Hace unos días escuché a mi suegra afanada, llamando a una comadre. Estaban anunciando en la tele que unas 20 universidades de Estados Unidos estarían en Panamá dando becas. Solo había que apersonarse a un hotel de la localidad con algunos documentos y listo.
Le dije que eso no podía ser tan sencillo, además que ella es educadora y debería saber que estos procesos son largos y complejos, pero la señora estaba tan emocionada que no quise bajarle el trip.
Un par de días después estaba el artículo enorme en La Estrella titulado “No eran becas, era promoción”.
El artículo relataba la crónica de padres y estudiantes que fueron esperanzados por una oportunidad y se sintieron engañados ya que no se trataba de una feria de becas, sino de instituciones que venían a promocionar su oferta académica. Algunos, incluso formaron su escándalo en el hotel donde se les había convocado, lo que entiendo debe haber sido una experiencia muy incómoda, en especial con la gente vociferando que eso era una burla de los Estados Unidos a los panameños, según narra la nota del periodista Edgar Enrique Figueroa.
Esto también me lo confirma mi suegra, cuyo hermano fue con el hijo a esta desdichada feria.
En mi experiencia, esta decepción masiva fue el resultado de la convergencia de una serie de factores desafortunados.
Por un lado, tenemos los esfuerzos de comunicación masivos, muy entusiastas y con mensajes poco claros por parte de los organizadores, evidente tanto en la orejita que vi en Crítica, así como en las entrevistas que dieron en TVN, Telemetro y SERTV, en las que se creó una expectativa por algo que posiblemente solo era cierto en parte.
He ido a estas ferias y lo más generoso que podrías encontrar es una beca del 50% y opciones de pasantías para financiar parte del resto.
Del otro lado, tenemos lo que no sé si es desconocimiento o ingenuidad (o ambas) de pensar que un proceso de reclutamiento y selección de estudiantes es tan fácil así como para que solo necesites presentarte y en un día salgas con beca en mano.
Ahora, hubo algo en el artículo que me dejó desconcertada: la aparición repetida y destacada del concepto “becas gratis”.
Quiero pensar que fue un error de edición por parte del periódico, y que en realidad se referían a que esperaban becas completas, en lugar de becas parciales, como fue el caso de esta feria. Aun así, hay algo que debo sacarme del alma.
Señores padres de familia, acudientes y estudiantes:
No existe tal cosa como “becas gratis”.
Para empezar, algún mérito debes tener para la posibilidad de ganártela y debes competir por ella. Además, de por sí el que recibas una beca implica que estás recibiendo dinero para tus estudios o que estás exento del pago total o parcial de tu colegiatura, por tanto lo de “gratuito” es redundante. Esto, sin embargo, de ninguna manera implica la ausencia de un compromiso por parte del estudiante que se beneficiaría de la beca.
Aun con las becas que ofrece el Programa Internacional de Becas Walton, del cual soy exalumna y ahora reclutadora, este exige que realices 20 horas mensuales de servicio social durante tus dos últimos años como estudiante y que regreses a tu país al cabo de los cuatro años que dura la carrera (aye, there’s the rub).
Si bien es cierto que esta última condición implica que el estudiante no tendría la opción de aspirar a oportunidades de trabajo en Estados Unidos una vez tenga el título, este es un compromiso realmente insignificante si tomamos en cuenta que hablamos de una beca completa que inclusive costea los impuestos generados por recibir este beneficio.
Hay veces que siento que los muchachos no tienen la madurez suficiente como para asumir el compromiso de postularse para un programa como este.
¿Les conté de la chica que tenía promedio de 2.8 y me llamó llorando porque no fue convocada para entrevista?
¿Y del chico que habló feo de sus padres, aun cuando fue su mamá quien nos trajo sus documentos, en bus desde Tocumen?
Ganarse una beca no es fácil. Merecerla no es suficiente.

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