Hoy anunciaron oficialmente la muerte de Hugo Chávez Frías.
Digo “anunciaron” porque realmente no sabemos a ciencia cierta si fue que falleció hoy, o en diciembre como dice Willie Cochez.
La cosa es que gústele a quien le guste (no hay forma bonita de poner esto): pasó lo que tenía que pasar. Hugo Chávez era una persona, un ser humano, a carbon based life form, así que eventualmente iba a morir.
No digo que su vida o su muerte no sean eventos trascendentes y sí, se trata de alguien que fue hijo, esposo, padre, amigo y posiblemente hermano de alguien que muy seguramente hoy lo llora, pero me pregunto si realmente se merece la retrahila de halagos y lamentos que mandatarios y líderes ahora le profesan.
Si me preguntan, y hablo en base a las consecuencias del éxodo venezolano hacia Panamá y conversaciones con estos expatriados, solo podría deducir que Chávez se dedicó a hacer caridad con el bolsillo ajeno, ganándose a las clases populares con programas de altísimo interés social al tiempo que expropiaba y ahuyentaba la inversión privada y hacía insostenible la vida para la clase media de su país.
Hoy vemos una nación hermana dividida en la alegría y la incertidumbre, y los resultados de estos sucesos ya resuenan en Panamá.
No dudo que Chávez cambió muchas vidas, pero ya quedará a la historia juzgarlo.

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