Esto lo envié hace ya ratito a un diario local, pero por alguna razón no ha visto la luz.

Tal vez sea mejor así porque, como dice mi madre, “todo comentario es subversión” y mis comentarios ya son lo suficientemente subversivos para su gusto, y ni hablar de este blog. Aunque debo admitir que con bastante orgullo ella lo ha comentado entre sus amistades y hasta con el pobre técnico de C&W que vino hace unas semanas a instalarnos el nuevo modem.

Creo que la edad la ha amansado un poco y creo que lo pensaría bastante antes de ir a las manifestaciones, como solía hacerlo durante la época de los Civilistas.

Esta cartita cariñosa fue sujeto de un intercambio muy interesante (y bastante entretenido también) entre yours truly y la editora de la sección de opinión del diario al que lo envié, más que todo por un gracioso malentendido debido a mi desición de escribirle a Santa y no al Niño Dios… ya se darán cuenta al leerlo.

Querido Santa,

Sé que ya estoy un poco crecidita para estar escribiéndote cartas, en especial cuando siempre supe que era mi mamá quien compraba mis regalos, pero en vista de que para la navidad del 89 se llevaron a Noriega, creo que no pierdo nada en tratar.

Verás, en menos de un mes estaremos eligiendo presidente nuevo en Panamá y en los casi 20 años que han pasado desde que tenemos democracia en este país, más que líderes, hemos tenido la delicadeza de sentar a toda la banda de Alí Babá en el Palacio Legislativo.

Por suerte para estas elecciones, tenemos pocas opciones para votar por presidente, así que se nos hace mucho más fácil elegir, pero los panameños tenemos un extenso historial de tener sinvergüenzas como líderes, así que creo que un poco de ayuda divina no viene de más.

Como me gusta empezar a tiempo, voy a pedir desde ahora, a ver si de verdad se me cumple. Aquí te va:

Primero, quiero que no nos dejemos convencer por campañas pegajosas, sino que sepamos estudiar las propuestas que nos hacen.

Ahora que están “in” los debates, quiero uno donde realmente demuestren el calibre de sus capacidades para gobernar y no un “dime que te diré” que solo beneficie los ratings de las televisoras.

Quiero un presidente honesto, íntegro y que tenga la capacidad de hacer de Panamá un país donde quiera criar a los hijos que aun no tengo.

Quiero un presidente que ponga mano firme a los criminales, con un sistema judicial ágil, en el cual la prevención sea elemento clave y las cárceles no sean universidades de delincuencia.

Quiero un presidente que pueda reducir los índices de pobreza sin paternalismos, no uno que quiera comprar el voto del humilde con una lata de jamonilla rancia.

Quiero un presidente que fomente la inversión privada y proponga mecanismos para que los pequeños empresarios puedan surgir.

Quiero un presidente que no me insulte al querer distraerme con parques glorificados para que no vea que al cruzar la calle hay dos hospitales donde no hay ni una triste aspirina.

Quiero un presidente que quiera dejar como huella un mejor sistema educativo, programas de salud eficientes y un transporte público que me asegure que llegaré a mi casa tal como salí, en vez de placas con su nombre en puentes a medio hacer.

Espero no estar pidiendo demasiado.

No voy a preparar leche y galletitas para esperar a que ese presidente toque mi puerta para mostrarme su propuesta, pero sé que alguien en su campaña monitorea este medio, así que tengo la confianza de que lo que hoy escribo llegará a las manos correctas.

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