Ya que andamos en un mood medio confrontativo, voy a compartir una columna que no hace mucho fue publicada en la sección de opinión de La Estrella.

Hija del Proceso

No es mucho lo que recuerdo de la dictadura. Tenía a penas cinco años cuando invadieron los gringos, pero recuerdo, las marchas civilistas, los gases lacrimógenos los camiones pitufos que regaban agua con ácido y las marejadas de personas que pasaban frente a mi casa con su botín del saqueo, cuando vivía en Bella Vista.

A 18 años de haber cerrado ese capítulo tan sombrío de nuestra historia, una de las candidatas más fuertes para ganar la presidencia de la república en las próximas elecciones de mayo se declara a si misma como “hija del proceso” — uno que trajo a nuestro país desapariciones, torturas y asesinatos.

Yo también soy hija del proceso, pero de un proceso que me enseñó a desconfiar de las autoridades, los partidos políticos y de las instituciones públicas y las sociales incluyendo la iglesia (recuerden que Noriega se escondió en la Nunciatura).

No me explico cómo solamente cinco años después de habernos sacudido el militarismo, el pueblo panameño hubiera vuelto a instituir en el gobierno a la misma gente que temimos tanto, y que lo volvieran a hacer en el 2004. Lo peor es que hoy estamos viendo los resultados de ese gobierno con las nuevas leyes de seguridad pública que más parecieran un pobre intento de reescribir 1984 de George Orwell… quien quita y hasta me pinchen el teléfono después de esta columna.

Es cierto que todos merecemos una segunda oportunidad y que Balbina Herrera ha demostrado gran liderazgo y astucia política, los cuales son elementos necesarios para poder gobernar, pero como bien lo dijo un comentarista recién concluidas las elecciones internas del PRD, “ningún tigre se vuelve vegetariano”.

Tengamos claro que una cosa es querer borrar las heridas del pasado, y otra muy distinta es olvidar al punto de repetir la historia. Y justamente lo que está ocurriendo con mi Panamá.

Díganme qué clase de país le quieren dejar a mi generación y las que vienen.

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