Categoría: retrahilas


I
La iglesia estaba más llena de lo que recuerdo haberla visto, aunque dice mi hermana que esto es normal para la misa de las 7 p.m.
Aun antes de iniciar el servicio, la gente hacía fila frente al altar. Luego explicaría el cura que se trataba de una reliquia de Juan Pablo II y cómo venerarla.
Entiendo que venerar (no adorar) santos es algo muy propio de la iglesia católica, pero es algo que no comparto.
Esta es gente que caminó la tierra, igual que uno y si bien sus vidas pueden ser ejemplo de bondad, coraje, humildad, whatever, no creo que hayan poderes sobrenaturales asociados a ellos, sus imágenes, escapularios ni nada de esto.
Ahora, esto de hacer fila para besar un relicario el cual contiene algo extraido de un cadáver me parece un tanto morboso. Y para rematar las iglesias se lo turnan para exhibirlo.

II
Teníamos a Daniel con nosotros, así que nos sentamos en una de las filas de atrás, junto a la puerta, en caso de que se pusiera inquieto y necesitáramos una salida rápida. Daniel para variar quería pararse, caminar, aplaudir, reir. A fin de cuentas, es un bebé.
En la fila frente a la nuestra había una señora mayor y tenía la sensación de que nos estaba mirando con cara de tuco, pero preferí no prestarle atención.
Mientras tanto, evitábamos los adorables exabruptos de mi hijo a punta de galletas.
Nos salimos un ratito antes de que se acabara la misa.
“¿Viste a la señora de en frente? Nos estaba mirando feo”, me dijo Tomás.
Yo no había querido decir nada, no fuera que yo estuviera imaginando cosas.
Esta señora estaba sentada con una pareja que traia con ellos una nena de no más de seis meses. La bebé no hacía mucho ruido, pero la mamá salió un par de veces para calmarla.
¿Qué hace pensar a esta señora que la niña no iba a crecer y sus padres no tendrían que recurrir a tácticas similares a las nuestras de aquí a un par de meses?
Y eso que yo siento que mi hijo se portó bastante bien.
Si fuera por miradas casi asesinas como las de esta señora, nadie con niños pequeños iría a misa.
Esto no es Estados Unidos donde las iglesias tienen áreas especiales donde puedes ir con tus niños sin molestar a otros, ni tienen facilidades para que duerman la siesta ni cambiar pañales, así que uno como padre hace lo que puede.
En algún lado de Mateo dice “Los que son como niños entrarán al reino de Dios”. Que no se nos olvide.

III
Luego de que la manada de gente salió de la iglesia, Tomás y yo volvimos a entrar para buscar al cura para consultarle sobre el bautizo de Daniel.
Había una niña con su mamá por delante de nosotros. Esta agarra la Semilla, el papel que dan en las misas con las lecturas del día, y se lo da al cura para que lo firme.
Cuando estás haciendo la catequesis para primera comunión es requerido que vayas a misa y te piden evidencia de ello, pero ¿acaso desconfían tanto de los chiquillos ahora que también deban llevar el papel firmado?
Creo yo que más importante que vayan y regresen con evidencia, es que los chicos entiendan lo que dijo el cura en la homilía y cómo esto hace clic con sus vidas.

El entremés
En ese rato que estuvimos afuera Tomás me comentó que cuando pasaron la canasta de la ofrenda, un señor echó un billete de $5 y sacó vuelto.
Nos pareció algo gracioso, pero de muy mal gusto al mismo tiempo.
Soy de la opinión de que si estás en una situación de esas en que $5 es todo el efectivo que cargas, o los das sin remilgos, o simplemente no des, y si quieres, da un poquito más a la siguiente.
El que da, lo hace de corazón y de forma voluntaria. Así como la viuda de las moneditas de cobre.
Hay gente que le he escuchado que eso de sacar vuelto de la canasta de la ofrenda es normal, pero, hey, acababan de pagar quincena Y décimo.
Cuando Dios te da, lo hace sin restricciones y no te pide vuelto.

Como jóvenes padres de un niño pequeño, Tomás y yo hemos tenido que aprender a aprovechar aquellas pocas oportunidades para una salidita los dos solos. Estas usualmente implican una ida al cine y algo de comer. Nada fancy.
Este fin de semana, aprovechamos ese enamoramiento de mi madre con mi hijo para escaparnos a ver Furia de Titanes 2 (Wrath of the Titans).
Salimos de casa con tiempo bastante decente para agarrar la tanda de las 6:30 p.m. en Multiplaza, sin embargo, no contamos con que era fin de semana de quincena. Tuvimos suerte de encontrar estacionamiento relativamente rápido, pero la fila de la taquilla le daba la vuelta al food court y ni en VIP había tanda.
Decidimos intentar en Extreme Planet a ver si corríamos con mejor suerte.
Llegamos y nos tocó dar varias vueltas para poder estacionarnos. Esto hubiera sido más fácil de no haber sido por un par de desconsiderados que estacionaron sus autos en medio de dos espacios, limitando aun más la posibilidad de hallar parking a tiempo. Digo, si el carro hubiese estado un poco corrido diría que es chambonada, pero esto fue maldad pura. Ustedes saben quienes son… Los dueños de 4 x 4 para quienes un solo parking no es suficiente.
Llegamos a la taquilla y no había forma alguna de saber cuál era la fila, así que ahí nos colocamos de cualquier manera mientras que una de las cajeras luchaba con el sistema.
Teníamos algo de hambre, así que paramos a ver qué se nos antojaba del mostrador donde te venden las burundangas.
La verdad no había mucha variedad. Tenían nachos pero el queso se había agotado y lo único medianamente decente de comer eran los hot dogs.
Y así terminamos pagando $7.90 por salchicha, pan y soda ya que, como nos dijo la dependiente, “los hot dogs solo llevan ketchup y mostaza. Son estilo americano, jijiji”.
Y pensar que en El Alhambra te daban un hot dog con los condimentos que quisieras por la mitad de lo que pagamos acá.
Poco antes de que empezara la película, escuchamos a alguien que decía que le habían dado dos pop corn chicos ya que no había del mediano.
La movie era en 3D, así que nos habían dado nuestros reglamentarios lentes, los cuales estaban rayados y con grasa de las manos de su usuario anterior (en Cinépolis al menos algo les hacen para dártelos limpios), y el audio estaba para los tigres.
Ya para las finales, el aire acondicionado de la sala hizo una despedida prematura… Y eso que es un cine de los nice.
Tal vez El Alhambra no tenía servicio VIP ni asientos de cuero, pero era accesible, el trato era amable e inclusive mostraba películas extranjeras de vez en cuando.
El Alhambra era el último sobreviviente de los cines a la antigüa, así como el Aries o los Obarrio, de los cuales solo queda el recuerdo.
Bien dice mi tío que el panameño es farolero y prefiere ir al cine caro, así sea que tenga que saltar garrocha durante la semana para ver el último estreno con surround sound.

Hace casi un mes mi querido Tomás me comentó sobre un encuentro de parejas al cual le había invitado una amiga.
No le paré mucha bola hasta que Tomás me envió un correo notificándome que nos había inscrito al encuentro, llamado “Unidos por Siempre”.
No me gustó mucho que hubiera tomado una desición así sin haberme consultado, en especial tratándose de una actividad de viernes para domingo y para la cual debíamos estar en Colón puntualitos a las 6 de la tarde.
Rauda y veloz llamé a mi mamá para preguntarle si se podía quedar con Nipi ese fin de semana.
Luego de encargarme de tan importante diligencia, procedí a leer con calma el mensaje que había escrito la amiga de Tomás que nos invitaba a esta actividad. Soy bastante necia con eso de la escogencia de términos y me llamó la atención que dijera “su relación será reconstruida”. Lo primero que pasó por mi cabeza fue quien ostias le habría dicho a esta mujer que nuestra relación necesita ser reconstruida, ni que fuera que estuviera en ruinas.
Me molestó un poco, pero lo dejé pasar y solo por joder escribí “soltero” en la casilla de estado civil del formulario de inscripción.
Pasaron un par de semanas en las que estuvimos entrando y saliendo del hospital con Daniel y Tomás me dice que tal vez no sea buena idea irnos un fin de semana con el poroto aun convaleciente.
“Tranquilo, amor”, le dije. “No es hasta el fin de semana de más arriba”.
Me habían agarrado en mis dos segundos de awebazón, cuando bien hubiese podido zafarme de ir a la actividad.
Creo que es prudente aclarar que no soy una persona gregaria y la sola idea de actividades como convivios, retiros, días familiares y talleres de integración, en los que te fuerzan a trabajar en equipo, me causan ansiedad y a todo esto Tomás no había considerado todo lo que habría que preparar, tanto para nosotros como para Daniel, siendo este un viaje que implicaría pasar dos noches fuera de casa.
Llegó el viernes y dejé todo listo desde temprano para evitar contratiempos en la tarde, pero Tomás y yo nos complicamos en la oficina, así que no llegamos a casa hasta pasadas las 7 p.m., y ninguno de los dos había comido todavía.
Finalmente arrancamos a eso de las 9 p.m., no sin antes de hacer una parada en casa de los padres de la amiga de Tomás a recoger medias para el papá, quien era uno de los organizadores del evento. Su esposa fue quien le hizo las maletas y se le pasó empacarlas… Que Tomás no haga sus maletas él mismo pa que vea.
Dejamos a Daniel con mi mamá y empezamos nuestro camino.
Luego de 40 minutos en la autopista oscura y con neblina, un tongo que nos detiene por una supuesta infraccion, haber esquivado una mula atravesada y perdernos en Colón City, llegamos al hotel.
Una vez en el counter, nos encuentra una pareja que nos acompañaría a nuestra habitación.
Me llamaron la atención los corazones enormes con los nombres de las parejas en las puertas de los cuartos… Como si no fuera suficiente que se supiera que había un convivio de parejas en el hotel, sino que había que anunciar también exactamente dónde me estaba quedando.
Ya en la habitación, la pareja que nos acompañó entró con nosotros, lo que fue un poco incómodo, en especial porque ya era bastante tarde y queríamos descansar.
Es que tenían que explicarnos las reglas…
No. 1: en la mañana sonarían dos campanas: una para despertarse y otra para bajar.
(Ajá, ¿por qué no llaman a los teléfonos del cuarto y listo?)
No. 2: deben entregarnos celulares, berrys, tablets, beepers y cualquier eléctrónico que tuviéramos, inclusive relojes.
Tomás les explicó que no podíamos entregar nuestros celulares así como así, que trabaja sábado y debía estar disponible, al menos en la mañana, para supervisar aunque fuera por teléfono unos trabajos que habían quedado andando para uno de sus mayores clientes, y que yo tampoco entregaría el mío por mi trabajo y, lo más importante, habíamos dejado a nuestro niño en casa y tener comunicación nos brindaba tranquilidad.
Quedamos que no entregaríamos nuestros equipos, pero no lo llevaríamos a las actividades, lo que nos pareció muy razonable y se fueron sin alboroto.
Era una habitación muy bonita, y los organizadores se habían encargado de dejar pétalos de rosa en la cama y en la bañera, instalar un desodorante ambiental de esos eléctricos y (drumroll, please) cerrar con cadena y candado el mueble de la tele. Esto último me pareció un tanto ridículo, pero igual me reía. A Tomás, sin embargo, no le gustó para nada.
Ya nos disponíamos a cambiarnos cuando nos tocaron la puerta. Era el papá de la amiga de Tomás, quien había llegado con su esposa a exigir que acatáramos las reglas y entregáramos los celulares.
Se para en la puerta. Me mira. Vuelve a mirar a Tomás y le dice “contigo yo puedo hablar”, como que si fuera que yo estuviera pintada en la pared, o que fuera un ser inferior, cuál de las dos peor.
Tomás le explica con toda la ecuanimidad posible el porqué de nuestro proceder y que esto era un asunto de pareja, que lo conversaríamos y le informaríamos nuestra desición. El señor me mira como esperando que yo, aquel ser inferior con quien el no tenía nada de qué hablar, accediera. Solo lo miré y le dije en un tono firme “lo vamos a hablar”.
El señor nos indicó que el se retiraba, no sin antes informarnos que nos dejaba una guachimana en la puerta, para que le entregáramos nuestras pertenencias, claro, asumiendo que así lo haríamos.
Ahora la pregunta era si nos quedábamos o poníamos pies en polvorosa.
No habían pasado ni 10 minutos cuando nuevamente nos tocan la puerta. Eran tres personas más, quienes al igual que la pareja que nos guió a la habitación, entraron sin la delicadeza de pedir permiso.
Entre Tomás y yo tratamos de explicar, ya por tercera vez esa noche, toda la logística que habíamos implementado para poder estar ahí, que entedíamos que las habitaciones habían sido preparadas con mucho cariño, sin embargo habían cosas que nos parecían inapropiadas y que incluso, nos causaban disonancia por nuestros propios carácteres y dinámica como pareja.
Las dos mujeres empiezan a decirnos su experiencia y nos exhortan a quedarnos. “Ustedes necesitan esta experiencia”, nos decían.
Nos contaron que ellas pensaban que no necesitaban esto. “Yo descargaba mi estrés en mi pareja y mis hijos”, decía una. “Yo era una amargada”, nos comentaba la otra. Y por supuesto, la actividad en la que estábamos las había ayudado.
Nos parecía muy bien todo lo que estas mujeres nos contaban, pero ese no era nuestro caso.
Si bien nuestra relación no es perfecta (ni queremos que lo sea), llevamos nuestra pequeña familia con amor y pensábamos que este taller nos brindaría herramientas concretas para mejorar como padres y como pareja.
La reacción que recibimos de vuelta fue como si Tomás y yo estuviéramos en un estado de negación y nuestra realidad fuera una de gritos, abuso y al borde del divorcio.
En eso entra una nicaragüense a quien también debimos explicarle todo el rechinchal, lo que ya se estaba volviendo frustrante.
Su comportamiento con nosotros fue casi tan agresivo como el del papá de quien nos invitó.
La nica inclusive nos salió con eso de “¿ustedes creen en Dios?” y se puso a levantar las manos. “En el nombre de Jesús ato toda cosa maligna que impida que esta pareja se quede, bla, bla, bla”
Tenemos un hijo sano, inteligente y hermoso que es razón suficiente para estar convencida que Dios nos ama y cuanto más tiempo me quedaba, más me dolía haberlo dejado en casa por venir a escuhar semejantes sandeces.
A este punto Tomás ya estaba bastante irritado y decidimos que lo mejor era irnos a la brevedad posible. De nada valieron sus advertencias de carreteras oscuras… Claro, no han visto las lamparotas de nuestro pickup.
Dejamos que se fueran y acordamos ya irnos definitivamente, pero antes había que hacer pis (ni de eso nos habían dado chance). Ahí fue cuando vi el cable que colgaba: habían retirado los teléfonos de la habitación.
Agarramos nuestras mochilas y salimos rapidito para que no nos vieran. Entregamos las llaves en el counter y nos atajó una de las parejas que nos había “atendido” hacía un rato.
“Lástima que se vayan. ¿Tienen las llaves de su carro?”, nos preguntaron.
“Sí, las tenemos. Chao.”
Continuamos caminando hacia el carro y le pregunto a Tomás, “¿por que pensarían que no tendríamos las llaves de nuestro carro?”
“¡También te quitan!” Aceleramos el paso y arrancamos de vuelta a casa.
Llegamos a Panamá a eso de la 1 a.m., cansados, pero tranquilos de habernos dado cuenta de que enfrentamos esta situación juntos, unidos como pareja.
A la mañana siguiente hablamos con nuestros compadres, quienes son terapistas de familia, y al igual que Tomás, pertenecen al mismo movimiento que la gente que había organizado este retiro/taller. Les contamos con pelos y señales lo ocurrido la noche anterior y cómo nos sentimos durante este episodio.
Desde su perspectiva, nos explicaron que para los organizadores del evento fue más importante mantener las reglas del juego que hacernos sentir bienvenidos y que es muy peligroso que gente sin preparación profesional se tome atribuciones de organizar eventos para parejas, pero cuya metodología va en detrimento de las mismas. El habernos ido fue lo mejor que pudimos haber hecho.
Al final esta experiencia resultó ser una prueba para nosotros como pareja. Nos mantuvimos firmes, uno apoyado del otro.
Si ese era el propósito, excelente. Logramos nuestro cometido.
Sí, nos regresaron la plata y tal vez compremos ese schauzer que nos hace ojitos para que juegue con Daniel.

Llevo ya un par de días postergando este post. Tal vez sea porque yo misma no creo que sea cierto sobre lo que estoy a punto de escribir, lo cual creo que hasta cierto punto creo que raya en la desfachatez, o que ya el tema del incendio en el correccional de Tocumen está perdiendo vigencia, pero igual aquí va:

Hacía un par de días recibí un correo del escritor Carlos Fong sobre los hechos del pasado 9 de enero en el centro de cumplimiento de Tocumen, al cual respondí lo que sirvió de base a mi entrada “El no era malo…”.

No recibí ninguna respuesta de vuelta ni tampoco la esperaba, en vista que recibí dicho correo por ser parte de su base de datos, sin embargo, unos días después de eso recibí otro correo de este escritor, quien esta vez compartía nada menos que un poema, como verán más abajo, dedicado a los jóvenes del centro de cumplimiento de menores.

Nuevamente respondí y para sorpresa mía, esta vez sí recibí respuesta, cargada con lo que creo fue producto de la impresión un tanto errónea de que soy una perra inmune al sufrimiento de estos muchachos y sus familiares.

No lo soy. Pero honestamente estoy bastante hastiada del drama y de que hablen de ellos y sus sueños, como si estuviesen hablando de los niños del Hogar Malambo. Ya nadie habla de los sueños de muchachos como Daniel Carrizo, quien hace casi un año murió a manos de otro chiquillo  (ver “Creo en Jesús…” y Daniel Carrizo / un legado de justicia y paz).

Saben… mi sueño es que mi hijo pueda crecer con su papá y eso casi me lo quitan los criminales.

A continuación, comparto el intercambio…

 

 

—–Original Message—–
From: Carlos Fong <carlosfong27@gmail.com <mailto:carlosfong27@gmail.com> >
Date: Sun, 23 Jan 2011 03:21:31
To: <carlosfong27@gmail.com <mailto:carlosfong27@gmail.com> >
Subject: Fwd: No fuimos héroes

No fuimos héroes
(Dedicado a los jóvenes del Centro de Cumplimiento de Menores).

No fuimos héroes.
Tan sólo un grito en una celda mojada,
un castigo silenciado por la
ira del fuego indiferente.
Aviones derribados
sin alas
sin nubes
sin destino.

No fuimos héroes.
Jamás merecimos un poema,
una canción,
o una ofrenda.
Ganamos un tributo amargado.
Sólo fuimos un enjambre de dedos pegados al barrote
implorando la piedad entre el humo y la risa.
Con ligeras y dulces caricias en las nalgas
escapamos para ir a morir uno a uno;
porque así morimos los pobres.

No fuimos héroes
la patria no tiene por qué recordarnos
Ni llorarnos
Ni honrarnos
Seremos sepultados sin bandera
Sin discursos
Ni resoluciones.

No fuimos héroes.
Sólo fuimos hijos de la violencia y el miedo.
El odio que consumimos, ya lo probamos.
La rabia que sentimos, se nos regresó con dedicatorias.
La deuda que debíamos, la pagamos
con cenizas y un rastro de piel .

No fuimos héroes, ni mártires.
Sólo fuimos una raza
una especie
criaturas
masacradas,
el dolor de un racimo de madres que
también lloró un 9 de enero.

Por Carlos Fong


Carlos Fong
Ciudad de Panamá
(507) 64032517
Visite: http://miradadenuchu.blogspot.com/
“La modernidad sin tradición es tan vacía como la tradición sin innovación “.
José Antonio MacGregor

El 22 de enero de 2011 20:15, Susana M. Lezcano <susanamveliz@hotmail.com <mailto:susanamveliz@hotmail.com> > escribió:
Estimado Carlos,
Como le había comentado en un correo anterior, nadie merece morir de la manera en que uno a uno estos muchachos está muriendo, pero ninguno de ellos se puso la mano en el corazón antes de llevar a cabo las fechorías que los llevaron a ese centro de cumplimiento.

Dices en tu poema que “así mueren los pobres”. Dime por qué ahora nadie recuerda que ser pobre no es excusa para ser maleante.

Mensaje enviado desde mi BlackBerry® de +Móvil!

—–Original Message—–
From: Carlos Fong <carlosfong27@gmail.com>
Date: Sun, 23 Jan 2011 04:21:33
To: <susanamveliz@hotmail.com>
Subject: Re: Fwd: No fuimos héroes

Hay muchas cosas que recuerdo, pero son más las que quisiera
olvidar.
Para mí hay dos clases de seres humanos: los que optan por salvar al hombre
y los que optan por destruirlo.
Estamos condenados a elegir.
Yo ya elegí y usted también.
cf

Exacto. Ellos eligieron también y aprendieron de una forma cruda que el crimen no paga.
Ser menores de edad no los hace menos responsables de sus actos y no es justo compararlos con los mártires de enero del 64. La fecha es pura coincidencia.
Dios quiera que al menos uno de los dos que aun quedan vivos pueda echar el cuento y evitar que otros jóvenes caigan.

Mensaje enviado desde mi BlackBerry® de +Móvil!

 

 

 

 

 

Área caliente

A casi un año de mi desafortunado incidente con los maleantes de mi ciudad (Delito contra el patrimonio económico: Hurto), y de la horrible experiencia que pasó mi esposo en su oficina (Respetado Sr. Presidente) la inseguridad vuelve a tocar a mi familia.

Esta vez la víctima nuevamente fue mi esposo, quien este lunes se encontró con la ventana trasera de su carro destrozada y huecos vacíos donde iban sus bocinas y su equipo de sonido, este último, regalo de cumpleaños, apenas se había instalado tres días antes.

La alarma nunca sonó y el vidrió roto estaba recostado de un hidrante a un par de metros del carro. Al parecer el carro ya estaba vigilado y habían frito la alarma.

Aparentemente de nada sirve vivir en una calle supuestamente tranquila, con la estación de policía más cercana a 5 minutos a pie, si con este son al menos cuatro autos vandalizados, un robo en residencia y un secuestro express.

Me comenta una conocida que vive en Altos de Panamá que la situación es bastante parecida ahí y según lo que le dijeron a mi esposo en la DIJ, estamos considerados como área caliente.

Pareciera que de nada sirve trabajar para procurarte una mejor vida si va a venir un pendejo a hacer su navidad sin mucho esfuerzo.

Polvo eres…

Según Benjamín Franklin, “Nada en este mundo es seguro a excepción de la muerte y los impuestos”. Por morboso que suene, a mis 25 añitos, estoy clarita con que no quiero ser enterrada cuando me muera.

Honestamente, me causa pánico la idea de caer en un coma y que milagrosamente despierte para darme cuenta que me han metido en un cajón del cual no puedo salir. Además, la idea de una misa de cuerpo presente me parece muy de mal gusto.

Por más que digan que todos somos parte de una cadena alimenticia, tampoco me agrada mucho la idea de convertirme en comida para gusanos, y, con las opciones existentes, igual en polvo iremos a parar. Por lo menos la cremación es un poco más versátil. Pueden guardarte en una urna, arrojar tus cenizas al mar o a un río, o lo cual yo pensaba era bastante ecofriendly, plantar un árbol con ellas. Claro, todo esto después de haber contribuido a prolongar la vida de alguien más al donar tus órganos.

Tenía la idea de tener todo eso cuadrado a mi nada avanzada edad era un tanto morboso, hasta que encontré este artículo…

Polvo eres y en polvo te convertirás…

Ni cremación, ni entierro: liquidificación

Un bioquímico escocés cree haber hallado la mejor forma para deshacerse de un cuerpo sin contaminar el medio ambiente.

Ni cremación, ni entierro: liquidificación

“Hidrólisis alcalina”

A simple vista puede confundirse con una lavadora industrial, una secadora o incluso con una suerte de tomógrafo.

Pero en realidad, este aparato diseñado en Escocia es un dispositivo que -según sus creadores- permite deshacerse de los restos humanos de una forma más ecológica que la cremación o el entierro.

La técnica, conocida en inglés como Resomation, imita el proceso de hidrólisis alcalina que ocurre naturalmente cuando un cuerpo se descompone. Sólo que este caso, la descomposición que normalmente ocurre en un lapso de hasta 20 años, se produce silenciosamente en cuestión de dos o tres horas.

“Nosotros sumergimos el cuerpo en una solución de agua con hidróxido de potasio y lo sometemos a un temperatura de 180ºC”, le explicó a BBC Mundo Sandy Sullivan, una de las personas detrás de esta iniciativa.

Como resultado se obtiene una pila de cenizas, similares a las que produce la cremación.

Las ventajas ecológicas, según Sullivan, son múltiples.

“En principio, tiene el beneficio de que no requiere espacio. Y en comparación con los métodos de cremación tradicional, tiene una huella de carbono mucho menor ya que utiliza ocho veces menos energía”, explicó Sullivan.

“Además no produce emisiones de dioxinas ni de mercurio dado que, al final del proceso, las amalgamas de la dentadura pueden recuperarse”.

Caderas postizas, como nuevas

El cuerpo se envuelve en una funda de seda (también puede ser lana o cuero) y se coloca dentro de un ataúd de madera para trasladarlo al aparato.

Restos

“Restos”

Como la madera no puede ser sometida al proceso de hidrólisis alcalina, el cajón se recicla para el próximo cuerpo.

Otra ventaja adicional, señala Sullivan, es que el método de descomposición acelerado permite reciclar cualquier implante médico que contenga el organismo.

“Después del proceso, los implantes como las articulaciones de cadera o rodilla, por ejemplo, quedan en condiciones impecables. Pueden volverse a utilizar y beneficiar a muchas personas que no pueden acceder a estos tratamiento médicos por falta de dinero”, explicó Sullivan.

En cuanto a su costo, el inventor escocés señala que es muy similar al de la cremación, a la que también se parece en cuanto a la forma de la ceremonia.

Solución amable, económica y verde

El método no es completamente nuevo. Fue desarrollado en el pasado para deshacerse de los cadáveres de animales afectados por enfermedades como la aftosa o el mal conocido popularmente como la enfermedad de las “vacas locas”.

Sandy Sullivan

“Sandy Sullivan”

Lo que Sullivan hizo fue transformarlo en un proceso específico para lidiar con el cuerpo de seres humanos.

Actualmente está aprobado en cinco estados de Estados Unidos (Florida, Colorado, Maine, Minnesota y Oregon) y en Toronto, Canadá.

Sullivan espera que para fines de abril el Parlamento Escocés -que está considerando el tema en estos días- apruebe su utilización en Escocia.

“Desafortunadamente no hay una forma linda para irse de este mundo”, dijo Sullivan.

“Creo que al menos este método ofrece una solución compasiva, amable, rápida, económica y además, no contaminante con el medio ambiente”, concluyó el inventor escocés.

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No entendí…

Hoy, a 6 días del robo en mi auto, llegó finalmente la DIJ a mi casa a hacer un “empadronamiento”. Lo más útil fue saber que demoran dos semanas en procesar las huellas que tomaron de mi carrito el viernes.

Mientras tanto, ya hice el reporte interno en mi trabajo para ver si de repente el seguro cubre la pérdida y será cuestión de esperar a que aunque sea alguna de las cámaras aparezcan de aquí a un par de meses en alguna casa de empeño, de preferencia la Nikon.

Este viernes 19 de febrero, alrededor de las 4:30 a.m. me disponía a alistarme para ir al aeropuerto a una asignación que tenía en Chiriquí.

No sé por qué, pero me dio por bajar a la cocina y noté que las luces intermitentes de mi carro estaban andando. No me atreví a abrir la puerta sola, así que subí a despertar a mi mamá para que me acompañara.

Bajamos enseguida y encontramos que habían roto el vidrio del lado derecho de mi auto, llevándose las dos cámaras que había traído de mi oficina la noche anterior para la asignación a la que, creo está de más decir, jamás llegué a ir.

De inmediato llamamos al 104 y luego al número del seguro, donde me dijeron que no podían enviar a un inspector hasta que llegara la policía.

El robo debe haber ocurrido entre 4 y 4:30 a.m. ya que una de las vecinas de mi calle había salido de su casa a eso de las 4 a.m. para ir a Niko’s y ella había regresado más o menos a la misma hora que yo bajé y cuenta que cuando ella salió, todo estaba en orden.

Esperé un poco más de media hora a que llegaran los motorizados de la policía (la sub-estación más cercana está a cinco minutos a pie de mi casa), y luego de eso otra media hora más a que llegara la unidad del seguro.

Después que terminamos con el seguro, fui con mi novio a San Miguelito a poner la denuncia. Luego echarle el cuento a la oficial, firmé la declaración y antes de irme me dijeron que lo mejor que podía hacer era llevar mi carro hasta la DIJ para que lo procesaran, en lugar de esperar a que los agentes tuvieran oportunidad de ir hasta mi casa para hacer su trabajo.

Así regresé a mi casa, agarré mi carro, tomándome el riesgo de borrar evidencia y de cortarme con los vidrios (lo cual ocurrió dos veces), y lo llevé hasta las oficinas de la DIJ en San Miguelito.

Brevemente, los peritos de CSI Chollywood tomaron huellas de mi auto, mientras que, con todo y lo molesta y ultrajada que me sentía, no podía dejar de escuchar en mi cabeza los primeros acordes de Who Are You, de The Who.

No es que los autos los meten en algún garaje cerrado, libre de contaminación donde cuerpos extraños puedan alterar la evidencia. No. Mi carrito fue revisado al aire libre, donde repetidas veces se acercaron doñitas para preguntar por lugares donde les sacaran copias, interrumpiendo la investigación policial y los peritos compartían los guantes de hule porque no tenían en su caja.

Lo más útil que saqué de ese rato fue un “No deje de darle seguimiento a su caso” por parte de los investigadores.

Aun con que estoy a penas a $1.98 sobre el mínimo de mi cuenta de ahorros, reponer el vidrio de mi carro no salió tan caro como pensaba, sin embargo, aun ya con la ventana nueva instalada, no se me quita el sabor amargo de la intrusión a mi seguridad y la de mi familia.

Luego en la tarde me enteré que esa madrugada habían también robado en el auto de mi vecino, y que esta semana ocurrió otro robo a dos casas de la mía.

Si bien es cierto que se actuó de forma descuidada al dejar objetos de valor dentro del carro, tal vez confiándome que mi auto duerme tras rejas, digo también que las probabilidades de que esto ocurriese hubieran disminuido significativamente si ya tuviésemos instalado el portón de seguridad y un celador que vigilara la entrada de peatones.

La primera vez que se habló de instalar un portón en mi calle fue hace unos 9 años, cuando recién nos mudamos, pero como no lograban ponerse de acuerdo, todo se quedó estancado.

Ahora, hará casi un año que a uno de mis vecinos le hicieron un secuestro express, justo en la puerta de su casa, lo que causó que el vecindario se pusiera en alerta y nuevamente se hicieran las gestiones para instalar el dichoso portón.

Se hicieron reuniones, se recogió dinero y aun así, por dos casas donde no quisieron pagar la cuota, hoy las más de 30 que hay en esta calle, seguimos exponiéndonos a que nos asalten o algo peor, con todo y que, durante el tiempo que la gente se estuvo reuniendo, se dieron más casos de robos en las casas de nuestra calle.

Hoy hablamos de tres robos en una semana, el límite de “que tal si nos roban” a “que tal si me secuestran” se cruzó hace ya mucho tiempo.

La cuota para instalar el portón no llegaba a los $450, lo cual realmente considero es una inversión pequeña si comparamos con el valor de los bienes que ya han robado de nuestras casas, y más pequeña todavía si hablamos de lo que vale nuestra integridad física y la de nuestras familias.

Sin embargo, en nuestro caso no aplican las mismas reglas de propiedad horizontal, y si hubiésemos colocado ese portón, sería ilegal que limitáramos la entrada a aquellos vecinos que no pagaron, pero en vista de que es una mayoría la que aprobó la instalación del portón, debe haber algún recurso que nos permita colocar el portón y luego cobrarles el dinero. En todo caso, estas mismas familias que se negaron, corren el mismo peligro que todos aquí.

Esa mañana, luego que regresé de la DIJ, mi enojo era tal, que me dirigí a casa de uno de los vecinos que se había negado a pagar.

Le conté lo que había pasado y el, con su esposa al lado, me dijo que cuando se hicieron las diligencias para colocar el portón, el estaba anuente a pagar la cuota, sin embargo, no estaba de acuerdo con pagar si todos no pagaban.

Solo fueron dos casas y estoy segura de que si el de verdad hubiese estado tan anuente, al ver que con su pago solo faltaría una casa, esa última se habría visto comprometida a pagar (o en su defecto algún otro vecino, incluida yo, no hubiésemos tenido ningún asco en tocarle la puerta hasta que pagara).

Ya han pasado dos días, y en este tiempo entre mi novio y yo hemos recorrido las casas de empeño de San Miguelito, visitado el mercado en El Terraplén y llamado a algunas amistades del medio que pudieran escuchar algún rumor sobre una cámara semi profesional en venta.

Me cuesta dormir, no me siento segura en mi casa y aún no sé con qué cara me voy a presentar al trabajo mañana, pero como dijo el oficial “No deje de darle seguimiento a su caso”, así que voy a ladillar como nadie ha ladillado antes.

Seguridad… sobre todo

En los cuatro años que estuve estudiando fuera de Panamá, tuve mi par de situaciones incómodas en los aeropuertos.

En una ocasión, por ejemplo, me dejaron las maletas porque el avión iba sobrecargado, dejándome solo con la ropa que cargaba puesta y una triste muda de ropa para el día siguiente. Me tocó arroparme con toallas de mi compañera de cuarto ya que como estábamos iniciando el año escolar, todavía no habían sacado todas sus cosas del depósito.

La situación se repitió un par de veces, pero aun así, eso no fue nada comparado con le vez que, también para inicio de clases, me guardaron en un cuartito en el aeropuerto de Miami.

Ese día llegué al punto de migración y la oficial pidió mi pasaporte y mis documentos de estudiante para luego proceder a la foto y las huellas.

Cuando menos acuerdo, la oficial está llamando a alguien para que me escoltaran. Me metieron en una sala de espera, llena de viajeros, entre ellos un tipo con pinta de reguetonero que gritaba que si el tenía pinta de terrorista.  Poco me faltaba para yo gritarle que se callara, que con sus estupideces no estaba precisamente ayudando.

A pesar de la desesperación que tenía por la posibilidad de perder el avión, preferí esperar tranquilita hasta que me llamaron a una oficina.

Recuerdo que el oficial era un hombre blanco, de cabello y ojos claros y apellido hispano. Como Rodríguez o algo así. Posiblemente uno de esos “cubano-americanos” que se creen más gringos que la primera enmienda.

Después de un par de preguntas  y al comprobar que solo era una inofensiva estudiante, quitó la cara de tuco que tenía y me explicó que el error se debió posiblemente a que el vidrio donde te toman las huellas estaba sucio y por eso no podían cotejar con la base de datos, sin embargo, la oficial de entrada debió volver a tomar mis huellas y si todavía el resultado no daba, entonces era que debían escoltarme.

Arreglado todo el asunto, me tocó correr y llegué a escasos dos minutos antes de que cerraran el vuelo.

Entiendo que esta, y las otras veces que me sacaron para random check fueron producto de una mezcla un tanto inconveniente de estupidez humana, y el terror de un Estados Unidos post 9/11, pero ¿que tengan a un niño de 8 añitos en la lista de terroristas? Ya se pasan.

Hay más de 1.600 personas con ese nombre en EEUU

clipping

Un niño de 8 años, en una lista de terroristas sospechosos

Le paran, le registran y le interrogan cada vez que pisa un aeropuerto

L. Fernández, 15 de enero de 2010 a las 12:14
Michael Hicks.Michael Hicks.

Sra. Hicks: Entiendo la necesidad de seguridad pero esto es ridículo

Michael Hicks.

Michael Hicks.

Michael Hicks tiene ocho años y una cara angelical… Nadie se imagina que este pequeño boy scout que estudia en una escuela parroquial forme parte de una lista de terroristas sospechosos en EEUU.
La primera vez que Michael fue a un aeropuerto, con tan sólo dos años, los funcionarios de Transport Security Administration le cachearon y llegaron a interrogarle. Es el último que sube al avión y siempre le sientan lejos de su familia.

Según informa The New York Times en el artículo “Meet Mikey, 8: U.S. Has Him on Watch List” de Lizette Álvarez, sus padres llevan seis años intentando que eliminen a su hijo de la lista de posibles terroristas pero no lo han conseguido: efectivamente existe un Michael Hicks sospechoso de terrorismo pero hay más de 1.600 personas con este nombre en el país.

Michael tiene su grupo de fans en Facebook, con más de 1200 admiradores, que puede visitar entrando en Get Mikey OFF “The List”.

¡Taxi!

Una de mis imágenes favoritas del viaje que hice a Munich en junio fue un día pasando por Karlsplatz que vimos una fila de taxis nítidamente estacionados alrededor de una rotonda.

Parecerá tonto, pero no deja de impresionarme el orden, la limpieza y la puntualidad del servicio de transporte público de las ciudades que visité durante ese viaje… bueno, a excepción de Paris, donde las viejitas te empujan y te pegan y si te descuidas, puedes acabar con alguna axila asquerosa en la cara.

Volviendo a Panamá, salió este lunes en La Estrella que a los taxistas se les está venciendo el plazo de la cuarta prórroga que reciben desde el 2006 para pintar sus vehículos de amarillo, tal y como fue anunciado en la Gaceta Oficial.

Según la nota publicada en La Estrella, cifras de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre dicen que en enero de 2009 había 25,442 taxis inscritos a nivel nacional y sólo 1,838 estaban pintados de color amarillo.

Esta cifra no representa ni el 8% de los taxis en circulación y tienen el descaro de pedir más extensiones aduciendo que  el registro aumentó de $2 a $20 y que también tienen que pagar por la placa particular.

Ahora, asumiendo que cobren $2 por carrera, les tomaría 10 carreras al día para recaudar el dinero necesario para el registro vehicular. Claro, también tienen que poner gasolina, comer y mantener a sus familias, pero aun así, el dinero para el revisado y ambas placas saldría en una semana fácilmente.

Tal vez esté sobresimplificando la matemática, pero de que la plata sale, sale.

 

 

 

Taxis en Karlsplatz

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