Category: religión


I
La iglesia estaba más llena de lo que recuerdo haberla visto, aunque dice mi hermana que esto es normal para la misa de las 7 p.m.
Aun antes de iniciar el servicio, la gente hacía fila frente al altar. Luego explicaría el cura que se trataba de una reliquia de Juan Pablo II y cómo venerarla.
Entiendo que venerar (no adorar) santos es algo muy propio de la iglesia católica, pero es algo que no comparto.
Esta es gente que caminó la tierra, igual que uno y si bien sus vidas pueden ser ejemplo de bondad, coraje, humildad, whatever, no creo que hayan poderes sobrenaturales asociados a ellos, sus imágenes, escapularios ni nada de esto.
Ahora, esto de hacer fila para besar un relicario el cual contiene algo extraido de un cadáver me parece un tanto morboso. Y para rematar las iglesias se lo turnan para exhibirlo.

II
Teníamos a Daniel con nosotros, así que nos sentamos en una de las filas de atrás, junto a la puerta, en caso de que se pusiera inquieto y necesitáramos una salida rápida. Daniel para variar quería pararse, caminar, aplaudir, reir. A fin de cuentas, es un bebé.
En la fila frente a la nuestra había una señora mayor y tenía la sensación de que nos estaba mirando con cara de tuco, pero preferí no prestarle atención.
Mientras tanto, evitábamos los adorables exabruptos de mi hijo a punta de galletas.
Nos salimos un ratito antes de que se acabara la misa.
“¿Viste a la señora de en frente? Nos estaba mirando feo”, me dijo Tomás.
Yo no había querido decir nada, no fuera que yo estuviera imaginando cosas.
Esta señora estaba sentada con una pareja que traia con ellos una nena de no más de seis meses. La bebé no hacía mucho ruido, pero la mamá salió un par de veces para calmarla.
¿Qué hace pensar a esta señora que la niña no iba a crecer y sus padres no tendrían que recurrir a tácticas similares a las nuestras de aquí a un par de meses?
Y eso que yo siento que mi hijo se portó bastante bien.
Si fuera por miradas casi asesinas como las de esta señora, nadie con niños pequeños iría a misa.
Esto no es Estados Unidos donde las iglesias tienen áreas especiales donde puedes ir con tus niños sin molestar a otros, ni tienen facilidades para que duerman la siesta ni cambiar pañales, así que uno como padre hace lo que puede.
En algún lado de Mateo dice “Los que son como niños entrarán al reino de Dios”. Que no se nos olvide.

III
Luego de que la manada de gente salió de la iglesia, Tomás y yo volvimos a entrar para buscar al cura para consultarle sobre el bautizo de Daniel.
Había una niña con su mamá por delante de nosotros. Esta agarra la Semilla, el papel que dan en las misas con las lecturas del día, y se lo da al cura para que lo firme.
Cuando estás haciendo la catequesis para primera comunión es requerido que vayas a misa y te piden evidencia de ello, pero ¿acaso desconfían tanto de los chiquillos ahora que también deban llevar el papel firmado?
Creo yo que más importante que vayan y regresen con evidencia, es que los chicos entiendan lo que dijo el cura en la homilía y cómo esto hace clic con sus vidas.

El entremés
En ese rato que estuvimos afuera Tomás me comentó que cuando pasaron la canasta de la ofrenda, un señor echó un billete de $5 y sacó vuelto.
Nos pareció algo gracioso, pero de muy mal gusto al mismo tiempo.
Soy de la opinión de que si estás en una situación de esas en que $5 es todo el efectivo que cargas, o los das sin remilgos, o simplemente no des, y si quieres, da un poquito más a la siguiente.
El que da, lo hace de corazón y de forma voluntaria. Así como la viuda de las moneditas de cobre.
Hay gente que le he escuchado que eso de sacar vuelto de la canasta de la ofrenda es normal, pero, hey, acababan de pagar quincena Y décimo.
Cuando Dios te da, lo hace sin restricciones y no te pide vuelto.

La Cuaresma se fue tan rápido como llegó.
No noté su inicio por el fallecimiento de mi abuelo, el jueves justo antes de carnavales… aunque tampoco era como si tuviera pensado irme a culequear. Pensándolo bien, creo que los últimos carnavales que celebré propiamente fueron los del 2008, que me fui con mi familia a Chitré y cumplí mi sueño de treparme en un carro cisterna.
Ahora, llegó Viernes Santo y ni guardé ni hice sacrificio de ninguna clase durante estos 40 días.
Para Cuaresma mi abuela hace bacalao con papas y me lo como, no porque esté guardando, sino porque es delicioso.
Verán, el no comer carne me es indiferente, por lo que no me representa sacrificio alguno. En contraste, comer pescado o marisco representa un gran placer, por lo tanto, durante Cuaresma yo simplemente como lo que haya. Algo similar pasa con una compañera de trabajo que es alérgica a los mariscos y le toca buscar alternativas para su sacrificio.
Ahora, en lo personal me parece un tanto de mal gusto toparme con comerciales como el de Wendy’s promocionando su sandwich de pescado, el cual solo se ofrece para esta época, como si fuera el super platillo gourmet y echando al traste el propósito de tan desagradable invención (aquí es donde me toca aclarar que cuando era niña me intoxiqué con un emparedado de filete de pescado de McDonald’s y nunca más me vuelto a mirar uno).
Hoy que veníamos de vuelta a casa, Tomás preguntó si quería pasar por un Subway de tuna ya que “estábamos guardando”. Digo, si era por tuna, yo misma podía hacer un par de emparedados y listo.
Una vez en casa, mientras nos preparaba algo de comer, mi suegra sale con su retrahila de que hoy no se puede comer carne, que Tomás no puede comer carne, que debía comer tuna porque a el no le gusta la tuna.
Traté de explicarle que a mi la verdad guardar, en la forma de comer mariscos o pescado en vez de carne no cumple ningún propósito. Entonces la mujer me sale con una de sus joyas, algo así como “nosotros no somos de tu cultura”… Mínimo, en casa de mi mamá comemos culebra y adoramos a la luna en cueros.
Si supiera ella el sacrificio que estaba haciendo al no responderle de vuelta, a ver si así sigue jodiendo.
A la final, es cada loco con su cuento. Por cierto, Tomás come tuna como cualquier michirringo.

Hace casi un mes mi querido Tomás me comentó sobre un encuentro de parejas al cual le había invitado una amiga.
No le paré mucha bola hasta que Tomás me envió un correo notificándome que nos había inscrito al encuentro, llamado “Unidos por Siempre”.
No me gustó mucho que hubiera tomado una desición así sin haberme consultado, en especial tratándose de una actividad de viernes para domingo y para la cual debíamos estar en Colón puntualitos a las 6 de la tarde.
Rauda y veloz llamé a mi mamá para preguntarle si se podía quedar con Nipi ese fin de semana.
Luego de encargarme de tan importante diligencia, procedí a leer con calma el mensaje que había escrito la amiga de Tomás que nos invitaba a esta actividad. Soy bastante necia con eso de la escogencia de términos y me llamó la atención que dijera “su relación será reconstruida”. Lo primero que pasó por mi cabeza fue quien ostias le habría dicho a esta mujer que nuestra relación necesita ser reconstruida, ni que fuera que estuviera en ruinas.
Me molestó un poco, pero lo dejé pasar y solo por joder escribí “soltero” en la casilla de estado civil del formulario de inscripción.
Pasaron un par de semanas en las que estuvimos entrando y saliendo del hospital con Daniel, y Tomás me dice que tal vez no sea buena idea irnos un fin de semana con el poroto aun convaleciente.
“Tranquilo, amor”, le dije. “No es hasta el fin de semana de más arriba”.
Me habían agarrado en mis dos segundos de awebazón, cuando bien hubiese podido zafarme de ir a la actividad.
Creo que es prudente aclarar que no soy una persona gregaria y la sola idea de actividades como convivios, retiros, días familiares y talleres de integración, en los que te fuerzan a trabajar en equipo, me causan ansiedad y a todo esto Tomás no había considerado todo lo que habría que preparar, tanto para nosotros como para Daniel, siendo este un viaje que implicaría pasar dos noches fuera de casa.
Llegó el viernes y dejé todo listo desde temprano para evitar contratiempos en la tarde, pero Tomás y yo nos complicamos en la oficina, así que no llegamos a casa hasta pasadas las 7 p.m., y ninguno de los dos había comido todavía.
Finalmente arrancamos a eso de las 9 p.m., no sin antes hacer una parada en casa de los padres de la amiga de Tomás a recoger medias para el papá, quien era uno de los organizadores del evento. Su esposa fue quien le hizo las maletas y se le pasó empacarlas… Que Tomás no haga sus maletas él mismo pa que vea.
Dejamos a Daniel con mi mamá y empezamos nuestro camino.
Luego de 40 minutos en la autopista oscura y con neblina, un tongo que nos detiene por una supuesta infraccion, haber esquivado una mula atravesada y perdernos en Colón City, llegamos al hotel.
Una vez en el counter, nos encuentra una pareja que nos acompañaría a nuestra habitación.
Me llamaron la atención los corazones enormes con los nombres de las parejas en las puertas de los cuartos… Como si no fuera suficiente que se supiera que había un convivio de parejas en el hotel, sino que había que anunciar también exactamente dónde me estaba quedando.
Ya en la habitación, la pareja que nos acompañó entró con nosotros, lo que fue un poco incómodo, en especial porque ya era bastante tarde y queríamos descansar.
Es que tenían que explicarnos las reglas…
No. 1: en la mañana sonarían dos campanas: una para despertarse y otra para bajar.
(Ajá, ¿por qué no llaman a los teléfonos del cuarto y listo?)
No. 2: deben entregarnos celulares, berrys, tablets, beepers y cualquier eléctrónico que tuviéramos, inclusive relojes.
Tomás les explicó que no podíamos entregar nuestros celulares así como así, que trabaja sábado y debía estar disponible, al menos en la mañana, para supervisar aunque fuera por teléfono unos trabajos que habían quedado andando para uno de sus mayores clientes, y que yo tampoco entregaría el mío por mi trabajo y, lo más importante, habíamos dejado a nuestro niño en casa y tener comunicación nos brindaba tranquilidad.
Quedamos que no entregaríamos nuestros equipos, pero no lo llevaríamos a las actividades, lo que nos pareció muy razonable y se fueron sin alboroto.
Era una habitación muy bonita, y los organizadores se habían encargado de dejar pétalos de rosa en la cama y en la bañera, instalar un desodorante ambiental de esos eléctricos y (drumroll, please) cerrar con cadena y candado el mueble de la tele. Esto último me pareció un tanto ridículo, pero igual me reía. A Tomás, sin embargo, no le gustó para nada.
Ya nos disponíamos a cambiarnos cuando nos tocaron la puerta. Era el papá de la amiga de Tomás, quien había llegado con su esposa a exigir que acatáramos las reglas y entregáramos los celulares.
Se para en la puerta. Me mira. Vuelve a mirar a Tomás y le dice “contigo yo puedo hablar”, como que si fuera que yo estuviera pintada en la pared, o que fuera un ser inferior, cuál de las dos peor.
Tomás le explica con toda la ecuanimidad posible el porqué de nuestro proceder y que esto era un asunto de pareja, que lo conversaríamos y le informaríamos nuestra desición. El señor me mira como esperando que yo, aquel ser inferior con quien el no tenía nada de qué hablar, accediera. Solo lo miré y le dije en un tono firme “lo vamos a hablar”.
El señor nos indicó que el se retiraba, no sin antes informarnos que nos dejaba una guachimana en la puerta, para que le entregáramos nuestras pertenencias, claro, asumiendo que así lo haríamos.
Ahora la pregunta era si nos quedábamos o poníamos pies en polvorosa.
No habían pasado ni 10 minutos cuando nuevamente nos tocan la puerta. Eran tres personas más, quienes al igual que la pareja que nos guió a la habitación, entraron sin la delicadeza de pedir permiso.
Entre Tomás y yo tratamos de explicar, ya por tercera vez esa noche, toda la logística que habíamos implementado para poder estar ahí, que entedíamos que las habitaciones habían sido preparadas con mucho cariño, sin embargo habían cosas que nos parecían inapropiadas y que incluso, nos causaban disonancia por nuestros propios carácteres y dinámica como pareja.
Las dos mujeres empiezan a decirnos su experiencia y nos exhortan a quedarnos. “Ustedes necesitan esta experiencia”, nos decían.
Nos contaron que ellas pensaban que no necesitaban esto. “Yo descargaba mi estrés en mi pareja y mis hijos”, decía una. “Yo era una amargada”, nos comentaba la otra. Y por supuesto, la actividad en la que estábamos las había ayudado.
Nos parecía muy bien todo lo que estas mujeres nos contaban, pero ese no era nuestro caso.
Si bien nuestra relación no es perfecta (ni queremos que lo sea), llevamos nuestra pequeña familia con amor y pensábamos que este taller nos brindaría herramientas concretas para mejorar como padres y como pareja.
La reacción que recibimos de vuelta fue como si Tomás y yo estuviéramos en un estado de negación y nuestra realidad fuera una de gritos, abuso y al borde del divorcio.
En eso entra una nicaragüense a quien también debimos explicarle todo el rechinchal, lo que ya se estaba volviendo frustrante.
Su comportamiento con nosotros fue casi tan agresivo como el del papá de quien nos invitó.
La nica inclusive nos salió con eso de “¿ustedes creen en Dios?” y se puso a levantar las manos. “En el nombre de Jesús ato toda cosa maligna que impida que esta pareja se quede, bla, bla, bla”
Tenemos un hijo sano, inteligente y hermoso que es razón suficiente para estar convencida que Dios nos ama y cuanto más tiempo me quedaba, más me dolía haberlo dejado en casa por venir a escuhar semejantes sandeces.
A este punto Tomás ya estaba bastante irritado y decidimos que lo mejor era irnos a la brevedad posible. De nada valieron sus advertencias de carreteras oscuras… Claro, no han visto las lamparotas de nuestro pickup.
Dejamos que se fueran y acordamos ya irnos definitivamente, pero antes había que hacer pis (ni de eso nos habían dado chance). Ahí fue cuando vi el cable que colgaba: habían retirado los teléfonos de la habitación.
Agarramos nuestras mochilas y salimos rapidito para que no nos vieran. Entregamos las llaves en el counter y nos atajó una de las parejas que nos había “atendido” hacía un rato.
“Lástima que se vayan. ¿Tienen las llaves de su carro?”, nos preguntaron.
“Sí, las tenemos. Chao.”
Continuamos caminando hacia el carro y le pregunto a Tomás, “¿por que pensarían que no tendríamos las llaves de nuestro carro?”
“¡También te quitan!” Aceleramos el paso y arrancamos de vuelta a casa.
Llegamos a Panamá a eso de la 1 a.m., cansados, pero tranquilos de habernos dado cuenta de que enfrentamos esta situación juntos, unidos como pareja.
A la mañana siguiente hablamos con nuestros compadres, quienes son terapistas de familia, y al igual que Tomás, pertenecen al mismo movimiento que la gente que había organizado este retiro/taller. Les contamos con pelos y señales lo ocurrido la noche anterior y cómo nos sentimos durante este episodio.
Desde su perspectiva, nos explicaron que para los organizadores del evento fue más importante mantener las reglas del juego que hacernos sentir bienvenidos y que es muy peligroso que gente sin preparación profesional se tome atribuciones de organizar eventos para parejas, pero cuya metodología va en detrimento de las mismas. El habernos ido fue lo mejor que pudimos haber hecho.
Al final esta experiencia resultó ser una prueba para nosotros como pareja. Nos mantuvimos firmes, uno apoyado del otro.
Si ese era el propósito, excelente. Logramos nuestro cometido.
Sí, nos regresaron la plata y tal vez compremos ese schauzer que nos hace ojitos para que juegue con Daniel.

Nunca he sido fanática de las posturas de la iglesia católica, pero si hay algo que como profesional de la comunicación debo reconocerles, es el hecho que los condenados saben mover masas… a fin de cuentas, no sólo se trata de una institución religiosa, sino de una de las fuerzas sociales y políticas más poderosas del planeta. Ni siquiera la ONU tiene tanto poder.

Un ejemplo más familiar de esto es la Campaña de Promoción Arquidiosesana, que este año cumple 35 años, y desde que tengo uso de razón, se mueve con el slogan “Cristiano, la iglesia eres tú”.

Como parte de su campaña para el 2010, me encuentro con que, además de la latita para meter la platita, están repartiendo también de esas tarjetitas que dicen “En esta casa somos católicos”.

Hace años en Chiriquí, recuerdo haber visto en una puerta un letrero de estos pero mucho menos atractivo, que ahora no recuerdo si era en casa de mi abuela o de alguna tía, el cual decía “En esta casa somos católicos. Por favor, respete nuestra fe”.

Más que un llamado a la unidad, estos letreros parecieran tener el propósito de ser puestas en la puerta como advertencia para todo mormón o testigo de Jehová que ingenuamente te toquen el timbre un domingo buscando hablarte de salvación, casi como esos letreros que dicen “CUIDADO CON EL PERRO”.

Aunque honestamente, más de una vez me he visto tentada a decir que soy judía solo para que me dejen seguir durmiendo, esta exclusión hacia otros cristianos debería ser lo último que la iglesia católica busque, tomando en cuenta que es mucho más común ver que alguien se vaya de la católica a otra iglesia o deje de congregarse del todo. Además, cualquiera que opte por llamarse católico debería sentirse ofendido por esta práctica.

“En esta casa somos católicos. Por eso, eres bienvenido, creas en lo que creas.”

 

Ven que no soy solo yo…

A todo esto, ¿cuál es la función de una asociación de esposas de diputados?

No sé si será el hecho de que crecí en una época en que la mujer se prepara más que los hombres e igual salen a trabajar, pero la idea de que existan asociaciones de esposas me suena a doñas que se sientan con sus pamelas y abanicos a quejarse de lo mucho que sus espositos trabajan y a comparar los sueldos de sus esposos.

Les diría que busquen un oficio propio, pero la verdad es que en el caso de los diputados no tengo armas para decirles eso ya que sus esposos trabajan hasta menos que ellas.

Capilla.

La Asociación de Esposas de Diputados pretende construir una capilla en la Asamblea Nacional. ¿Qué pasará con los no católicos? Antes de dar otro paso deberían consultar al presidente, Ricardo Martinelli, para que les cuente lo que le pasó en Jerusalén cuando mezcló religión y política.

En la edición de hoy de La Prensa, salió un artículo de opinión atribuido a Andrés Carrascosa Coso, nuncio apostólico en Panamá, el cual trataba sobre los casos de abusos sexuales por parte de miembros del clero a menores de edad.

Para cuando leí este artículo, a penas serían las 8:30 a.m. y ya había 14 comentarios en la versión online.

Tal como menciona uno de los comentarios, Carrascosa tiene funciones diplomáticas. A fin de cuentas, a este nivel ya no hablamos solamente de hombres de fe, sino de funcionarios de una de las instituciones más poderosas del planeta, y como todo buen embajador, le toca defender las posturas oficiales que le indiquen.

Yo honestamente no puedo confiar en el. No solo por lo que acabo de mencionar. Digo, cómo puedes confiar en una institución que dice ser la auténtica guardiana de los mandatos de Dios en la tierra cuando una de sus prácticas más prominentes, el celibato, contradice el que en teoría debería ser su principal manual de instrucciones.

Empezando, la iglesia le pide a sus sacerdotes–y a las monjas también–que tomen votos de obediencia, pobreza y castidad, cosa que en principio parecen bastante nobles, pero en realidad, exigirle a un ser humano que sea célibe es sencillamente antinatural.

Además, la Biblia dice clarito qué cualidades debe tener aquel que quiera dirigir el rebaño:

1 Timoteo 3: 2-5
Es necesario, pues, que no se le pueda reprochar nada al obispo. Marido de una sola mujer, hombre serio, juicioso, de buenos modales, que fácilmente reciba en su casa y sea capaz de enseñar. No debe ser bebedor ni peleador, sino indulgente, amigo de la paz y desinteresado del dinero. Un hombre que sepa dirigir su propia casa y cuyos hijos le obedecen y respetan. Pues, si no sabe gobernar su proia casa, ¿cómo cuidará la asamblea de Dios?

Que conste. No lo inventé yo. Y para que no quedara tela de duda, busqué la biblia de mi abuela, versión Latinoamericana, ampliamente usada por los católicos. No soy ninguna erudita ni versada en teología, pero cuatro años en una universidad cristiana, tomando una clase de biblia por semestre, no se fuman en pipa.

En serio, señores. Qué clase de consejo coherente creen que pueden recibir sobre cómo llevar un matrimonio armonioso o cómo disciplinar a tus hijos de forma justa de alguien que nunca sabrá lo que es eso… Si necesito que me arreglen la cañería voy a donde un plomero, no a donde un dentista. Pero me distraigo del tema…

Dicen que deberían dejar que los curas se casaran y punto, o que deberían restringir la entrada de homosexuales al clero, pero el problema tiene raíces mucho más profundas. Estamos hablando de casos de abusos a menores –pedofilia– sin embargo, no todos los pedófilos son homosexuales, así como no todos los homosexuales son pedófilos.

Otro que comentó en el artículo mencionaba que un gran número de estos casos se quedan sin registrar, ya que muchas veces, las víctimas–niños– no están conscientes de que lo que les están haciendo es en efecto un crimen.

En contraste, en países tan grandes como Alemania, supongo que puede ser menos engorroso entablar una de estas denuncias y proteger la privacidad de la víctima, cosa que en Panamá sería muy distinto. Recuerden que en pueblo chico, infierno grande.

Me comentaba mi novio que ha escuchado de casos en que las mismas familias, por huirle a la verguenza de que su hijo sea homosexual, van y le lavan el cerebro al muchacho haciéndole ver que si no le gustan las mujeres, es por que tienen vocación de sacerdote. Así que no solo convencen a un homosexual de entrar a una vocación donde debe aprender y enseñar que Dios no ama a los que son como el. 

A pesar de que la biblia dice que Dios aborrece la homosexualidad, aun así, por ningún lado dice que Dios odia a los homosexuales. Vuelvo y me distraigo del tema.

Con todo y lo crítica que soy de la iglesia como institución, me sacaba de quicio cuando, durante mis años en el Bible Belt, escuchaba generalizaciones horrendas sobre los sacerdotes, que todos eran abusadores de niños, cuando en la realidad de nuestros países, lo que vemos son curas ñángaras (por fortuna o desgracia), que luchan por una mayor igualdad social, o curas mártires como Gallegos, Romero y Van Kleef, que murieron a manos de criminales y dictadores.

 

PRONUNCIAMIENTO

Sobre abusos a menores por parte del clero

Andrés Carrascosa Coso
opinion@prensa.com

La atención de gran parte de la prensa europea –y de las agencias internacionales– se ha concentrado durante los últimos días en la cuestión de los abusos sexuales perpetrados por personas en instituciones de la Iglesia católica, sobre todo en Alemania e Irlanda. Considero conveniente hacer algunas observaciones y ofrecer algunas fuentes.

Ante todo, la línea asumida por la Conferencia Episcopal Alemana se ha confirmado como el camino adecuado para afrontar el problema en sus diferentes aspectos. Las declaraciones del presidente de la Conferencia, el arzobispo Robert Zollitsch, después del encuentro con el papa Benedicto XVI (http://zenit.org/article-34620?l=spanish), retoman las líneas establecidas por la asamblea de la Conferencia y confirman sus puntos operativos esenciales: reconocer la verdad y ayudar a las víctimas, reforzar la prevención y la colaboración de una manera constructiva junto a las autoridades –incluidas las judiciales y estatales– por el bien común de la sociedad. Monseñor Zollitsch también ha confirmado sin dejar lugar a dudas la opinión de los expertos, según la cual, la cuestión del celibato no debe ser confundida con la de la pederastia.

El Papa ha alentado la línea de los obispos alemanes, que –teniendo en cuenta el carácter específico de su país– puede ser considerada como un modelo muy útil e inspirador para otras conferencias episcopales que tengan que afrontar problemas análogos.

Además, la importante y amplia entrevista concedida por el promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Charles Scicluna (http://zenit.org/article-34631?l=spanish), explica de manera detallada el significado de las normas canónicas específicas establecidas por la Iglesia en los años pasados para juzgar los gravísimos delitos de abuso sexual contra menores por parte de eclesiásticos.

Queda totalmente claro que estas normas no han buscado ni favorecido ningún tipo de cobertura para tales delitos; es más, han dado pie a una intensa actividad para afrontar, juzgar y castigar adecuadamente estos delitos en el marco del derecho eclesiástico. Es justo recordar que todo esto fue establecido y puesto en marcha cuando el cardenal Ratzinger era prefecto de la Congregación. Su línea ha sido siempre la del rigor y la coherencia a la hora de afrontar las situaciones más difíciles.

Por otra parte, y reconociendo que un solo caso sería absolutamente inaceptable, si se tiene en cuenta que la media anual de los casos señalados en todo el mundo ha sido de 250 casos, que los casos de sacerdotes acusados de pederastia verdadera y propia son unos 300 en nueve años y que son 400 mil en total los sacerdotes diocesanos y religiosos, esa estadística no se corresponde con la percepción creada cuando casos tan tristes ocupan las primeras planas de los periódicos y que el fenómeno no está tan difundido como se pretende. Quien conoce estos temas sabe que en otras profesiones y asociaciones el número de casos es mucho mayor.

La arquidiócesis de Munich, por su parte, ha respondido, con un amplio y detallado comunicado (http://www.zenit.org/article-34626?l=spanish), a los interrogantes sobre el caso de un sacerdote que se había transferido de Essen a Munich, en tiempos en los que el cardenal Ratzinger era arzobispo de la ciudad.

Este sacerdote después fue culpable de abusos, pero había sido acogido en Munich, en enero de 1980, a solicitud de la diócesis de Essen, para ser sometido a una terapia. El comunicado muestra cómo el arzobispo estuvo totalmente al margen de las decisiones tras las que pudieron verificarse los abusos. Más bien es evidente que en los últimos días algunos han buscado –con un cierto ensañamiento, en Ratisbona y Munich– elementos para involucrar personalmente al Santo Padre en las cuestiones de los abusos.

El obispo de Ratisbona, monseñor Gerhard Ludwig Müller, ha querido precisar (http://www.zenit.org/article-34540?l=spanish) que los dos casos de abusos, que tuvieron lugar en el coro de la Catedral en 1958, públicamente conocidos y juzgados ya en aquella época y que deben considerarse jurídicamente cerrados, no coinciden con el periodo que va desde 1964 a 1994 cuando el hermano del Papa, el maestro monseñor Georg Ratzinger, fue director del coro. Para todo observador objetivo queda claro que estos esfuerzos han fracasado.

Mons. Müller difundió además una declaración a propósito del “presunto silencio” de la Iglesia sobre los abusos sexuales por parte de algunos miembros del clero, explicando que esta afirmación de la ministra de justicia, Sabine Leutheusser–Schnarreberger, es falsa y difamatoria.

“Pido al ministerio presentar la prueba de la acusación según la cual la Iglesia obstaculizaría las indagaciones. Si no puede presentarla, le pido no instrumentalizar su autoridad para acosos de este tipo”. Según las directivas de la Conferencia Episcopal Alemana, cualquier acusación sobre un hecho de abuso es examinado inmediatamente y con precisión. “Si se reafirma la sospecha, solicitamos al presunto reo se autodenuncie. Si no lo hace, la diócesis informa al ministerio público”.

Creo conveniente recordar que en Panamá hay tres casos bajo investigación de la justicia y todos han sido presentados por los obispos. Para la Iglesia es importante buscar la verdad.

A pesar de la tempestad, la Iglesia ve bien el camino que debe seguir, bajo la guía segura y rigurosa del Santo Padre. Esperamos que esta tribulación pueda ser al final una ayuda para la sociedad en su conjunto para asumir mejor la protección y la formación de la infancia y la juventud.