Hace unos días di el grito de ayuda. Mi compu estaba retacada y no daba pa trás ni pa lante.

Me llovieron recomendaciones de lugares e incluso, se abrió un animado debate sobre qué marca de compu personal era peor y nuestras experiencias con ellas.

Hago la salvedad de que mi laptop no es nueva, pero ya hace un poco más de un año le había cambiado el disco duro, luego de que en un episodio similar, el técnico en un centro de soporte “reputable” me dijo que no había nada que se pudiera hacer. En ese disco tenía fotos de mi viaje a Europa y de aquella visita a Kuna Yala, me puse exquisita y pagué una cantidad absurda de plata para que lo enviaran a no-se-que-mierda de laboratorio en gringolandia para que al final me dijeran lo mismo.

Esta vez, Paco (@unPacomas) me había recomendado llevarla el sábado a la UTP, que había un evento donde me la iban a dejar “bien pritty” y era gratuito.

En vista de mi experiencia anterior, preferí tomarlo con calma y atender la recomendación. Además, si hay algo de lo que los computer people se enorgullecen, es de poder resolver cosas que los pro ni se atreven. No tenía nada que perder.

Pregunté en una mesa y me mandaron a un salón lleno de gente escuchando sobre placas de hardware libre, pines y servomotores. Incluso habían niños escuchando la charla y una muchacha hablaba sobre su cubo de foquitos leds que había hecho por la módica suma de 35 panchos.

Yo lo más sofisticado que hago es copiar y pegar código html para subir documentos al website de la empresa donde trabajo, y eso me sale chueco…

Después de un rato, acepté que no estaba en el lugar indicado y salí a buscar a alguien que pudiera darme mayores luces de qué hacer.

Ahí fue donde reconocí a Paco y Analisa (@LadyNineta) y conocí a Bryan (@iambryanx). Les eché el cuento a lo corto corto porque Paco tenía una charla que dar. Me consiguieron a uno de los organizadores para que me ayudara, pero el regresaría en un rato.

Mientras tanto, quedé parqueando con Mario y Andrés, dos niños de secundaria que andaban en misión escolar, quienes muy amablemente estaban prestos a compartir su conocimiento.

Andrés hablaba de una forma tan correcta que no parecía un chiquillo y Mario era el tipo de niño que si yo tuviera 14 años, le tiraría los perros, pero la realidad es que yo a esa edad, me hubiera muerto de pena antes de decir “hola”. Hoy, me acompaña el atractivo que me da mi madurez. Sobre todo…

Después de un rato contemplando mi compu con mis nuevos amiguitos, me cae el cuara de que me habían dejado tirada, y lo mejor era que los chicos fueran a escuchar sus charlas.

Ya estaba a punto de empacar mis chécheres y regresar a casa cuando vienen saliendo Paco, Analisa y Bryan de la charla.

No disponían de mucho tiempo ya que debían regresar por su retoño, e igual yo, debía regresar con mi Napo.

Los chicos revisaron la compu rapidito y Analisa tuvo la paciencia de una lady. En cosa de un rato, usb van, usb vienen y entre Paco y Bryan lograron recuperar mis archivos y me traje a casa un CD booteable con SUSEesa cosa.

Cuando llegué a casa, traté de echarle el cuento a mi abuela lo más sencillo posible, para no perderla y confundirla. ¿Cómo se lo transmite doña Marina a mi tío? Le cuenta sobre los robots maravillosos que hacen los niños en la UTP. Creo que su versión está más cerca de la realidad.

Con lo que aprendí, ya he logrado hacer un segundo backup de mis archivos y tengo planes de cheesecake con mis salvadores. Es la mejor manera en que puedo darles las gracias.

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