La Cuaresma se fue tan rápido como llegó.
No noté su inicio por el fallecimiento de mi abuelo, el jueves justo antes de carnavales… aunque tampoco era como si tuviera pensado irme a culequear. Pensándolo bien, creo que los últimos carnavales que celebré propiamente fueron los del 2008, que me fui con mi familia a Chitré y cumplí mi sueño de treparme en un carro cisterna.
Ahora, llegó Viernes Santo y ni guardé ni hice sacrificio de ninguna clase durante estos 40 días.
Para Cuaresma mi abuela hace bacalao con papas y me lo como, no porque esté guardando, sino porque es delicioso.
Verán, el no comer carne me es indiferente, por lo que no me representa sacrificio alguno. En contraste, comer pescado o marisco representa un gran placer, por lo tanto, durante Cuaresma yo simplemente como lo que haya. Algo similar pasa con una compañera de trabajo que es alérgica a los mariscos y le toca buscar alternativas para su sacrificio.
Ahora, en lo personal me parece un tanto de mal gusto toparme con comerciales como el de Wendy’s promocionando su sandwich de pescado, el cual solo se ofrece para esta época, como si fuera el super platillo gourmet y echando al traste el propósito de tan desagradable invención (aquí es donde me toca aclarar que cuando era niña me intoxiqué con un emparedado de filete de pescado de McDonald’s y nunca más me vuelto a mirar uno).
Hoy que veníamos de vuelta a casa, Tomás preguntó si quería pasar por un Subway de tuna ya que “estábamos guardando”. Digo, si era por tuna, yo misma podía hacer un par de emparedados y listo.
Una vez en casa, mientras nos preparaba algo de comer, mi suegra sale con su retrahila de que hoy no se puede comer carne, que Tomás no puede comer carne, que debía comer tuna porque a el no le gusta la tuna.
Traté de explicarle que a mi la verdad guardar, en la forma de comer mariscos o pescado en vez de carne no cumple ningún propósito. Entonces la mujer me sale con una de sus joyas, algo así como “nosotros no somos de tu cultura”… Mínimo, en casa de mi mamá comemos culebra y adoramos a la luna en cueros.
Si supiera ella el sacrificio que estaba haciendo al no responderle de vuelta, a ver si así sigue jodiendo.
A la final, es cada loco con su cuento. Por cierto, Tomás come tuna como cualquier michirringo.

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