En algun momento crei haber escuchado voces, pero igual segui durmiendo.

Entonces, cuando menos lo esperaba, Timo me despierta con el dato de que ya eran pasadas la 1 p.m.

Horrorizada de saber que habia perdido ya medio dia en Munich, corri a baöarme. Desayune con Timo mientras revisabamos las opciones del dia y luego fuimos al super a hacer un par de compras.

En el camino de regreso, note que es bastente comun que la gente use su bici como medio de transporte, algo casi imposible en Panama debido a la infinita amabilidad de los conductores de mi ciudad.

Regresamos al apartamento, dejamos las compras y partimos nuevamente.

Timo habia decidido que hoz lo pasaria como una alemana mas: haciendo mandados, viajando en el metro y luego visitariamos un lago cercano.

Nuestra mision nos llevo al corazon de Munich, donde cambiariamos el telefono de Timo por uno modelo diferente, cambiariamos la direccion en su contrato de telefono movil y nos encontrariamos con Nathalie, una compaöera de su trabajo que conoci en mi primera visita, y otro amigo de Timo para ir al dichoso lago.

Pasamos por Marienplatz, donde me esperaba mi viejo conocido, el Glockenspiel, una de las antiguas entradas de Munich, cuando era una ciudad amurallada. Caminamos un buen tramo hasta tomar nuevamente el metro para ir a la tienda donde Timo queria comprar su telefono nuevo (y que no hallamos), y luego de un nutritivo almuerzo en Burguer King (si, ya se… muuuuy aleman), estariamos oficialmente camino al lago.

Tomamos el bahn (U o S, ya no se) y nos encontramos con el amigo de Timo que nos indicaria el camino. Una vez en el lago, nos sentamos un rato a disfrutar de la vista: gente nadando, niöos jugando y uno que otro pato, cuando de repente se acercan dos cisnes blancos con sus crias a solo centrimetros de donde yo estaba. Esto era algo de lo que definitivamente queria fotos, asi que le pase la camara a Tim, saque un paquete de galletas que habia traido y las abri para darles.

Estuve un rato alimentandolos y vimos que ya era tiempo de dejarlos ir… la verdad uno de los cisnes grandes estaba apuntandole a mis zapatillas… asi que nos fuimos de ahi. Para mi sorpresa, o desconcierto mas bien, al alejarnos encontramos un letrero que decia “prohibido alimentar a las aves”, el cual en vez de asustarme, lo que hizo fue hacerme sentir peligrosa por haber infringido la ley.

Ya en casa, Timo y yo pasamos el resto de la noche viendo fotos viejas de nuestros dias en Harding, y de sus viajes a destinos que en su debido momento visitare.

Anuncios