Hace ya varias semanas tuvimos a Daniel enfermito. Llamamos a nuestro pediatra ya que no sabíamos que hacer con la fiebre, a lo que su respuesta fue “póngale un supositorio y espere”.
Como padres primerizos, es de esperarse que nos asustemos, y al ver que nuestro hijo no paraba de llorar y la fiebre no cedía, decidimos resolver por otro lado. Así fue como terminamos entrando y saliendo de urgencias, con inhaloterapias y haciendo de la linda nalguita de mi hijo un alfiletero.
Para esas alturas, el doctor no nos contestaba el celular y la asistonta incluso fue grosera con nosotros. Tampoco era la primera vez que este doctor nos dejaba a pie.
Hay algo que aprendí cuando trabajé en un agencia de comunicaciones y es que cuando llevas una cuenta, tu trabajo es brindarle tranquilidad a tu cliente, así sea que el mundo se esté viniendo abajo.
En el caso de un pediatra, siento que su trabajo no es solo pesar al chiquillo o recetarle la farmacia entera cuando anda moquilloso, sino darle tranquilidad a los padres. Eso era justamente lo que no estábamos recibiendo.
Tal vez eso de “brindar tranquilidad” le sea un concepto difícil de entender. Después de todo, en su línea de trabajo, a los errores se les echa tierra. Supongo yo que lo que para nosotros simples mortales es urgente, para ellos es algo común y corriente.
Como farmacéutica con unos 30 años de experiencia, mi mamá conoce a una gran cantidad de doctores de distintas especialidades. Inclusive ha visto formarse a muchos de ellos y evitado metidas de pata a otros tantos.
Este doctor en cuestión es de esos “santiguados” por mi mamá y ella hizo un gran trabajo en vendernos la idea de atender a Daniel con el.
Se trataba de un pediatra relativamente joven, pero lo suficientemente experimentado como para no agarrar a mi hijo de conejillo de indias, dedicaba bastante tiempo a actualizarse y tenía su consultorio con la esposa, también pediatra, así que si por alguna razón el no nos podía atender, podíamos recurir a ella.
La otra opción, recomendada por mi obstetra y mis compadres, era la esposa de otro médico amigo de mi mamá y la verdad no me gustaba la idea de atender a Daniel con alguien de quien había escuchado rumores de que se le metía en el carro al esposo para ver si lo atrapaba con alguna querida (¿Y si por eso no tenía tiempo de atender a mi hijo?). Además que, según mi madre, esta doctora se había quedado atrás, profesionalmente hablando.
Mi mamá había estado pendiente de la situación de Daniel y se molestó porque no la llamamos cuando no pudimos ubicar a nuestro doctor. “A mi sí me contestaría el teléfono de una vez”, me dijo.
Le dije que apreciaba su interés en ayudar a Daniel, pero nadie debería necesitar de un tercero para que tu pediatra atienda a tu hijo. Ahora mi madre no solo estaba molesta, sino también herida.
En mi familia hemos sido afortunados que con todos estos médicos que aman a mi mamá, muchas veces solo ha sido necesario levantar el telefono para que alguien corra a ver a mi abuela y sin querer cobrar.
Con todo esto, inclusive una tía me cuestionó porque para mi embarazo decidí buscar obstetra por mi cuenta en lugar de dejar que mi mamá me refiriera.
¿Y si mi mamá fuera contadora o ingeniera o cualquier otra profesión que no tuviera que ver con salud? De cualquier forma habría que resolver.
Como madre, soy de la idea de que si tomas la determinación de llamar al pediatra es por que lo que está ocurriendo se sale de lo que puedes resolver y estás claro en que la consulta cuesta. No le estás llamando para pedirle un favor, ni mucho menos porque no tienes nada mejor que hacer, sino para solicitar un servicio.
Al final, un médico es alguien que al igual que uno estudió para ejercer una profesión. No es como para que lo pongan en un pedestal o que sus odiosas asistontas te hagan difícil el poder contactarle.
Cuando caes en cuenta que en un solo año tu hijo ha sido visto por seis médicos distintos porque a uno de ellos no le da la gana de estar disponible justo cuando más lo necesitas, sabes que algo anda muy mal.
Después de toda la corredera con Daniel, conseguimos cita con una pediatra que nos refirieron y la verdad cuando la conocimos, me inspiró confianza.
¡Ah! Y atiende sábado.
Vamos a ver cómo nos va…

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