Category: maternidad


Mi Napo cumplió dos añitos.

Hablamos de 731 amaneceres, 1,052,640 minutos y dos traslaciones alrededor del sol… puesto en esos términos, suena como mucho camino recorrido por un hombrecito tan pequeño.

Confío en que está bien. El siempre ha sido un niño sano, dulce, inteligente, vivaracho, y mientras eso sea así, no debo preocuparme.

Hay mucho de lo que nos hemos perdido estos últimos cuatro meses, pero aun no se ha inventado prueba de la cual Dios no me haga salir con éxito. Él no me ha fallado y yo no le fallaré a mi niño… Solo hay que tener fe.

Este tiempo que he pasado separada de mi hijo no pesa lo suficiente como para echarse al traste todo lo que tenemos por delante.

Confío que pronto lo tendré en mis brazos de nuevo.

Nada que valga la pena viene fácil. Sé que pronto se nos hará el milagro y pronto dejaremos de contar.

Mi Napo y yo

Mi Napo y yo

Día 116

Poco a poco, las buenas noticias se han dado. Aun hay un par de trabas, gracias a ese sistema legal tan moderno y expedito que disfrutamos en Panamá, pero Dios quiera que tenga a Napo pronto conmigo.

Me dicen que sea paciente, que solo falta un par de cosillas para que todo se resuelva. Ese par de cosillas toman tiempo (aye, there’s the rub), pero no me desanimo.

¿Que solo me queda ser paciente? ¿Esperar? Pídanle eso a otra.

Ladillo a mi abogada y a su equipo. Me voy al juzgado así sea que solo me vean la cara.

Leo, me instruyo. No me gusta que nadie me eche cuento.

Me río. Y mucho. Napo no puede encontrar a su mamá con el alma ni la cara arrugada.

Napo y yo tenemos muchos planes juntos, aventuras que emprender y charcos a los que saltar cuando me diga “agua allá”.

Mientras tanto, hay un documento muy importante en el escritorio del magistrado Salas que solo requiere su firma…

Entre todo, ha sido un buen día y todos lo serán mientras tenga salud y voluntad de pelear por mi Napo.
Esta mañana logré hablar con él o más bien hablarle.
Le digo que su mami lo ama, que lo piensa todo el tiempo y que pronto lo sacará de ese calabozo donde lo tienen. Le canto esa de Los Panchos que el y yo bailamos apretaditos: “Me importas tú y tú y tú y solamente tú y tú y tú y nadie más que tú”… Jamás imaginé una canción tan sencilla y tan perfecta como esa.
Aun no me cabe en la cabeza que su papá se limpie diciendo que si no contestan es porque Daniel jugando le quita el timbre al teléfono y por eso no escucha cuando llamo.
También hablé con mi abogada y me informa que rechazaron el recurso de reconsideración que interpuso el abogado de Tomás.
Ya esto es otra cosa más a nuestro favor, pero, al igual que con los demás procesos, hay términos que deben ser respetados.
La espera es tediosa, pero por mi Napo, esto no es nada.

“Alguna mamá #bloggera por aquí? #mamastuiteras”, fue el llamado.

Era Isha, una mamá mexicana a quien hacía rato seguía por twitter. Una comparte temas de maternidad, lactancia, colecho… esas cosas que nos convierten a las mujeres de individuos a miembros de una tribu, de una hermandad.

“mande”.

No pasó mucho rato y recibí un DM de ella. Necesitaba ayuda para añadir una foto en un post que había colgado en su blog. Le di mi correo y ella me envió la foto y sus datos de administrador para que entrara, algo que definitivamente yo no haría.

La verdad no me costaba nada prender la compu rapidito y hacer el favor, además que si tan importante era para ella como para darle acceso a una extraña en otro país, por algo era.

Fue ahí cuando leí el post. Mi respiración se cortó.

Hacía dos semanas sus hijos, Nico y Sophie, habían sido secuestrados por su papá y desde entonces no los ha visto.

Eran otros nombres, otro país, pero su historia era la mía. La única diferencia era que ella se había atrevido a hacer pública la suya.

Hoy son 92 días desde que Tomás se llevó a Daniel de mi casa con engaños y amparado bajo tecnicismos legales y artimañas de un abogado sucio, lo ha mantenido lejos de mi.

Hablamos del mismo Tomás con quien compartí mi vida, al que le di un hijo y lo apoyé financiera y emocionalmente, aun cuando su propia madre decía que lo que el tenía, ganado honradamente, era demasiado para el.

En los últimos tres meses mi familia y yo hemos pasado por el proverbial calvario, entrando y saliendo de juzgados, consultando con abogados e incluso sometiéndonos a pruebas sicológicas para demostrar que no hay problema con que mi Daniel esté conmigo.

Ha dicho desde que soy una mamá negligente, que metí a Daniel en una guardería porque no me interesa cuidarlo, hasta que soy una persona violenta y que sufro de depresión, e incluso presentó un informe psicosocial de mi familia con datos falsos, elaborado por la esposa de su abogado en calidad de perito. Todos estos argumentos fueron diligentemente declarados como no probados por el fiscal de niñez y adolescencia al ver los reportes de medicina forense y trabajo social practicados por los especialistas del Ministerio Público tanto a mi niño como a mi y a mi familia.

Aun se me revuelve el estómago de pensar que a mi hijo lo tuvieran que llevar a ese mismo lugar donde le hicieran los exámenes a Wild Bill.

Luego de un mes, tuve un fallo en mis manos que decía que mi hijo debía regresar conmigo, cuando el trámite fue suspendido por una recusación y una advertencia de inconstitucionalidad en la Corte Suprema que introdujo el abogado de Tomás en contra de la juez. Eso fue a principios de septiembre.

En vista de que la juez había resuelto devolverme a Daniel, quedaba sin objeto decidir sobre las visitas supervisadas que habíamos solicitado mientras este tema se aclaraba, por lo que me quedé como el perro de las dos tortas.

En el juzgado nos decían que no había nada que impidiera que viera a mi hijo, pero tampoco había nada que le exigiera a Tomás dejármelo ver.

Logré conversar con el un par de veces y lo que hacía era tratar de marearnos con su abogado. Nos decía que nos dejaría ver a Daniel y luego se desaparecía. Parece que no le es suficiente la tortura de no estar con mi hijo y no acercarme a esa casa para evitar cualquier cosa que el pudiese utilizar en mi contra para que me haga pasar por su mamá como intermediaria para comunicarme con mi propio hijo, las raras veces que me contestan el teléfono, o que me diga, casi en éxtasis “está dormido”.

Pasaría un mes más para que se resolviera la recusación contra la juez, sin embargo, el abogado de Tomás ha logrado dilatar el asunto por lo menos una semana más con un recurso de reconsideración, lo que evita que el archivo sea regresado al juzgado original para que se ejecute la entrega de mi hijo. Y lo peor, citan como jurisprudencia un caso de derecho marítimo, como si mi hijo fuera algún bulto en aduana.

Me pregunta Isha que cómo le hago…

Peleo todos los días. Esto es temporal. He esperado pacientemente a que el proceso tome su curso, pero sin ser pasiva.

“Tu dolor es mi dolor,” me dice. “Aquí, nos acompañamos.”

Trato de consolarme pensando que mi hijo está bien, que independientemente de las razones enfermizas que tengan su abuela y su papá para retenerlo, lo cuidan bien y que esto es solo temporal, pero no deja de partirme el alma cada vez que alguien en el trabajo me pregunta por el y me toca sonreír y contestar “¡Está enorme!”

Mientras tanto, me refugio en mi familia, mis amigos y en mi trabajo.

Busco fuerzas en un Jesús, que más que deidad, para mi es un revolucionario.

Me renuevo en mi Daniel y en los planes que tengo con el y todas las noches de abrazos que nos toca recuperar.

No pienso hablarle mal a mi hijo de su papá, pero algún día el preguntará y no me quedará de otra que ser transparente con el. He llevado un relato detallado del caso, para que ninguno de los dos olvidemos lo que nos ha costado nuestra felicidad.

Mi mamá nunca me enseñó a doblegarme y no pienso aprender ahora.

Todo está en manos de Dios y mi abogada. Esto solo es el principio.

Recientemente, Isha, una de las mamas en mi TL de twitter, posteó un articulo en su blog sobre La Liga de la Leche, y acordamos en que compartiría mi experiencia con ellos, la cual hasta ese momento se resumía a un e-mail sin responder y un breve intercambio en la Feria del Bebé.

Ya había leído sobre La Leche League en artículos sobre lactancia, pero un día finalmente se me prendió el foco de meterme a su website y así fue como finalmente descubrí que LLL tenía capítulo en Panamá y que ese fin de semana estarían el la Feria del Bebé.

Para esos días, recientemente me había reintegrado a mi trabajo y no se me estaba habiendo fácil eso de estarme ordeñando en la oficina, así que eso de contar con un grupo de apoyo me sonaba sencillamente maravilloso.

Les escribí (ese correo en particular no ha sido respondido todavía) y fui al stand de LLL en la dichosa feria.

Como en el website hablan de “líderes locales”, yo esperaba encontrar mujeres maduras, prestas a compartir su experiencia como madres o que sé yo… En vez de eso, vi fue no más de cuatro muchachas como de mi edad repartiendo volantes con un muñeco amarrado al frente como si fuera un monito. Eso fue hace ya casi dos meses.

Hace unas semanas recibí una invitación a una de sus reuniones de apoyo. El tema anunciado: Factores para una lactancia exitosa. Escribí de vuelta de inmediato para pedir la dirección y pregunté si podía colocar la información en twitter.

Esta vez sí me contestaron. No había problema con que posteara la información, pero la persona me aclaró que solo compartiera el mapa con alguna amiga de confianza… Por seguridad…

Ahora, el correo no solo trataba sobre la invitación, sino que habían recordatorios dirigidos a las regulares sobre devolución de libros y pagos por alquiler de extractores de leche.

Alquiler de extractores de leche? El concepto no me era extraño ya que había leído sobre la opción en un artículo en Breastfeeding Magazine. Lo primero que se me vino a la mente fue qué tan sofisticados serán estos aparatos en particular para que te vayas por la opción de alquilar, cuando el que yo tengo, uno eléctrico marca Pigeon, solo salió en $45 y digo yo que me ha funcionado.

Según este artículo, un buen sistema de extracción de leche sale en unos $300 machacantes, pero en el momento no le paré mucha bola al tema ya que basado en lo que costó el mio, estos debían ser unos monstruos industriales.

El día que me llegó el anuncio de LLL, le comenté a Tomás sobre el tema de alquiler y el me dijo que cuando fue a comprar el que yo tenía, vio extractores hasta de $125, pero mi mamá le dijo que no se metiera a loco a comprar una bicha tan cara, y que yo ya me las arreglaría con el más barato.

Conociendo a mi madre, no me extraña que dijera algo así, palabras más, palabras menos. Lo que cabrea es que Tomás aun se queja de que también siguió el consejo de mi mamá para escoger la esterilizadora y esta solo tiene capacidad para cinco botellas…

Volviendo a LLL, no llegué a la reunión de ese sábado, en vista de que me perdí magistralmente… y estas mujeres se preocupaban por issues de seguridad.

Volví a recibir otra invitación. Esta vez la reunión era viernes a las 6:30 p.m. y era a un par de cuadras de mi trabajo, así que esta vez llegué fácilmente, aunque la aspirante a líder (porque así se identifican) igual me hizo la aclaración que si necesitaba mapa, con gusto me lo facilitaban, pero que no lo compartiera… por seguridad.

No se me ocurre que alguien vaya a querer irrumpir en una reunión pro-lactancia, o que nos vayan a querer secuestrar. En Panamá es más probable que te hagan un secuestro express, que es un evento fortuito que le puede ocurrir a cualquier ciudadano, que te secuestren por un rescate porque eres hijo de alguien prominente o gerente de alguna multinacional…

Anyways… Isha me había comentado que podía esperar tres o cuatro líderes en la reunión, eramos siete mujeres, incluyendo la líder, la aspirante a líder y anfitriona de la reunión, y otras cinco mujeres de las cuales, la única no embarazada era yo.

Cada quien se presentó y compartió su historia: las que ya éramos mamás, de cómo nos había ido o nos estaba yendo con la lactancia y las embarazadas contaban cómo les estaba tratando la panza. A todo esto, de las que ya éramos mamás, la única que actualmente estaba dando pecho era yo…

Debo decir que la reunión fue bastante educativa. Corroboró algunos datos que ya había leído en libros e internet y aprendí un par de datitos nuevos y muy útiles.

Por ejemplo, aprendí que un nino no tiene ritmos de sueño establecidos hasta los tres años y que dar pecho es una de las mejores armas que una mujer tiene contra la osteoporosis.

Según mi mamá, no hay que ir a la universidad o a ninguna reunión de apoyo para tener esta información a mano, pero en realidad no es tan fácil como lo ella lo quiere pintar. Claro, mi mamá es super mamá…

Ella cuenta que yo tomé pecho como hasta los seis meses, mi hermana un poquito menos y eso es suficiente. Yo quiero poder darle a mi hijo pecho por más de eso.

Lo mejor es que hay información actual, coherente y con fundamento científico que validan este deseo como madre, además que darle pecho a mi bebé es algo que nadie más puede hacer.

Mi abuela estaba ahí también cuando le eché a mi mamá el cuento sobre la reunión, y me dijo algo así como “crees que es una gran cosa la que estás haciendo”.

La verdad estoy más flaca que antes de quedar embarazada, pero me estoy alimentando bien, me siento saludable y saber que mi bebé come lo que yo como es un grandísimo estímulo para cortar porquerías de mi dieta. Ya ni soda tomo…

Le podrán dar una botella con fórmula, pero no sabe igual. Le podrán dar una botella con leche materna, pero no con el calorcito de mamá.

Este fin de semana acudí al canto de la sirena de la Feria del Bebé.

Como nueva mamá, pensé que sería una salída que me permitiría ver los productos que ofrecen las distintas casas fabricantes de chécheres de bebé y llevarme a casa una que otra muestra para probar cosillas nuevas para Daniel, sin embargo, la realidad que encontré fue muy distinta.

Primero, cualquiera pensaría que al tratarse de una feria sobre bebés, sería un lugar amigable para mujeres embarazadas o con bebés, pero no solo el lugar estaba atestado de gente, sino que cada stand competía a ver cuál era el más escandaloso.

Al principio Daniel alzaba su cabecita para ver a su alrededor, pero el ruido y la aglomeración era tal que le dio hipo, supongo que del susto. Tratamos de solucionarle el hipo con una botellita, pero sin éxito, por lo que decidimos buscar alguna esquinita para sentarnos y poder dar pecho, que es lo único que le ha funcionado a mi hijo en estos casos.

Esto me lleva de vuelta al hecho de que se supone que la audiencia meta de esta feria son futuras mamás o mamás con bebés (disculpen si esto se vuelve redundante), pero el recinto carecía de lugares, de preferencia al menos medianamente tranquilos para sentarse a descansar un ratito o a darle pecho o botella a un bebé.

Las opciones se limitaban a las escaleras, un par de butacas en el stand de Pampers y una triste silla reclinable en el stand de La Liga de La Leche.

Según Tomás, toda la feria era una trampa para mamás y hombres solteros (por las azafatas), y nuestra pequeña familia no pudo por mucho rato más con el escándalo de la feria.

Ya íbamos de salida cuando me topé con una de las chicas de Expo Eventos, a quienes conosco por cosas de trabajo, y aproveché para darles mi lista de recomendaciones para el próximo año, aunque la verdad no creo que vaya… lo único es que los productos te los ofrecen supuestamente más baratos que en los almacenes, pero solo un 20% y hay charlas para padres, pero son las mismas charlas que ofrece la gente de Pigeon, que además de ser gratuitas, no tienes que pelear con la turba de gente.

Mamás: todo se ve novedoso y bello y brillante… ¡cuidado!