En los cuatro años que estuve estudiando fuera de Panamá, tuve mi par de situaciones incómodas en los aeropuertos.

En una ocasión, por ejemplo, me dejaron las maletas porque el avión iba sobrecargado, dejándome solo con la ropa que cargaba puesta y una triste muda de ropa para el día siguiente. Me tocó arroparme con toallas de mi compañera de cuarto ya que como estábamos iniciando el año escolar, todavía no habían sacado todas sus cosas del depósito.

La situación se repitió un par de veces, pero aun así, eso no fue nada comparado con le vez que, también para inicio de clases, me guardaron en un cuartito en el aeropuerto de Miami.

Ese día llegué al punto de migración y la oficial pidió mi pasaporte y mis documentos de estudiante para luego proceder a la foto y las huellas.

Cuando menos acuerdo, la oficial está llamando a alguien para que me escoltaran. Me metieron en una sala de espera, llena de viajeros, entre ellos un tipo con pinta de reguetonero que gritaba que si el tenía pinta de terrorista.  Poco me faltaba para yo gritarle que se callara, que con sus estupideces no estaba precisamente ayudando.

A pesar de la desesperación que tenía por la posibilidad de perder el avión, preferí esperar tranquilita hasta que me llamaron a una oficina.

Recuerdo que el oficial era un hombre blanco, de cabello y ojos claros y apellido hispano. Como Rodríguez o algo así. Posiblemente uno de esos “cubano-americanos” que se creen más gringos que la primera enmienda.

Después de un par de preguntas  y al comprobar que solo era una inofensiva estudiante, quitó la cara de tuco que tenía y me explicó que el error se debió posiblemente a que el vidrio donde te toman las huellas estaba sucio y por eso no podían cotejar con la base de datos, sin embargo, la oficial de entrada debió volver a tomar mis huellas y si todavía el resultado no daba, entonces era que debían escoltarme.

Arreglado todo el asunto, me tocó correr y llegué a escasos dos minutos antes de que cerraran el vuelo.

Entiendo que esta, y las otras veces que me sacaron para random check fueron producto de una mezcla un tanto inconveniente de estupidez humana, y el terror de un Estados Unidos post 9/11, pero ¿que tengan a un niño de 8 añitos en la lista de terroristas? Ya se pasan.

Hay más de 1.600 personas con ese nombre en EEUU

clipping

Un niño de 8 años, en una lista de terroristas sospechosos

Le paran, le registran y le interrogan cada vez que pisa un aeropuerto

L. Fernández, 15 de enero de 2010 a las 12:14
Michael Hicks.Michael Hicks.

Sra. Hicks: Entiendo la necesidad de seguridad pero esto es ridículo

Michael Hicks.

Michael Hicks.

Michael Hicks tiene ocho años y una cara angelical… Nadie se imagina que este pequeño boy scout que estudia en una escuela parroquial forme parte de una lista de terroristas sospechosos en EEUU.
La primera vez que Michael fue a un aeropuerto, con tan sólo dos años, los funcionarios de Transport Security Administration le cachearon y llegaron a interrogarle. Es el último que sube al avión y siempre le sientan lejos de su familia.

Según informa The New York Times en el artículo “Meet Mikey, 8: U.S. Has Him on Watch List” de Lizette Álvarez, sus padres llevan seis años intentando que eliminen a su hijo de la lista de posibles terroristas pero no lo han conseguido: efectivamente existe un Michael Hicks sospechoso de terrorismo pero hay más de 1.600 personas con este nombre en el país.

Michael tiene su grupo de fans en Facebook, con más de 1200 admiradores, que puede visitar entrando en Get Mikey OFF “The List”.

Anuncios