Ya bastante chiste hicimos con la pobre lechuza y Lucho Moreno. Yo inclusive puse un par de tweets diciéndole a una amiga que Hedwig le iba a dar de picotazos por no pasar una cadena de BlackBerry.

Ya sabemos que el tipo metió la pata (literalmente), y la está pagando bonito. Además, ahora con los carnavales, esto se ha vuelto una muestra más de que lo que el pueblo quiere es pan y circo, y estamos desviando nuestra atención de cosas realmente importantes.

Digo, nadie hizo revuelo porque derogaran la ley de minería, después de todo el desbarajuste que hicieron para lograrlo…

Habiendo dicho todo esto, comparto una nota que mi querido Tomás colgó en Facebook…

Miopía socio-política o estrabismo selectivo?

Me motiva escribir esta nota algunas experiencias que he estado viviendo esta última semana, y a las luces de la polémica del jugador panameño que patió un ave en un campo de juego a plena televisión nacional en el extranjero.

Con honestidad, y a riesgo de sonar insensible y que desmejore la opinión que muchos tienen de mi persona, pienso que se está haciendo DEMASIADO alboroto de un error humano.

¿Saben cúal siento que es el problema?  La falta de perdón y de tolerancia.

¿Pero que pasaría si todos nuestros errores fueran publicados en los medios?  Si cada una de nuestras faltas fuera exacerbada por una multitud enardecida que pidiera nuestras cabezas, saben qué me recuerda? Me recuerda una escena de una prostituta, una muchedumbre, y una voz que de entre la multitud, emitió lo que es hasta hoy una de las frases más célebres: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra…”

Si no me equivoco, todavía nadie la lanza… AH SI! los colombianos.

Cada uno de nosotros debe hacerse responsable de las consecuencias de nuestras acciones, y a él le tocará hacerse responsable de las acciones que cometió.  Pero es algo que deberá enfrentar él como persona.  Nadie debe ponerse en la posición de juzgar.

Personalmente no estoy de acuerdo con su actuar, mas no soy quien para condenarlo y llegar al extremo de decir que no merece vivir, como he leído en múltiples foros y chats en la web.

¿Pero qué puedo esperar de un pueblo que se asesina entre ellos mismos?  Recuerdo la muerte del defensa colombiano quien fue asesinado en su regreso al país cafetero por el autogol frente Estados Unidos, lo que le costó la eliminación al conjunto sudamericano en primera ronda.

¿Sabían que es una práctica común, cuando se hacen concursos de belleza en diferentes estados de colombia, el eliminar la competencia o las figuras favoritas del certamen con atentados de ácido sulfúrico a los rostros de las candidatas?

Pero yo no veo que el pueblo colombiano censure esas prácticas, y persiga a los agresores para llevarlos a la justicia.  ¿Y qué hablar del tráfico de mujeres de colombia a panamá?

¿Pero para qué señalar las faltas de la casa ajena, cuando aquí estamos manga por hombro?

Este año escolar empezó con escuelas poco o nada terminadas, con estudiantes con pocos o ningún recurso.  Maestros aferrándose a unas cuantas resmas de hojas blancas y unos cuantos lápices y crayones para poder enseñar.

A principios del mes de febrero hice un viaje de reconocimiento para una ruta de trillo por el valle.  Jamás hubiera imaginado encontrarme con los niveles de miseria que presencié.

Niños desnutridos, escuelas faltas de mantenimiento, poco o ningún recurso para los maestros.

Y yo no veo que de eso se haga noticia, o se divulgue y se hagan campañas para llevar ayuda a esas comunidades.  Y mucho menos veo que se solidaricen y se hagan recolectas.

Somos totalmente indiferentes a la realidad y al dolor nacional.  Y mientras el pueblo se distrae con una lechuza muerta, el gobierno se prepara para recortar los subsidios al consumo de 500 kwatts de energía eléctrica debido a la inminente alza descontrolada del petróleo, y quienes serán afectados, serán los hogares de pocos recursos.  ¿Y la atención del pueblo?  Esquiva, o indiferente.  O peor aún, no se han dado ni por enterado, pues la noticia del momento, es la lechuza.

Somos como somos, por eso nos merecemos lo que tenemos.  Volteamos la mirada a las problemáticas colectivas, porque no es nuestra incumbencia o porque no queremos la responsabilidad de vernos envueltos.  Así que simplemente volteamos la mirada.  Volteamos la mirada a los niños que caminan cinco kilómetros descalzos para poder llegar a un centro básico general.  Volteamos la mirada a las comunidades que no tienen como salir a comprar un cartón de leche.

Volteamos la mirada a la falta de apoyo a las comunidades de escasos recursos.  Y volteamos la mirada.

¿O será que somos viscos selectivos?

No nos sorprenda cuando Dios voltee su mirada de nosotros como pueblo…

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