Idealistas… eso es lo que somos y no hay verguenza en eso.

También he leido este artículo que cita el Dr. Pichel, y me llena de orgullo saber que los ticos piensen de esta forma de nosotros, con todo y las muchas flores que se tiran de ser “la Suiza de Centroamérica”.

Las cosas que hoy los disfrutamos los panameños no han sido grados. Nos ha costado muchos años de luchas contra el imperialismo gringo, el militarismo, la corrupción y lo que llamo la mentalidad de aldea de muchos panameños.

Si hemos logrado mantenernos Pro Mundi Beneficio aun arrastrando todas estas cargas, imagínense de lo que seríamos capaces si en efecto todos trabajáramos en serio.

LASTRE SOCIAL

¿Y si no hubiera corrupción?

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

Hace unos días, alguien me mandó un correo electrónico con un artículo de opinión del ingeniero César Monge, aparecido en el periódico La Nación de Costa Rica en noviembre de 2007, sobre “El Imperio panameño”. El autor hace un recuento sobre la forma como Panamá ha manejado su canal desde que fuera entregado por Estados Unidos el último día del siglo pasado (ya sé, técnicamente el siglo XXI comenzó un año después, pero eso no es relevante para el tema), y la forma como ha tomado responsablemente el compromiso de ampliarlo para beneficio de todos los usuarios del mundo y, de paso, obteniendo importantes beneficios económicos para el país. La conclusión del Sr. Monge es que “Panamá, un país chiquito crecido a la sombra de los gringos, si sigue su ritmo de progreso por 20 ó 30 años más, será la Singapur de América Latina”.

Curiosamente, los panameños consideramos que nosotros debemos imitar a Costa Rica en la forma como hacen las cosas. La solidez de su democracia, la imagen de transparencia que proyectan y la visión de progreso basado en innovación que han demostrado, han sido consideradas como ventajas competitivas de nuestro vecino de oeste al compararse con nosotros. Sin embargo, también nosotros tenemos cosas que envidiar.

En el mismo camino, esta semana leímos una noticia importantísima para el país, aunque haya quedado un poco diluida entre los “dime que te diré” de las indagatorias a los sospechosos de blanqueo de capitales, el número de rayitas que muestra la señal del “Internet para Todos” y los arrebatos de niño malcriado de los dirigentes de Frenadeso. El miércoles se confirmó que Panamá mejoró su calificación de riesgo alcanzando el grado de inversión, lo que debe reflejarse en mejores indicadores económicos que de una vez por todas permitan una distribución más apropiada de la riqueza que se produce en el país. Esto es el resultado del trabajo organizado y metódico de los equipos de economía y finanzas de los últimos cuatro gobiernos que produjeron escalonadamente los cambios necesarios para alcanzar este importante logro. Y esto, hecho todo por “panameñitos vida mía” que han demostrado nuevamente de lo que somos capaces.

Pero (porque siempre hay un pero), aunque todo esto nos hace sentirnos orgullosos como panameños, si lo analizamos un poco más en detalle, lo que debería producirnos es una terrible frustración y unas inmensas ganas de apretarle el pescuezo a los corruptos. ¿Se imaginan lo que seríamos si durante esos mismos años en que se trabajó en el saneamiento y depuración de nuestra macroeconomía no se hubieran cometido los abusos que se cometieron? Tal vez no tendríamos que esperar un cuarto de siglo y ya seríamos “El Singapur de Latinoamérica”.

Es vergonzoso que un país con el potencial de Panamá, con profesionales de altísimo nivel, con banqueros responsables y disciplinados, con investigadores de talla mundial, con centros de excelencia científica, con una naturaleza maravillosa, con una fauna y flora envidia de cualquier nación del primer mundo, con un sistema económico basado en una moneda estable (al menos por ahora), un clima sin extremos y similar durante todo el año y una posición geográfica que lo hace único como encrucijada de comunicaciones y comercio a nivel mundial, se vea afectado por las maleanterías de quienes han visto en todos esos elementos una oportunidad para enriquecerse y no para hacer progresar el país para beneficio de todos los habitantes.

No es aceptable que, teniendo un gran futuro por delante, estemos empantanados discutiendo cuánto se robó cada ex presidente, cuántos millones dilapidaron los diputados para hacer política a través del FIS, cuántas coimas se cobraron para permitir cambios de zonificación en la ciudad y así canibalizar el espacio urbano, cuántos presos pueden sacarse de la cárcel usando como garantía una finca que se le aumentó el valor catastral de manera obviamente fraudulenta, cuántas concesiones directas sin licitación se dieron para beneficiar a amigos y familiares, cuantos ministros aprovecharon su posición para hacer negocios personales o cuántos “asesores” se embotellaron para pagar favores políticos. Estos temas no deberían distraernos si tuviéramos un sistema de justicia que funcionara, donde quienes cometieran delitos pagaran por ellos y donde ningún “contacto político” garantizara impunidad.

Pero estas irregularidades no podemos enfocarlas solamente en quienes ocupan cargos públicos. También debemos entender que son tan responsables de estas irregularidades los funcionarios, como los individuos y empresas que favorecen estos actos de corrupción. Hace tan solo unos meses, vimos un extenso reportaje sobre los sospechosos ingresos que obtuvo un ingeniero municipal, aparentemente para favorecer a los promotores. Pero, en esa investigación, solamente vimos una escueta lista con nombres de quienes pagaron. Creo que La Prensa tiene aún la deuda con sus lectores de investigar profundamente qué empresas pagaron esas importantes sumas y quiénes son las personas que se encuentran detrás de esos proyectos. Si el sistema judicial no funciona, por lo menos que el señalamiento social pueda ser un elemento a tomar en cuenta antes de “coimear” a algún funcionario. Mientras no entendamos que todos somos en mayor o menor grado responsables de lo que pasa (incluso, no denunciar un acto de corrupción contribuye al problema), no lograremos terminar con esta lacra que nos impide desarrollar el país. Entendamos que tenemos todos los elementos para llegar a ese “primer mundo” que tanto añoramos. Ahora solo nos falta que entre todos queramos lograrlo…

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