A casi un año de mi desafortunado incidente con los maleantes de mi ciudad (Delito contra el patrimonio económico: Hurto), y de la horrible experiencia que pasó mi esposo en su oficina (Respetado Sr. Presidente) la inseguridad vuelve a tocar a mi familia.

Esta vez la víctima nuevamente fue mi esposo, quien este lunes se encontró con la ventana trasera de su carro destrozada y huecos vacíos donde iban sus bocinas y su equipo de sonido, este último, regalo de cumpleaños, apenas se había instalado tres días antes.

La alarma nunca sonó y el vidrio roto estaba recostado de un hidrante a un par de metros del carro. Al parecer el carro ya estaba vigilado y habían frito la alarma.

Aparentemente de nada sirve vivir en una calle supuestamente tranquila, con la estación de policía más cercana a 5 minutos a pie, si con este son al menos cuatro autos vandalizados, un robo en residencia y un secuestro express.

Me comenta una conocida que vive en Altos de Panamá que la situación es bastante parecida ahí y según lo que le dijeron a mi esposo en la DIJ, estamos considerados como área caliente.

Pareciera que de nada sirve trabajar para procurarte una mejor vida si va a venir un pendejo a hacer su navidad a costilla de tu esfuerzo.

Anuncios