empresa, accionistas, clientes, proveedores, trabajadores y comunidades vecinas.
Bien lo dijo Henry Ford, “un negocio que sólo da dinero, es un negocio pobre”.

Una de las cosas más importantes que he aprendido en mi trabajo, tal vez la más importante, es a vivir una cultura de seguridad.
Hacer tu trabajo de forma segura no se trata de hacer las cosas de cierta manera porque así lo manda la empresa. Se trata de que estés consciente de que de eso depende que regreses a casa después de la jornada y que puedas transmitir esa conciencia a tus seres queridos e inclusive a extraños.
Recuerdo que al poco tiempo de haber empezado en esta empresa, hace casi cuatro años, nuestra gerencia de seguridad realizó un simulacro de evacuación en coordinación con el Benemérito Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de Panamá (porque así se llaman). En esa ocasión éramos solo los de mi trabajo, quienes ocupábamos tres pisos de los veintitantos que tiene el edificio donde laboramos y creo que no llegábamos a las 70 personas.
Cada año también se realizan capacitaciones en primeros auxilios y extinción de incendios para todo el personal, los cuales son certificados por la Cruz Roja Panameña y los beneméritos señores. El que haya tomado la capacitación es elegible para ser designado como brigadista.
Estos planes son exigidos por nuestro sistema de gestión integrado, el cual está certificado por ISO 14001 y OHSAS 18001, normas de ambiente y seguridad/salud ocupacional respectivamente.
Me comentan que se invitaba a otras empresas a participar de los simulacros, pero de cuatro que respondían, tres aceptaban y al final éramos solo nosotros.
Eventualmente, nuestro gerente de seguridad encontró algún fundamento legal que obligaba a edificios con bancos a realizar simulacros de emergencias (con eso de que son blanco fácil o algo así) y la administración del edificio se puso las pilas para contratar una consultoría para el diseño de un plan de emergencias y coordinar evacuaciones con todo el edificio.
En este tiempo hemos tenido un par de evacuaciones programadas, al igual que una que otra falsa alarma, incluyendo una en la que me tocó bajar con todo y una barriga de cinco meses.
Cuando suena la alarma, la instrucción es salir tal y como estés (nada de regresarse por carteas o celulares) y bajar de forma rápida y segura y dejando camino abierto para que los bomberos puedan hacer su trabajo.
Aun con estas indicaciones impartidas ya a todo el edificio, aun me encuentro con gente que se regresa a sus oficinas, que baja las escaleras hablando por celular o que se recuestan a la pared para chatear. Algunos incluso nos hacen burla cuando los brigadistas vamos dando instrucciones para que aceleren el paso y podamos salir de esto más pronto.
Todas estas acciones entorpecen el ejercicio y estoy segura que esas personas que lo toman de chiste son aquellas que en caso de una emergencia real entrarán en pánico y muy posiblemente empeoren la situación.
Hay quien diría que es como cuando Juanito gritaba “¡viene el lobo!” solo para llamar la atención y cuando fue verdad nadie le hizo caso. Sin embargo, no es como ya no hubiéramos tenido que evacuar por situaciones reales e inminentes, por ejemplo, cuando explotó el tanque de gas de Sushi Express de área bancaria, que nuestro edificio se remeció y se activaron las alarmas. ¿O es que ya nadie se acuerda?
Yo lo único que se es que tengo un hijo por quien regresar a casa.