Me acuerdo clarito qué estaba haciendo el 11 de septiembre de 2001: Estaba en 5to año y teníamos una excursión con el colegio a las oficinas de la Autoridad de la Región Interoceánica, la cual en ese entonces administraba lo que en ese tiempo aun llamábamos “área revertida”.

Íbamos llegando al edificio y decían en la radio que un avión había explotado, pero con toda la algarabía, creo que solo los profesores estaban prestando algo de atención. Lo más seguro era un accidente aéreo…

Nos desconectamos de todo durante la gira. Después, era que un avión se había estrellado. Cuando llegamos al colegio, estaba la gente pegada a la tele de la biblioteca, viendo algo que parecía sacado de una película: aviones estrellándose contra un edificio, llamas y gente saltando.

Hoy, 10 años después, encuentras anuncios de seguridad reforzada en los aeropuertos de Estados Unidos, reportes de posibles bombas en Washington, y por supuesto, especiales y documentales sobre la tragedia en cuanto canal te puedas imaginar, que ni aun teniendo cable te salvas, a menos que quieras ver cómicas… Igual, mi hijo no me deja otra opción.

Aquí es cuando entran los tweets: revista Time, Naciones Unidas, la Casa Blanca, diarios y periodistas hablando de reportajes especiales, conmemoraciones y cómo los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron al mundo.

No ha faltado aquel que dijera que esta no es la única tragedia que ha cambiado al mundo, o qué tal con las víctimas de los gringos en otros lugares.

Pienso yo que cada quien le hará homenaje a sus caídos como mejor le parece. No nos olvidemos que en el World Trade Center murieron personas de unas 70 nacionalidades y eso es una de las tantas cosas que hacen que los hechos de aquel día sean tan relevantes fuera de las fronteras de los Estados Unidos.

Entre los tantos tweets que han surgido el día de hoy, he visto un par bastante horribles, como si fuera que lo que pasó ese día fuera buscado y el resto del mundo tuviera razón para celebrar.

Ahora, tenía a penas 5 años cuando Estados Unidos invadió Panamá, en 1989 para sacar a Manuel Antonio Noriega (para mayor referencia: “20 años después“), y todavía no hay cuenta exacta de cuánta gente murió cuando bombardearon El Chorrillo para acabar con el cuartel central de las Fuerzas de Defensa. La cosa es que se llevaron a Noriega y mi país va a cumplir 22 años de democracia.

Recuerdo también que para ir al Causeway, tenías que pasar por una garita donde un MP gringo inspeccionaba el carro. Eso era pasando el antiguo YMCA, antes de girar a donde queda ahora un Friday’s. En ese entonces aun éramos turistas en nuestro propio territorio. Tampoco era que aceptábamos eso tan alegremente, sino, averiguen por qué es que conmemoramos cada 9 de enero como día de duelo nacional.

Ahora comprendo que eso nos queda de lección a los panameños por haber dejado a un extranjero negociar nuestra soberanía y dejarnos vender el alma con el tratado Hay-Buneau Varilla, pero me desvío como siempre.

Sí, es cierto que Estados Unidos ha estado metido en cuanto conflicto armado se nos pueda ocurrir, y no los defiendo por eso, pero que no se nos olvide el cuento completo: en Panamá, Noriega declaró la guerra, en la II Guerra Mundial, todo estaba tranquilo hasta que les bombardearon Pearl Harbor…

Y que la guerra que hay en Afganistán es producto de un ataque no provocado en tiempos de (supuesta) paz… y fuera de las acciones militaries, no conocemos realmente cómo esta guerra ha cambiado la vida de cientos de miles de personas.

En el tiempo que fuí estudiante en Arkansas, cuatro años, conocí la historia de una muchacha, que para poder asumir la custodia de su hermanita luego de la muerte de su mamá, se enlistó en la Guardia Nacional para poder tener un ingreso fijo. Luego de eso, estalló la guerra. Otra compañera, lloraba cuando a su papá lo mandaban a Kuwait, sin ninguna certeza de volverlo a ver, y un amigo también, que me contaba las historias de un amigo suyo, militar, que contaba la horrible experiencia de tener que decidir si dispararle a una niña, o dejar que esta llegara a una escuela con la bomba que tenía atada.

Estoy segura que ninguno de ellos quiso pasar por eso.

En esa época, pude aprender sobre la historia de los Estados Unidos y conocer a su gente, y no son tan diferentes a nosotros, a pesar de los grandes contrastes que podemos encontrar entre su historia y la nuestra.

Hablo de gente noble, cálida y emprendedora, con una cultura de trabajo; gente que forjó un país huyendo de persecusiones religiosas, hambruna y esclavitud, y con eso no quito que cosas horribles hayan pasado durante la conquista del Oeste. América Latina, en cambio, fue colonizada por criminales y otra gente prescindible a la que montaban en los barcos de los exploradores porque a nadie le importaba si se hundían, y vinieron fue a robar y violar.

Y hay cosas que no cambian. Si hay algo que tengo claro, es que allá educan a la gente para emprender negocios, acá, para que trabajes para alguien más, entre tantas otras cosas que puedo mencionar.

Hablamos mal de todo un pueblo, basándonos en estereotipos ficticios y absurdos que vemos en la tele y en el cine, pero no admitimos que desayunamos Zukaritas, salimos a correr con un par de Nikes mientras le chateamos al amigo desde un iPhone.,.

He dicho.

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