A pesar de todas mis aprehensiones, los temas de política me resultan adictivos. Por supuesto, a los aficionados como yo, nos resulta muy fácil resolver los problemas de Panamá al calorcito de una taza de café.

El miércoles pasado se presentó la oportunidad de sacar a pasear mis ideas cargadas de cafeína durante el seminario que dictó Fundación Libertad, titulado “El nuevo populismo totalitario. Consecuencias o causas del deterioro democrático continental”, y durante cena por la libertad y la democracia, la cual tuvo como orador de fondo para la noche al líder estudiantil venezolano Yon Goicoechea (quien, por cierto, es mi nuevo amor platónico).

Los descansos entre presentaciones se prestaron para conversaciones altamente estimulantes con catedráticos, estudiantes de derecho y una que otra persona influyente en temas de política y economía, además que  tuve la oportunidad de conversar brevemente con alguien a quien como periodista, considero como uno de los héroes de la libertad de expresión en Panamá: Bobby Eisenmann.

Uyyy, y casi se me olvida mencionar que el entretenimiendo de la tarde fue cortesía de la visita de los monos chavistas del SUNTRACS, quienes vinieron armados de banderas y megáfonos a reprochar la participación de Yon Goicoechea en el seminario. Por cierto, gracias por traer más atención al evento. Los amo.

Muchas cosas de las que se dijeron en este seminario eran cosas de las cuales yo ya estaba convencida, tal vez por el hecho de que, creo yo, soy una de las pocas personas de mi generación que tienen algún recuerdo de lo que era Panamá antes del 20 de diciembre de 1989. Aún así, el panorama que se vislumbra para mi país si las garras del populismo/militarismo volvieran a tomarse Panamá lo noté más tétrico que nunca.

En resumen, Panamá corre peligro de convertirse en otro bastión chavista, así como Bolivia y Nicaragua.

Ya me han dicho en mi casa que si gana el PRD con la candidata que tiene (cuyo nombre no voy a mencionar debido a que ya en casa me regañaron por haberla mencionado por nombre y apellido en un artículo que publiqué recientemente), lo mejor que podría hacer es coger brisas bien lejos de aquí y, claro, ya muchos me han escuchado decir que preferiría pegarme un tiro en el pie antes que votar por Balbina Herrera… Oops!

Pero… soy necia. Pero… soy joven. Pero… soy idealista. Por ende, me niego a caer en el autoexilio. Y tampoco quiero creer que la situación será tan mala como para querer salir corriendo.

Pero… me estoy saliendo del tema.

Los candidatos para cargos públicos en este país no se escogen de entre los mejores, sino de entre los menos peores, por lo que entre tantos malos, sería, tal como dijo uno de los expositores, como si nos pidieran escoger de qué preferiríamos morir: si de sida o cáncer.

En lo personal, no tengo candidato todavía y tampoco quiero que me asocien con ningún partido. Lo que sí tengo claro es que escoger al menos malo jamás debería ser una opción.

Necesitamos candidatos que puedan dirigir este país y guiarlo al desarrollo que se merece. No es cuestión de repartir plata. El problema de Panamá no es la mala distribución de la riqueza, sino la mala distribución de los insumos para poder producirla: EDUCACIÓN.

El único candidato presidencial en el evento era Ricardo Martinelli, a quien muy sabiamente advirtieron que tuviera mucho cuidado con su campaña. No podemos combatir el populismo en que nos está sumiendo la actual administración con más medidas populistas.

Martinelli y Varela: Déjense de pendejadas y unanse rápido que nos van a llevar de una sola corneada.

Panamá no necesita políticos. Panamá necesita líderes.

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