Pasé la mayor parte de esta semana saltando entre Chiriquí y Bocas del Toro (Changuinola, no la isla) en misión oficial con un grupo de periodistas de SERTV.

En esta oportunidad, el equipo de SERTV trabajaba en una serie de tres reportajes sobre la situación energética del país, los que serán transmitidos en su noticiero estelar este lunes 30 de noviembre, martes 1 y miércoles 2 de diciembre.

En vista de que uno de los temas a tratar en uno de estos reportajes sería los beneficios de la energía eléctrica en áreas rurales, consideramos oportuno llevarlos, además del sitio de construcción en Changuinola, a conocer el trabajo de electrificación rural que se hizo en La Esperanza, en Gualaca.

Durante el recorrido que hicimos de las comunidades cercanas, visitamos la escuelita de La Esperanza, la cual sigue el modelo multi grado y tiene una matrícula de 10 estudiantes.

Nos cuenta el Prof. Patiño, maestro/director de la escuela La Esperanza, que el recibe $360 mensuales por parte del Ministerio de Educación, lo cual además de sus gastos, debe alcanzar también para la crema que los niños reciben en el comedor de la escuela, que este año no tiene estudiantes de 5to grado ya que los papás no los mandaron por no tener para los uniformes y los servicios, aun teniendo agua potable, son de hueco.

Por ser una escuela dentro del área de influencia de nuestras operaciones, se le ha cooperado antes con la construcción de la cerca perimetral y se benefician también de unos 20 kilómetros de carretera y electrificación que hizo “empresa de energía X”, lo cual veo como algo positivo en vista de que el tener una operación tan grande, las comunidades deben percibir alguna clase de beneficio tangible, pero no puedo dejar de preguntarme dónde está el Estado y sus ochopotocientos ministerios que deberían hacerse cargo de estas situaciones.

Mi tío fue director en una escuela en Sortová, Chiriquí y me consta que mientras más pequeña/apartada la escuela, más a gatas se las ven, cuando justamente estas deberían ser prioridad para poder así sacar a estas familias del círculo de la pobreza.

Peco por no tener cifras exactas, pero me atrevo a decir que gran parte del presupuesto de los ministerios en mi Panamá se va pagando personal administrativo en vez de asignar estas partidas para pagarle mejor y asignar más personal operativo, equipos y viáticos, que, como es el caso también en el Ministerio de Desarrollo Social y la Autoridad Nacional del Ambiente, carecen de los medios para poder visitar y monitorear las áreas más vulnerables.

Varias veces he escuchado que la empresa privada debería hacerse cargo de estas cosas, solo por el hecho de que operan en un área específica. Sin embargo, hay una diferencia muy grande entre tener programas de responsabilidad social y tener operaciones socialmente responsables, pero otra cosa que es abismalmente diferente, es esperar a que la empresa privada asuma el rol del estado.

Mientras que un programa de responsabilidad social usualmente consiste en formar grupos de voluntariado entre los colaboradores de una empresa, ser una empresa socialmente responsable involucra una serie de aspectos regulatorios, sociales y operacionales que hacen de esta una inversión económicamente viable, libre de riesgos legales y ambientales, y abiertamente aceptadas y hasta defendidas por sus comunidades vecinas.

Una empresa socialmente responsable se reconoce por sus prácticas seguras de manejo de desechos y manejo ambiental, políticas estrictas de seguridad y salud ocupacional, contratación prioritaria de mano de obra local, políticas anti-corrupción firmes, claras y concisas, apego a las legislaciones laborales locales, cero tolerancia contra el trabajo infantil, así como el exigir que sus proveedores se rigan también por estas normativas, solo por mencional algunas cosas.

Ahora, volviendo al ejemplo de la escuela de La Esperanza, nosotros, los ciudadanos comunes y silvestres, decimos que es que no hay plata, que el país no cuenta con presupuesto. El problema no es la falta de recursos, sino la mala administración de los fondos del Estado, ya sea por políticas deficientes o por corrupción.

Miramos con tristeza/enojo/decepción al ver nuestros comprobantes de pago y ver como mes a mes nos recortan una parte bastante jugosa de nuestro salario la cual se va en impuestos, seguros educativo y seguro social, pero realmente no vemos el resultado de ese dinero. Aún con eso, cuando estuve en Europa, tanto Timo, mi amigo el alemán que vive en Munich, y Lisa, otra ex compañera de la universidad de ucraniana que hoy vive en Bélgica, se preguntaban cómo hace el Estado panameño para sobrevivir con tan poca recaudación de impuestos.

Claro, ellos tienen universidades de primera, carreteras en constante mantenimiento y servicios de salud costeados por los impuestos que ellos pagan, y la sola idea de evadir el pago de impuestos les resulta ofensiva.

Quiero saber cuándo es que llegaremos a ese punto.

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