Desde que Napo estaba pequeñito empecé, a medida que las iba encontrando, a comprar movies para verlas con él. Los pitufos, The Goonies, 101 Dálmatas, Pinocho… poco a poco fueron encontrando espacio en nuestra repisa.
Ahora que tiene casi tres años y entiende bastante, he logrado que vea algunas conmigo.
Hace poco vimos Dumbo. Napo quedó encantado con los trenes y los animales mientras yo lloraba como estúpida con todos los subtemas que iba descubriendo después de años de no verla… que si se burlaban de Dumbo por las orejas, los bochinches de las elefantas solteronas, cómo alejaron a Dumbo de su mami solo por defenderlo… y no hablemos de cómo el que trataran mal a los animales de circo era un hecho más.
Con todo eso, hay una serie de lecciones de vida valiosísimas y cautionary tales que no puedes pasar por alto.
Algo similar pasó cuando vimos La espada en la piedra.
Estaba yo acurrucada con Napo en el sofá y uno a uno me fueron cayendo los cuaritas cuando Merlín le hablaba a un Arturo enclenque, futuro rey de Inglaterra, sobre cómo debía ejercitar su cerebro y no sus músculos, esforzarse en sus estudios, ser noble and all jazz. Incluso, me llamó la atención un comentario pícaro sobre las pelirrojas que si parpadeas, te lo pierdes.
En contraste, y esto es un hecho generalmente aceptado, desde muy niñas nos dejamos meter con cuchara la noción de que todo se resuelve con la llegada del Prince Charmin.
Hay excepciones notables como Bella, Mulan, Rapunzel y la pelirroja de Valiente. Pero inevitablemente, por más que hayan desafiado al status quo, todas quedan empatadas, como que esa fuera la meta.
Hablamos hasta el cansancio de cómo las movies de Disney han moldeado las expectativas románticas de nuestra generación y de la generación previa a la nuestra, pero fallamos en ver lo bien que se han preocupado, así sea inconcientemente, de plantar y reforzar mensajes de fuerza y liderazgo en aquellas historias con protagonista masculino. Y esto lo hacen sin falla… empezando con El Rey León, que es una adaptación de Hamlet.
Si bien recordaba haber visto esas escenas clave en las películas en cuestión, por ejemplo, la borrachera accidental de Dumbo, con los elefantes psicoldélicos bailándole con la musiquita tétrica, o Pinocho con náuseas por estar fumando con los niños mal, no había caído en cuenta de lo fuerte que pueden calar esos mensajes en una mente joven.
Pareciera hasta casi sistemático cómo los elaboran y seleccionan: las nenas a casarase y los niños a conquistar el mundo.
Si tan solo tomáramos el mismo cuidado con los mensajes que presentamos a nuestras niñas…