Al igual que muchos panameños, he estado siguiendo el caso de los jóvenes quemados en el centro de cumplimiento de Tocumen y estoy asustada, no de que estas cosas ocurran en Panamá, sino de la cantidad de sandeces que se dicen en los reportes relacionados con este caso.

Los familiares de los reclusos dicen en televisión cosas como “el no era malo, solo lo agarraron con una metralleta”, como dijo la abuela del primer muchacho que murió tras este fuego. Es como si la realidad de estas personas estuviese tan distorsionada que no tienen consciencia de qué tan malos son los pasos que siguen sus hijos, o su entorno está tan podrido que para ellos es normal que un niño tenga un arma.

Reportan que ya hay dos fallecidos más de los siete reclusos de este pabellón. Según un despacho de TVN, uno de ellos tenía solo 15 años y llevaba cumplido un año de una condena de siete.

Por favor, alguien explíqueme qué cosa tan mala pudo haber hecho un muchacho a los 14 años para ganarse una condena así. Pregunto, porque nada de eso es gratis.

Es cierto que esos muchachos no eran precisamente angelitos, pero nadie merece morir de esa manera.

Muestran tomas de mujeres llorando por que desconocen el estado de sus hijos y te tienta a preguntarte dónde estaban cuando sus hijos hacían las fechorías que los llevaron a ese centro de cumplimiento, pero estoy clarita en que por buen o mal trabajo que hubiese hecho mi madre al criarme, no la puedo culpar por las desiciones estúpidas que he tomado.

¿Que los guardias del centro actuaron de forma inhumana? No podemos esperar otra cosa, si muchos de estos guardias provienen de los mismos barrios que los infractores que custodian, y al igual que ellos, crecieron influenciados por el mismo sistema corrupto donde un celular vale más que una vida.

¿Y ahora quieren sacar a la policía de los centros de cumplimiento para poner custodios civiles? Se los van a comer vivos…

Es como el caso de la señora que limpia en casa de mi mamá. No pasa de los 40 años y tiene como seis hijos. Vive en Veracruz, y según tengo entendido es bastante honrada, sin embargo al menos uno de sus hijos está metido en pandillas. El más pequeño apenas tiene 7 años y ve a sus hermanos mayores como si fueran la gran cosa.

Como estamos en época de vacaciones, la señora trae al niño con ella. Un día, el niño llega con un nuevo corte de cabello: doble tono, colita y el logo de Puma tallado a un costado.

A mi me picaba la mano por tomarle una foto para guardarla para cuando mi hijo esté lo suficientemente grande y decirle que si llega a con algo así, le corto los huevos, pero me restringí. Mi madre no fue tan diplomática y le dijo a la señora que cómo era posible que ella hubiese dejado que le hicieran esa canallada al chiquillo, que ese era un corte de pandillero.

Desde pequeños ven a los pandilleros a su alrededor como hombres respetables y quieren copiar el ejemplo. Lastimosamente hay veces en que eso puede más que lo que diga mamá.

Hace un par de días, el niño estaba viendo Mazinger Z y mi mamá le dice “¿Sabes quiénes son los enemigos de Mazinger? Son los ladrones, los criminales, los pandilleros. Esos son los malos”.

El niño la miraba incrédulo, pero espero que en su inocencia haya captado el mensaje.

Es cierto. No eran malos. Nosotros los hicimos malos al cortar sus oportunidades, por marginarlos por venir de donde vienen, por no procurarles un mejor lugar ni enseñarles que ser pobre no es sinónimo de ser maleante.

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