Cada año, “empresa de energía X” (donde trabajo) manda a hacer mochilas y útiles para distribuir en las escuelas dentro de las áreas de influencia de las plantas.

Las mochilas, reglas, lápices y plumas llevan el logo de la empresa mientras que los cuadernos llevan artes alusivos a los proyectos que se han realizado en educación, infraestructura y conciencia ambiental. Modestia aparte, debo decir que los cuadernos del año pasado quedaron muy bonitos, y que todavía se usa el arte con los tips de educación ambiental escritos por esta su servidora.

Todos estos productos se cotizan a través de nuestro departamento de compras y se adjudican al mejor postor, es decir, mejor relación precio-calidad, pero debo reconocer que se trata de mochilas bonitas y fuertes, y los implementos de escritura y las reglas son de marcas conocidas.

A pesar de que se trata de productos de calidad, aun así escuchamos quejas, especialmente en las comunidades más humildes, de que las mochilas son muy pequeñas y se descosen con facilidad.

Como ya he mencionado, no es una Jansport ni una Kipling, pero es una mochila que debe resistir una carga decente de útiles. Además, tampoco es que los estudiantes en los colegios públicos cargan tantos chécheres (disculpen el cinismo de este último comentario).

Tomando todo esto en cuenta, se me despierta la curiosidad de saber qué tanto cargan esos chiquillos en sus maletas y es ahí que me dicen que no es que los niños usan las mochilas para la escuela, sino que sus padres se las quitan para cargar sus cultivos…

Me consta, ya que el pasado noviembre en una gira a Bocas del Toro, vi una de las mochilas que se entregaron tirada en un monte cerca de un vivero, sucia, cochina y maltratada por la intemperie.

Ahora, el actual gobierno ha tomado la medida de distribuir mochilas con útiles a los más de 800,000 estudiantes de los colegios públicos del país, e igual que las mochilas de “empresa de energía X”, la gente dice que estas son una porquería.

Cuenta mi querida suegra, que es educadora, que sus colegas le cuentan que el día que distribuyeron las mochilas, los estudiantes agarraban y las tiraban a la basura.

Critican a Papadimitriu por defender el hecho que las mochilas salieron a $3 cada una. Señores: Esto es simple economía de escala. A mayor el volumen de la compra, menor el precio unitario.

Y cuando Lady B pagó $10.50 c/u en una compra de 2,500 mochilas cuando fue diputada de San Miguelito en vez de los $30.00 por docena, es decir $2.50 c/u… ¿Acaso nadie se acuerda de eso?

Entonces, si desperdicias la plata del pueblo es malo, pero si les regalas algo y procuras que la compra sea a un precio justo, también?

Sea cual sea el caso, la gente igual no aprecia lo que se haga por ellos. Tras que están mal acostumbrados a que les regalen las cosas, ahora resulta que están cambiando en cantinas los bonos de $20 que está dando el gobierno. ¡Belleza!

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