Lamento informar que, con toda honestidad, quien esté al frente de la iglesia católica en Panamá me es indiferente.Simplemente no es algo que me beneficie o me perjudique en lo más mínimo. Además, la iglesia tampoco es una institución que frecuente de forma constante.No soy adepta a asistir a convivios y me causa gracia ver como a ciertos curas lo tratan casi como celebridades. Un vivo ejemplo de esto es el padre Cosca, al cual con mis propios ojitos vi esperar dentro del BMW de una amiga de mi novio y del cual no  tenía la intención de bajarse hasta que le tocara hablar, para volver a subirse tan pronto terminara el evento. ¿Acaso le cuesta tanto bajarse como cualquier cristiano más?

Claro, mientras el esperaba, el carro con el motor encendido (para mantener el A/C funcionando) y, por su puesto, liberando C02 innecesariamente.

Tampoco me doy golpes de pecho y no tengo la más remota idea de qué es lo que la gente dice en los responsoriales. La verdad, no me interesa.

Sin embargo, debo reconocer que como repositorio de la fe de multitudes de panameños, lo que diga el cura el domingo antes de decir “podeís ir en paz” influye en las desiciones prácticas, morales y financieras de muchos, y es justamente por eso que los sacerdotes deben ejercer más prudencia y pensar mejor lo que dicen a sus feligreses en lugar de regurgitar la posición de la iglesia en temas tan delicados como la planificación familiar.

Solo una vez recuerdo que el cura que dirigía mi grupo de confirmación el la iglesia de Nuestra Señora del Carmen le preguntó a una muchacha que en ese entonces tendría unos 16 o 17 años:

Cura:”¿Tú qué piensas de los anticonceptivos?”

Muchacha: “Ehh, no sé”

Entonces el cura se dirige a la señora sentada al lado de la muchacha, que resulta era la mamá:

Cura: “Oiga señora, cómo es eso que usted no le ha hablado de eso a su hija?”

Señora: “Bueno, eso es para cuando ella se case”.

Cura: “Señora, para cuando ella se case va a ser muy tarde”.

Opinión

 

PETICIONES

Carta abierta al arzobispo Ulloa

Xavier Sáez–Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Lo felicito por su designación al frente de la Iglesia católica panameña. Algunos amigos que aprecio me han comentado que es usted una magnífica persona, humilde, solidaria y conciliadora. Enhorabuena. Como sabrá, no compartimos espiritualidad ni creencia. No obstante, este antagonismo es secundario cuando el bienestar del prójimo es objetivo principal.

Me tomo, por tanto, el atrevimiento de pedirle que introduzca cambios para dirigir una institución más humana, menos estigmatizante y desprovista de doble discurso. Dimas Cedeño fue tan gris que la sociedad todavía extraña a McGrath. Aunque sé que le puede resultar difícil contrariar a quien lo designó en esta posición, distánciese de las ideas inquisidoras y anquilosadas de B–16. Demuestre autenticidad y valentía. Me encanta ver a compatriotas dejando legados positivos e imborrables para los demás. Le ofrezco humildes consejos.

Su ámbito de poder es únicamente entre la cúpula eclesial y los feligreses. No pretenda ejercer influencia sobre otros ciudadanos no afiliados a su religión. No interfiera en la salud pública. Este asunto le compete al Minsa. Los métodos anticonceptivos han sido extraordinarios avances para la dignidad femenina, la felicidad conyugal y el planeamiento familiar.

Estos no solo evitan la penosa ocurrencia de embarazos indeseados y abortos provocados sino que, en el caso del condón, previenen la transmisión de enfermedades sexuales, algunas de ellas fatales. La falta de acceso e información sobre la anticoncepción afecta particularmente a la población más pobre del país. Criticar las campañas sanitarias y presionar a los políticos para votar contra estas medidas es irresponsabilidad criminal.

Condene enérgicamente la pederastia del clero. La frase de cero tolerancia es un buen comienzo, pero vaya más allá y entregue a la justicia a cualquier sacerdote que practique estos execrables actos. El abuso sexual de un menor merece un castigo ejemplar, venga de donde venga. Apártese de la hipocresía papal que por un lado reprueba estas vergüenzas, pero por el otro las oculta por décadas, indemnizando a víctimas y trasladando de parroquias a los depravados. Lidere un movimiento para hacer del celibato una opción no obligatoria.

La castidad es una aberración antinatura. Remueva la etiqueta de enfermedad a la homosexualidad. Hay muchos homosexuales en el sacerdocio. Al ocultar esa realidad, se propicia la represión y clandestinidad de sus instintos hormonales. No discrimine a la mujer. Ellas también tienen derecho y capacidad para ejercer el ministerio de la fe, quizás mejor que la contraparte masculina.

Aléjese del Opus Dei. La derecha moralista no tiene muchos adeptos. Se percibe elitista, fundamentalista, controladora y dueña de la verdad absoluta. Sus miembros utilizan un lenguaje caritativo para mejorar opinión pública y generar más fortuna. Esta prelatura siempre ha coqueteado con regímenes fascistas. Puedo entender que estén preocupados por estar perdiendo membresía y que necesiten aliados acaudalados para hacer frente a la competencia, pero esta vinculación es perniciosa y contraproducente.

La gente, particularmente la juventud, está sucumbiendo a otras vertientes cristianas y a corrientes agnósticas, debido a las estrategias militantes de aproximación evangélica, a los avances científicos y al desfase de los dogmas religiosos con la realidad contemporánea. Modernice pensamientos medievales. La existencia de purgatorio, limbo y demonio es solo metáfora bíblica. Estamos en el siglo XXI, por favor. Desista del retrógrado plan de crear una escuela de exorcismo. El padre Fortea es un enfermo mental. La proliferación de santerías y ritos satánicos es motivada por falta de educación y reforzamiento de las supersticiones por charlatanes de oficio y medios televisivos.

Practique un genuino ecumenismo. Ninguna creencia puede arrogarse la superioridad de su doctrina. Ni la ciencia, con sus métodos racionales, ha podido todavía descifrar el enigma del origen del universo y surgimiento de la vida en la Tierra. El cristianismo es minoría. Solo una tercera parte de la humanidad cree o sigue las supuestas enseñanzas de Jesús. La preponderancia del catolicismo en América Latina es solo circunstancial y aleatoria, originada por la venida de conquistadores ibéricos y sometimiento del indígena a las directrices de la corona española.

Si nos hubieran descubierto los árabes o los asiáticos hoy seríamos musulmanes o budistas. No hay necesidad de realizar invocaciones en actos oficiales de un Estado que debe ser aconfesional e incluyente. La educación estatal no debe inculcar conceptos y símbolos de una religión específica sino cultivar la convivencia pacífica y la tolerancia entre distintas convicciones. Adoctrinar a la niñez en una determinada creencia es tan pernicioso como la práctica de imbuir extremismos de izquierda o derecha en escuelas.

En 1985, un grupo de indígenas peruanos regresó la escritura sagrada al pontífice JP–2 diciéndole: “En cinco siglos no nos ha dado amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome su Biblia y devuélvala de nuevo a nuestros opresores, porque ellos necesitan más sus preceptos morales que nosotros”. Yo agregaría que en dos milenios oficiales transcurridos, ninguna religión ha propiciado equidad, honradez y bienestar a la humanidad. Es hora de cambiar la imagen. Shakespeare decía que “ningún legado es tan rico como el de la honestidad”. Empecemos, arzobispo Ulloa.

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