Estas fiestas patrias me fui con mi querido Luis a visitar a nuestro amigo Tomás, quien hace un par de meses se mudó una vez más a tierras aztecas, esta vez, aparentemente para echar raíces.

El viaje desde un principio fue un tanto abrupto, dado que compré mi boleto solo un poquito más de una semana antes de partir, pero aun con los contratiempos, fue un viaje como pocos. Si bien el avión nos dejó, lo que nos retrasó casi un día, la espera valió la pena.

El propósito principal del viaje era comprobar que nuestro muchachito estuviera bien, y así lo comprobamos. Encontramos a un Tomás tranquilo, sereno y contento. Eso sí, mucho más delgado, pero según nos dice su hermana, esa delgadez no es producto de buenos hábitos, sino que que nuestro amigo es un grandísimo huevón que prefiere no comer por evitar cocinar.

Conocimos a Claudia, quien me atrevo a decir tiene mucho que ver con este cambio en nuestro Tomás. Ya Luis y yo le advertimos a Toti que más le vale que no la deje ir, si no quiere que nos montemos en el primer vuelo disponible al DF así nos toque empeñar un riñón y lo agarremos a coscorronazos hasta que Claudia lo acepte de vuelta.

México DF resultó ser una ciudad de grandes contrastes. Te encuentras con modernas torres de oficinas en calles empedradas, arquitectura que viaja del barroco al art deco en la misma cuadra, un Sanborns en cada esquina y muchos Volkswagen.

Comí como si no existiera el mañana… comí tacos, flautas, tortas, nopalitos, pozole, pie de elote y tomé mucha, pero mucha horchata. Susana Lezcano, enemiga declarada de la comida mexicana cayó sin remedio. Soy una conversa más… siempre y cuando sea comida de fonda.

Los personajes del metro son un tanto curiosos, por ponerlo bonito: vendedores de CD piratas con equipos de sonido adaptados a una mochila ofreciendo los éxitos de las rancheras, música romántica, clásicos del rock, Frank Sinatra… indigentes un tanto volados que entran al vagón de un salto cantando Pelo Suelto, de Gloria Trevi… los punkers, los emo, parejas gay dandose de lenguetasos… Hay cosas que es mejor no pensar en ellas.

Cansada, con la piel resquebrajada del frío, constipada y con una cuenta de ahorros casi en números rojos, puedo decir con toda seguridad que lo único que uno se lleva a la tumba es lo gozado, lo comido y bailado.

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