Llevo ya un mes y sencillo peleando con fotos, video y música para armar una película sobre la llegada de mi bebé.

En uno de los segmentos de video, aparece cuando llega la enfermera con mi hijo para que le diera pecho por primera vez y se escucha clarito a mi abuela en el fondo diciendo “ay mira, no sabe”.

No entiendo cómo esperaba ella que supiera dar teta si era la primera vez que lo hacía (además que estaba rellena de cables por todos lados por la intravenosa, la bomba del analgésico y la sonda), o si las  mujeres de antes eran tan expertas para cuando tenían su primer hijo. Aun estoy deliberando si quitarle el audio y poner una pista musical encima, o dejar un subtítulo sarcástico que tengo por ahí, pero como siempre, me desvío de tema.

Al principio dar pecho era complicado. Gracias a Dios, Daniel se pegaba al pecho con facilidad, pero no tenía forma de saber cuánto estaba comiendo, además que sacarle los gases a un recién nacido es una odisea y siempre estaba la tentación de zamparle una botellita de fórmula, que mi mamá me conseguía ya preparadas, por si las moscas.

Llegó un punto en que me frustraba, y tampoco ayudaban mucho los comentarios entre en broma y en serio por parte de mi tío de que me iban a botar de la cooperativa de lecheros. Para esos días, el genio del padre de mi bebé hizo una de sus famosas salidas de shopping donde compra más de la cuenta y llegó a casa con un sacaleche eléctrico, uno manual, un par de protectores de pezones y otro poco de chécheres que a estas alturas todavía no les tengo utilidad, pero que ya no podemos regresar.

Decidí probar con el extractor eléctrico (todavía no sé por qué con ese y no con el manual) y después de un rato logré sacarme 2 oz. de leche, y al rato otra más. A partir de eso, y siguiendo el consejo de mi ginecóloga de tomar bastantes líquidos y pegarme al niño como fuera, empecé a chorrearme y ver cosas realmente bizarras que le he descrito a mi hijo con dibujitos y todo, para que sepa lo que le espera cuando sea padre.

Hace poco encontré en La Prensa un artículo Barreras para amamantar, por la periodista Maybel Mainez Phillips, y como nueva mamá, fue reconfortante leer las explicaciones del Dr. Alberto Bissot, director médico del Hospital del Niño, sobre la falsa creencia de que solo la leche materna no es suficiente para alimentar a un bebé.

He podido alimentar a mi bebé casi exclusivamente con pecho, lo cual es una gran bendición, sin embargo, en los casi dos meses desde que mi bebé nació, no han faltado comentarios como “¿Estás segura de que con eso está lleno?” o “recuerda llevar suficiente fórmula para que no andes como chola sacando la teta por la calle,” y la verdad me entristece mucho ver como pintan una de las experiencias más gratificantes de ser madre como si fuera algo vergonzoso, en especial cuando la familia debiera ser el primer punto de apoyo para toda nueva mamá.

Así una tía llegó a burlarse con un “Ah, sí. Como si fueras la da más leche”, y así mismo disfruté su cara de incredulidad cuando así como quien no quiere le dije que acababa de meter una botella de 4 oz en la refri mientras seguía dándole pecho a mi bebé.

Poder alimentar a mi hijo a punta de pecho ha sido motivo de orgullo. Sé que le estoy dando lo mejor para su desarrollo físico y emocional, y que mi bebé no es una triste estadística más.

Pronto regresaré a trabajar, lo que quiere decir que el camino se hará más escabroso, pero tengo entre ceja y ceja la meta de poder darle pecho a mi Daniel, al menos hasta que cumpla los seis meses.

Solo puedo decir que en un mes, mi bebé subió 3 lbs. dándole pecho casi de forma exclusiva.

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