Hoy mi Napo regresa a casa por primera vez desde que su papá se lo llevó ese domingo de agosto.

Pasamos este fin de semana poniendo arbolito y nacimiento para que Daniel encuentre su casa llena de vida, como él se lo merece y aun siento el olor a mostaza y ajo de adobar las carnes anoche.

En menos de una hora su papá debe entregarlo para pasar Nochebuena conmigo y las dudas invaden mi cabeza.

¿Tomará tetita todavía?

¿Será ese niño buen diente que conosco?

¿Dormirá esta noche a gusto con su mamá?

Las dudas invaden mi cabeza, pero mi corazón las saca de un puntapié.
Mi Napo es mi Napo…

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