Hace unos días leí una noticia sobre una mujer de 22 años en El Salvador que tiene 26 semanas de embarazo, padece de lupus e insuficiencia renal y el feto viene sin cerebro.

Esta mujer, identificada como Beatriz para proteger su identidad, lleva ya más de un mes internada.
Su condición ya delicada la pone en riesgo de morir en el parto y el Tribunal Supremo de Justicia le había negado un amparo constitucional que le permitiese el aborto, aun con que el Ministerio de Salud había manifestado que la anacefalia del feto era incompatible con la vida fuera del vientre y el riesgo para joven de llevar este embrazo a término.

El Salvador prohíbe el aborto aun en casos de violación o en que la vida de la madre corra peligro. En Panamá, en contraste, el Código Penal castiga el aborto voluntario o provocado, con excepción de casos en los que se compruebe que la vida de la madre esté en peligro, o en casos de violación. Sin embargo, debe existir una denuncia de la violación, el aborto debe ser practicado en un hospital del Estado y el médico puede negarse a practicarlo, alegando motivos reigiosos/morales.

Solo me imaginaba el dolor de esta muchacha de pensar que tendría que llevar este embarazo a término, solo para que muera luego del parto. Ni siquiera hablábamos del caso en Private Practice, en que una de las doctoras, pasando por la misma situación, optó por llevar el bebé a término para que sirviera para donación de órganos. Claro, estamos hablando de primetime TV y esta doctora no corría riesgo de morir.

El caso ha tomado tal relevancia que la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica, intervino, instando al Estado salvadoreño a adoptar todas las medidas “necesarias” para “evitar daños irreparables” a su salud.

Afortunadamente, ya se resolvió que la próxima semana le harán una cesárea. Ojo: noten que la palabra “aborto” se evita, no sé si por razones técnicas o morales.

Lo nuevo que conocí del caso es que ella tiene un bebé de menos de un año, lo que hace más apremiante aun salvar a esta mujer.

Aquí es donde surgen las preguntas:
Si tienes una enfermedad tan cabrona como lupus, que es un tipo de cancer, ¿cómo te dejas quedar embarazada? Y teniendo ya un bebé por quien cuidarte.

¿Cómo hace alguien para tener relaciones ya teniendo un bebé tan pequeño?

Hablaba con un amigo de ese caso y le comentaba que ya de por sí tener relaciones teniendo a cargo una criatura de meses es un logro olímpico: el cansancio, la libido reducida al mínimo, la falta de privacidad y el poco tiempo disponible, la angustia de tener que salir corriendo si el bebé despierta y el dolor ya sea por la cesárea, la falta de lubricación durante la lactancia, los pechos hinchados, y ni hablar de los culecos lácteos. (¿Demasiada información?)

Teniendo todos estos datos incómodos y desagradables, cualquiera pensaría que la calentura pudo más que cualquier precaución por preservar su salud, pero…

Hablamos de El Salvador, un país con más de 6 millones de habitantes en una extensión de territorio menor que la de Panamá, con altos índices de pobreza y criminalidad. Hablamos de un país que entre la ignorancia y el conservadurismo religioso, muy posiblemente tenga problemas muy similares a los de Panamá, en poder legislar y ejercer medidas efectivas y eficaces para poder impartir una educación sexual sana, científica y sin tabúes.

¿Y si para empezar esta joven nunca tuvo la información o recursos necesarios para optar planificar si quería ese primer bebé? ¿Si aun con el lupus o con el primer bebé tuvo que acceder ante una pareja machista que puso sus propios deseos antes que las necesidades de salud de la muchacha?

Te deja pensando…

Update: Beatríz tuvo su cesárea el lunes 3 de junio. La bebé solo vivió cinco horas.

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