En vistas que la semana pasada estaría lunes y martes en Changuinola (léase: incomunicada), decidí enviar un par de artículos de opinión para ganar algo de tiempo y que estos se publicaran durante la semana, o cuando las editoras de las secciones de opinión de los medios a los que los mandé (curiosamente son todas mujeres) tuvieran espacio disponible.

Para el miércoles que llegué a la oficina, me reciben con un par de felicitaciones, pero todavía no había tenido oportunidad de revisar periódicos, monitoreo ni e-mail.

Cuando al fin logro entrar al portal de mi servicio de monitoreo, encuentro que efectivamente salió un artículo titulado “Hidroeléctricas. ¿Por qué?”, el cual había enviado a La Prensa. El shock llegó cuando revisé mi e-mail y me encuentro con un correo de un gremio que no voy a especificar cuál es, pero está bajo igual o peor escrutinio que las hidroeléctricas…

Resulta que dos de los tres artículos se publicaron el lunes (el otro fue en La Estrella), les llamó la atención la forma en que defendía los proyectos hidroeléctricos y están interesados en que escriba para ellos.

Ser pluma a sueldo es un trabajito que según tengo entendido paga bastante bien (hasta $600 por pieza), pero por atractivo que suene, sinceramente, no estoy segura de que pueda defender a su gremio con la misma vehemencia, pero igual me voy a reunir con ellos el lunes, a ver que ocurre.

Comparto uno de los artículos publicados el lunes, en La Prensa, lo más cercano a cómo me hubiese gustado verlo impreso. Si no me equivoco, este fue el que causó más comentarios.

Hidroeléctricas. ¿Por qué?

Sin lugar a dudas, un tema que causó revuelo durante el año 2008 fue la energía eléctrica.

Por un lado, la extensión de nuestra temporada seca causó que los embalses de Bayano y Fortuna bajaran a niveles críticos, mientras que los daños en las unidades termoeléctricas redujeron la disponibilidad del suministro de energía, llevando al Estado a tomar medidas drásticas de ahorro, incluyendo el acortar el horario de las instituciones públicas.

Por el otro, surgieron manifestaciones en contra de proyectos hidroeléctricos actualmente en construcción en Bocas del Toro y Chiriquí, las cuales proclamaban la protección al ambiente y al estilo de vida de las comunidades indígenas que habitan estas áreas, sin tomar en cuenta que estos proyectos representan para ellos un peldaño crucial en el camino hacia la igualdad de acceso a mejores condiciones de salud, vivienda y educación, a la vez que aseguran la energía necesaria para el desarrollo del país.

Debemos hacer un balance entre desarrollo y conservación. Considero que en las hidroeléctricas estas dos realidades pueden coexistir permitiendo la sostenibilidad de recursos y el respeto a las comunidades afectadas por estos proyectos.

Comparto con ustedes algunas de las razones a favor de las hidroeléctricas:

  1. Generan energía limpia y renovable. Las plantas hidroeléctricas no generan emisiones de CO2, y las aguas utilizadas para generar energía siguen su ciclo natural sin ser alteradas por químicos.
  2. Su precio es estable. El agua no está sujeta a los caprichos de la bolsa, lo que permite a las empresas generadoras ofrecer energía a precios fijos a largo plazo.
  3. Son naturalmente accesibles. Solo en Panamá existen 52 cuencas hidrográficas.
  4. Garantizan la protección del recurso hídrico. Para poder garantizar que una inversión de $700 millones no dure 10 ó 20 años, sino toda una vida, es necesario proteger el recurso hídrico. Eso se llama sostenibilidad.
  5. Propician una mayor generación de empleo durante la etapa de construcción. Estas obras requieren un mayor número de personal durante mayor tiempo.
  6. Representan un activo para el país. Independientemente si son administradas por el Estado o la empresa privada, las plantas hidroeléctricas son obras permanentes, a diferencia de una planta termoeléctrica o una turbina de gas que puede ser desmantelada y llevada a otra ubicación.
  7. Protegen a las comunidades cercanas. Los embalses regulan el caudal de los ríos, lo que ayuda a prevenir las inundaciones.
  8. Impulsan el desarrollo y el progreso. La construcción de hidroeléctricas promueve la realización de otros proyectos de infraestructura y mejor acceso a servicios de salud y educación.
  9. Mejoran la estabilidad y confiabilidad del suministro eléctrico. La energía hidráulica tiene tiempos más rápidos de respuesta frente a las fluctuaciones en la demanda de energía, cambios de voltaje y se restablece más rápido en caso de apagones.
  10. Promueven la economía local. La construcción de hidroeléctricas requiere mano de obra, materiales y servicios que pueden ser contratados localmente, generando nuevas fuentes de ingreso para estas comunidades.

Si conoces alguna razón más, te invito a compartirla.

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