En el inicio, había esterilidad, caos y desorganización. Había una maraña de ideas con vida propia y la necesidad de sacarlas a pasear con la esperanza de que pudieran disfrutar de un poquito de aire fresco.

Escribo. Vivo. Respiro. Al menos eso hago cuando puedo.

Escribo de vicio: tomo notas, apunto compromisos y registro eventos y opiniones que en algún momento leerás en el periódico con tu desayuno o con más calma cuando llegues a la oficina.

Vivo: es la única manera que tengo de alimentar mi repertorio de diatribas y argumentos. No puedes sentarte a que se te prenda el foquito. Si realmente quieres tener algo que contar, toca salir y buscar nuevas experiencias.

Respiro: soy humana, no queda de otra.

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